Amores incompletos

La mayor parte de los barcos de papel a la deriva se derrumban cuando llueve y tienen que esperar a secarse para poder seguir navegando. Salen a navegar con el arco iris por los charcos de las calles y viajan a toda velocidad por los bajos de las aceras. La mirada del resto siempre es apasionante. Mirar en círculo a tu alrededor siempre asusta. Mirar supone añadir componentes propios. Idealizar. Idealizamos lo que no nos sucede. Ansíamos nuestras perdidas futuras.

Sonrío cuando alguien idealiza la vida de los solteros, los de la marca singles. Aquellos que tienen una vida suelta, descosida y derivada. Cada estado emocional tiene su sentido. El estado sólido, el estado líquido y el estado gaseoso. Sólido tejido de certeza, líquido sumido en la adaptabilidad y gaseoso mecido en la efervescencia.
En ese entorno de admiración idealizada surgen los amores incompletos. Maslow mentía cuando construyó la pirámide. Al menos escondió un jeroglífico en el que decía que el amor está justo debajo de las necesidades primarias.

En la búsqueda de la Gran Belleza y del Gran Amor anidan los amores incompletos. Son amores que no acaban de explotar, amores de corto recorrido o amores diesel. No sabes por qué, no sabes lo que falta, no sabes lo que sobra. Son amores que nunca acaban de zarpar porque el ancla es más grande que sus velas. Son puzzles en los que siempre faltan piezas. Amores que llegan enjaulados. Amores líquidos que no son ni sólidos ni gaseosos. Amores niños a los que les gustaría crecer y hacerse mayores. Amores con paredes de cristal llenos de circunstancias.  Amores a tiempo parcial. Amores fijos discontinuos. Amores con despido improcedente. Amores nulos de pleno derecho. Amores incompletos que les gustaría ser completos.

La soledad te obliga a parcelar tu alma, cultivando espacios que una vez estuvieron juntos y ahora se marcan con surcos tan profundos que solamente la ilusión es capaz de derribarlos. Riegas los campos de deseo mientras recolectas los frutos de los secretos. Aras el campo de la admiración mientras echas abono en las tierras de la nostalgia.

Construyes un laberinto interior donde cualquiera puede acabar perdido. Incluso quien viene a rescatarte. Las dudas, las circunstancias, los tiempos, las agendas vitales consttituyen un observatorio astronómicos sin armonía que solamente cobra sentido al encontrar la estrella del norte.

El amor es un terremoto devastador cuya escala deseas que sea casi constructiva. Deseas que destruya todas las paredes que tuviste que construir para sobrevivir. Los tabiques que dividían en habitaciones la lujuria y la ternura, la complicidad y el secreto. Deseas que se vengan abajo todos los cimientos de tu vida. Quieres enamorarte hasta perder el sentido, hasta convertir la generosidad en un acto de supervivencia, hasta sentir que eres feliz a través de ella, hasta soñar junto a ella.

Y mientras eso ocurre sigues viviendo amores incompletos, insatisfechos, mundanos, ordinarios, realistas, lógicos, racionales. Se parecen mucho a los amores completos. Siempre puedes rellenar los huecos que faltan y no mirar hacia ese lado. Sin embargo, duermes el sueño de los despiertos con un ojo abierto por si un día amanece más temprano y todo se viene abajo. 

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