El primo de riesgo


Hay un cuento de Quim Monzó que me hizo pensar en su momento. Se trata de un pueblo que vive tranquilamente trabajando, paseando, hablando y esas cosas. La gente es tranquilamente feliz y viven su día a día con dedicación y sencillez. Un buen día llegan al pueblo noticias de que el pais ha entrado en guerra. La gente atemorizada por los medios permanece en sus casas, hace acopio de víveres, construye refugios, deja de trabajar. Sin embargo, allí no pasaba nada. No había un tiro. No había una bomba. No había ni siquiera alguien que pudiera llamarse enemigo. Todo seguía igual. 
Pasado el tiempo llegó la noticia de que la guerra había acabado. Entonces los habitantes de aquel pueblo volvieron a su vida normal, y salieron a trabajar, a pasear, etc. 

Supongo que todos ustedes recordaran cuando la prima de riesgo salía cada día en los informativos. La prima de riesgo es ni más ni menos que el coste que están dispuestos a asumir los inversores bursátiles por invertir en España conociendo el riesgo de posibilidad de que puedan perder el dinero. Ahora tenemos seis millones de parados con la inestimable colaboración de las dos últimas reformas laborales que iban a crear empleo. Acuérdense. Sin embargo, la prima de riesgo está en los doscientos. Más o menos donde solía. 
Y ahora quizá se pregunten quién es el primo de riesgo. Pues mírese al espejo, el primo de riesgo es usted. 

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