Votos de Let's Bonus, afiliaciones de Groupalia


El capitalismo consiguió grandes cosas pero se le ha ido el perol. El dinero lo tiñe todo. El dinero se ha apoderado de todo. El dinero surgió como un simple valor de cambio. Tenía sentido en tanto se podía cambiar por cosas reales. Ahora ya no. Ahora el dinero sirve como mera acumulación y es el dinero el que se sitúa por encima de las cosas. Eso produce un cambio mental.

El capitalismo y la democracia han ido históricamente de la mano. Al democratizar un país se consideraba que el capitalismo era el sistema económico que mejor encarnaba los valores democráticos de una persona un voto y de igualdad de oportunidades. Hemos unido de manera indisoluble ambas cosas (hasta que llegó China). Y lo hemos hecho de tal manera que hemos intercambiado factores.

Trabajo en ideología. Y mi impresión es que entre todos hemos convertido la ideología en un bien de consumo más.

Por un lado los compradores. Los compradores de ideología toman las decisiones ideológicas por factores bastante parecidos a las compras. Los criterios para votar a un partido o afiliarse a un sindicato son bastante parecidos a los de comprarse unos pantalones, un coche o un viaje. Más allá de la emotividad que domina la psique humana hay caminos, métodos de decisión que se calcan. De la misma manera que casi nadie compra un coche evaluando sus prestaciones en cuanto necesidades, capacidad, consumo, diseño... tampoco casi nadie comprueba ni evalúa la calidad del partido al que vota o el sindicato al que se afilia. No se evalúa la capacidad de creación de escenarios alternativos, la calidad de la transmisión de ideas, la cercanía y accesibilidad, el dominio de los itinerarios y las agendas, la convicción en las ideas, la capacidad para vivir de acuerdo con tus ideas ni el dominio del binomio tensión-negociación. En mi día a día he escuchado de todo. Hay personas que sortearon su afiliación, hay personas que se afilian a un sindicato porque un miembro del sindicato va al mismo gimnasio,  hay personas que van rotando su afiliación entre los diferentes sindicato de manera anual, hay persona afiliadas a tres sindicatos, hay personas que se afilian al más barato aunque sea un pseudosindicato o sindicato de papel. En mi época de política también encontré el voto casual, el voto del mismo día de las elecciones, el voto fanático que vota pase lo que pase, el voto negativo (en contra de), el voto enchufado (me devolverá el favor). Esto es de locos porque nos estamos jugando la convivencia. Se vota de la misma manera que una persona se une a Audi o a Apple o a Carolina Herrera. La gente busca votos o afiliaciones que le queden bien, que les unan a valores a los que se creen próximos y cuando no tienen valores simplemente deciden por cuestiones personales. Así aparece el sindicato bien visto o el partido ganador. A todo el mundo le gusta ganar. De alguna manera se puede decir que nos gusta tener un partido o un sindicato que nos quede bien sin hacer una gran evaluación de prestaciones lo que hace que cualquier prestación ideológica pueda triunfar en el mercado sin producto pero con una gran estrategia de marqueting. La realidad actual se explica así.

Por el otro lado los vendedores. En el lado de los vendedores de ideología también hemos comercializado considerando el voto o la afiliación como un producto. Incluso yo tengo que hacerlo para sobrevivir. En mi sector hasta se hace seguimiento de las afiliaciones siguiendo el ejemplo de nuestras empresas. Se ha focalizado tanto en la venta y el resultado final (el voto o afiliación) que se han olvidado los valores fundamentales de la izquierda. La izquierda tiene como vocación la transformación de la realidad de manera permanente. Por eso se nos ve como inconformistas. Sin embargo, la venta se basa en la determinación de la cobertura de necesidades presentes. En ese sentido, la venta legitima la realidad en lugar de transformarla. Si exclusivamente afiliamos o pedimos el voto interpretando la realidad mediante las encuestas del CIS cavaremos nuestra propia tumba porque nos convertiremos en una izquierda conservadora. La venta de ideología orientada al resultado en lugar de al proceso es un problema de primera magnitud en la época del consumo de ideas. Sin pedagogía y sin complejidad racional no hay izquierda. Siempre fue así. Cuando ambas cosas se  han sabido coordinar a lo largo de la historia se han hecho grandes avances sociales. Y cuando ambas cosas se han abandonado se han producido grandes retrocesos. Porque la derecha es mejor vendedora de presentes. Y la izquierda es la mejor vendedora de futuros.
Las campañas de marqueting electorales se elaboran con los mismos criterios y los mismos profesionales que cualquier otra campaña. Se configura un producto, se pone en valor una necesidad y se ofrece un servicio. Esto es de locos. Un ideológo, un candidato, un líder, vende un camino, un proceso, un método de análisis y no un resultado.

Es más si la venta de ideología es la venta de un servicio (representación delegada de valores o servicios de protección laboral) segmentamos tanto el producto que lo convertimos un simple intercambio de favores donde desaparece todo lo abstracto que es lo determinante. En realidad la elaboración de ideas colectivas es el único método que queda de defensa contra la gobernanza de las corporaciones transnacionales que nos maneja a su antojo.

A este paso un día veré un miting político en Lets Bonus o una oferta de dos afiliaciones en Groupalia. Y lo jodido es que todo el mundo lo entenderá. Si hay bonos para depilarse más barato... por qué no para afiliarse más barato? Al fin y al cabo estoy comprando una marca y un servicio... no?


copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com