Yo estoy ansioso

Cuando escribí el post de Yo soy ansioso hacía mucho tiempo que no había tenido un brote de ansiedad. Ahora estoy saliendo de uno fortísimo. Esta semana me he encontrado con algunas personas que sufren la misma enfermedad que yo y afrontan problemas parecidas. Ahora que ya puedo escribir sobre ello me gustaría intentar describir el proceso.

Mi mente circulaba a 110 km/h cuando el máximo permitido son 120. Era producto de estrés creativo y estrés sentimental. El estrés creativo es bueno y no pienso abandonarlo. Es lo único que me da la vida. Estaba preparando un cuento acústico, seguía con la novela, los artículos, el grupo de música, las viñetas y algunas cosas del trabajo que han acabado saliendo bien. El estrés sentimental es, sin embargo, el que más problemas me da y suele actuar de detonante. No voy a culpar a mis relaciones con las mújeres de la mayor parte de mis males históricos de los últimos veinte años pero sí a mi manera de afrontar las relaciones con las mújeres. No sé como gestionar esas situaciones y en general puedo decir que me enamoro muy poco y muy mal. Conozco gente que se enamora de una manera sencilla, plácida y frecuente. Yo no. Eso condiciona mucho mi vida porque me hace debatirme entre la ansiedad derivada de la soledad y la ansiedad derivada de la decisión. Esta vez ha surgido de la soledad producto de una decisión ajena a mi. Lo que es peor. Sea como sea -los detalles concretos no son más que cotilleo- han surgido todas las fases perfectamente marcadas.

Primero. Aeleración mental e incontinencia mental. Asumo un ritmo vertiginoso creativo, mental y decisorio. Parece el momento ideal para hacer todo al mismo tiempo y tomar todas las decisiones que he ido aplazando. Empieza la fase de euforia.
Segundo. Esta aceleración por justo derecho de reacción genera respuestas encadenadas que me superan. Mis decisiones generan daños y efectos secundarios que también hay que gestionar. Se produce un detonante fuerte.
Tercero. El detonante ocupa todo el espacio y la energía. Surgen los pensamientos obsesivos que acaban girando sobre diversos temas (cambiar de casa, cambiar de trabajo, cambiar de vida o cambiar a uno mismo). Los pensamientos obsesivos van unidos a pensamientos intrusivos constantes. Abandono toda la creatividad por agotamiento. Surge la incapacidad para parar y la pérdida de control. Empieza la fase de depresión.
Cuarto. Descontrol absoluto. La ansiedad se adueña de mi. La vida se convierte en una película que no va conmigo. Mi mundo interior y mi voz interior se descontrolan. Creo un mundo ficticio en mi interior que se convierte en el único mundo existente. Atribuyo al exterior situaciones y conversaciones que solamente surgen en mi interior lo que altera mis estados de ánimo. Mantengo una conversación constante conmigo mismo. Me grito y me insulto. El ritmo del diálogo es tan elevado que siento que me vuelvo loco. No hay posibilidad de apagar el ruido. No domino la situación.
Quinto. Antidenonante. Decido afrontar la situación que generó el detonante y ocupa la mayor parte del espacio ansioso. En esta ocasión ha sido lo adecuado. Casi siempre suele serlo. Mi cerebro empieza maniobra de descompresión cuando siente que ya ha tocado techo y que el resto del mundo circula a un ritmo mucho más bajo y alejado del mundo ficticio interior que he creado. La maniobra de descompresión no incluye frenos. Se reduce la velocidad lentamente. La razón vuelve a asumir el control. Los diálogos internos reducen la intensidad y la frecuencia. Empiezo a hablar más hacia fuera que hacia dentro. Empiezo a ser capaz de escuchar.
Sexto. Paz y calma.

En ese proceso aparecen diveras sintomatologías. Suelo tener agorafobia leve y sensación de bienestar escondido en casa. Evidentemente taquicardias y nudo en la garganta. Me limita cualquier cosa, especialmente la actividad física que es lo que debería hacer. Regulo artificialmente las rutinas de sueño y retrete. Mi casa se desordena como mi mente. Me siento desaparecido lo que me hace sentir fatal. Esta vez he tardado tres semanas en volver a posición inicial. En los últimos dos años lo había conseguido en pocas horas. Eso sí, el detonante esta vez era muy fuerte.

Esta semana he hablado con una persona con un problema de ansiedad muy fuerte a la que nadie le ha aconsejado que entienda y estudie su enfermedad. Sé que un ansioso en estado de ansiedad no escucha pero quizá lea. Nunca he conseguido convencer a nadie de nada que no estuviera convencido antes de hablar conmigo pero es bueno que las personas conozcan esta enfermedad antes de tener un accidente con el coche o doméstico por puro agotamiento. Conozco varios tipos de personas. Las que no saben ni pueden saber qué es la ansiedad. Bien porque su cabeza está muy bien amueblada o bien porque es tan simple que no le cabe una avería de ese tipo. Las personas que tienen ansiedad y lo desconocen. Algunos de ellos lo intentan arreglar con alcohol, tábaco, cocaina, compras compulsivas o sexo. Otros simplemente lo atribuyen a miles de causas.. algunas de ellas transitorias (hacen bien). Después estamos los que sabemos lo que es, sabemos que lo tenemos y sabemos como gestionarlo. Pero cuidado... se tarda en controlar el dolor propio. No es igual curarle una herida a otra persona que curartela a ti mismo. No escuece igual.

En fin.. espero que esta semana ya volveré a ser yo. 

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