Desconfianzas y laberintos organizativos


Uno de los hechos más destacados de la reconversión financiera ha sido la creación de un laberinto organizativo. Las primeras medidas que se tomaron se han ido reforzando. Se han creado más protocolos, instrucciones más complejas, se ha segmentado más los departamentos y se han creado nuevas figuras de control. Todo esto ralentiza a cualquier organización y se traduce en ineficiencias que acaban por convertirse en falta de productividad y competitividad.

Pero ¿en qué se basa el laberinto? El laberinto surge tras introducir el factor desconfianza en una organización. Ya no se trata de una desconfianza entre personas sino una desconfianza institucionalizada. Departamentos que no se fían de otros departamentos, segmentos que no se fían de otros segmentos e incluso cargos que surgen para controlar a otros cargos.

La introducción de la desconfianza obliga a recentralizar las decisiones lo que genera embudos y nudos organizativos por todas partes. Se hace con naturalidad como casi todo. El efecto es parecido al de guardar unos auriculares sin cuidado. Después cuando quieres usarlos tardas casi diez minutos en deshacer la madeja. Algo así pasa en banca.

En banca la desconfianza principal siempre ha sido entre el departamento de riesgos y la linea comercial. Esta desconfianza tiene base lógica y sentido común. Siempre dependiendo de la intensidad. La borrachera del crédito se basó en un desequilibrio hacia la linea comercial. La situación actual es un desequilibrio hacia la linea de riesgos. Ambas cosas constituyen desequilibrios. Ese vector horizontal de desconfianza ahora se cruza con otro vector de desconfianza vertical: entre la planta de arriba (directivos) y la planta de abajo (plantilla). Este segundo vector aisla lo que debería ser una continuidad y separa las intenciones y las visiones. Dicho de otra manera, los directivos han perdido la noción de la realidad y las plantillas ya no se fían de ellos. Eso provoca que fijen retos imposibles que la plantilla ya no entiende como propios, por ejemplo.
Esta situación contrasta con la realidad del futuro de la sociedad en red. La sociedad en red está basada en una atomización social basada en relaciones de colaboración y confianza. Ese será el paradigma dominante surgido de la nueva tecnologia (Internet) que revoluciona el mundo a mayor velocidad que la imprenta. La banca en general está perdiendo el tren y su velocidad. Las organizaciones y corporaciones que mejor interpreten ese mecanismo de atomización colaborativa serán las triunfadoras en esta selva llamada capitalismo avanzado o envejecido según se mire.

Sin embargo, los bancos están prefiriendo optar por un sistema de desconfianza basado en la tendencia al oligopolio. Como todas las entidades trabajan con los mismos nudos y embudos si se constituye un oligopolio el precio y el beneficio no se resenterian porque no hay diferencias ostensibles de productividad. Valiente estrategia para los defensores de las esencias liberales.

Devolver la confianza a la red ahorraría un montón de costes, aumentaría la potencia comercial y permitiría que los bancos empezaran a hacer de bancos y se dejaran de actuar como ferias comerciales.
Sin laberintos la linea recta es el camino más rápido, más certero y con menos costes. Pero no lo harán. Porque la desconfianza surge del miedo. Y el miedo es sin duda el paradigma organizativo dominante en todas las organizaciones y colectivos de la actualidad. El que primero pierda el miedo ganará la partida. 

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