Harto de ser feliz


Las películas argentinas brillan por sus diálogos. A veces dejan perlas exquisitas llenas de cinismo, ironía o reflexión. En el Secreto de tus ojos el personaje de Darin a llegar a la escena del crimen responde a un "qué tal?" con un maravilloso y esplendoroso "Harto de ser feliz". Esa expresión de dejó pensativo por su aparente contradicción pero desprende un compendio sobre la felicidad.

No seré yo ahora el que consiga deconstruir la fórmula de la felicidad pero últimamente me ocupa bastante el tema en las conversaciones. Intento saber cual es la versión de la felicidad de los demás e intento saber cuál es la mía para compararlas. Creo que nunca me había pensado a parar sobre la felicidad de los demás y cómo la configuran y en qué consiste. No deja de ser una versión más de "mis problemas son más importantes porque son los míos" (Ally McBeal dixit). Además si tenemos en cuenta que no me gusta el cine que le gusta a "los demás", ni la música, ni la ideología mayoritaria, ni la manera de enfocar la vida dificilmente me va a gustar su concepto de la felicidad. Pero me sirve quizá para teñir y reconsiderar mi versión no sea cosa que tenga una versión tan distorsionada que me esté haciendo daño. 

En realidad las últimas conversaciones van sobre el enamoramiento pero se relacionan con la felicidad. El enamoramiento y el amor romántico tienen mucho que ver con la felicidad. Mi impresión es que ambos conceptos se interrelacionan y que la concepción del amor y de la felicidad circulan paralelas. 
En mis últimas conversaciones trato de sacar a colación cómo se enamora la gente. Mi versión del enamoramiento ha sido siempre un terremoto, un flash seguido de un creciente entusiasmo y curiosidad, sin dejarme el deseo físico. Una erupción volcánica que ha ido reduciendo su intensidad hasta convertirse en algo sólido pero a menos temperatura. La gestión de ese enfriamiento supongo que es la que determina mi situación actual. También la versión de la búsqueda de un tipo de felicidad que empecé con 28 años se parece. Esa felicidad que busqué se basaba en un cierto entusiasmo, una cierta euforia que incluye siempre tanto la novedad como el atrevimiento. Indudablemente conseguí lo que quería aunque no sin heridas y cicatrices. Ahora sé que me atrevo a muchas cosas que jamás pensé y he conseguido puntas de felicidad que otras personas no han conseguido o ni siquiera aspiran a conseguir porque no forma parte de su modelo de vida. 

No ocultaré que este tipo de felicidad tiene sus hipotecas. De alguna manera existe en el trasfondo una necesidad de destacar y de búsqueda de la perfección. La necesidad de destacar cuando se tiene una autoestima voluble es un problema enorme. No sé de donde viene esa necesidad, un freudiano diría que se necesita una admiración como compensación de la falta de cariño en la infancia o algo así. No recuerdo mi infancia pero dudo mucho que fuera así. Respecto a la búsqueda de la perfección es una versión parcial. En realidad lo que busca un buscador de sensaciones no es la perfección sino lo extraordinario, lo sublime. No quiere encontrar la perfección solamente quiere buscarla. Y es la búsqueda permanente la que le produce satisfacción aunque el resultado final le produzca frustración. Recuerdo perfectamente mi estado de satisfacción al acabar Derecho. Fue una pregunta continua... como un "ya está" tanto rollo para esto.. y ahora qué?". 

Lo cierto es que quienes entendemos la felicidad como un estado de entusiasmo, un estado de flujo en que perdemos la noción del tiempo y el espacio, un atrevimiento, una chispa,  un incendio, una erupción estamos abocados a la frustración la mayor parte del tiempo porque todos ellos son estados efímeros. 

A pesar de que soy capaz de racionalizar la toxicidad de algunos comportamientos no soy capaz de resolverlos. Desde que recuerdo he huido del aburrimiento. Es lo que más ha marcado mi vida. No hacer cosas que me aburrían. La huida del aburrimiento probablemente sea la protagonista de la mayor parte de mis pesadillas. Sueño frecuentemente que me persigue alguién y lo más probable es que sea el aburrimiento. La creatividad, la tendencia a la originalidad, el gusto por lo nuevo, las nuevas tecnologías choca abundamentemente con mi negativa a probar alimentos nuevos con cuatro años. No es coherente. Quizá si algún día me hipnotizan podría saber por qué dejé de probar esos alimentos. 

Frente a esto aparece una versión diferente del amor y de la felicidad como un estado de calma. La felicidad entendida como tranquilidad. Es una versión que descubrí intentando hacer ver a alguién muy importante para mi que la ausencia de problemas no era felicidad ni era amor. Que levantarte, comer, beber, dormir, no sentir dolor y no discutir es muy calmado pero no es ser feliz. Si solamente tenemos una vida vivamosla con magía si es posible. Estas dos versiones de la felicidad desde lo ordinario y desde lo extraordinario tengo que encontrar la manera de equilibrarlas. 

Lo extraordinario es un plato que frecuentemente se cocina con secretos y los secretos ocupan demasiado espacio dentro del alma. Te restan aire para los pulmones y cierran los intestinos para hacer las digestiones. Lo ordinario tiene mucho de tranquilidad, de descanso, de lentitud, de vivir despacio. La gestión de lo ordinario permite un enamoramiento lento,  un amor creciente y no explosivo, una amistad profunda sin aleteos de mariposa. Supone la muerte del flechazo como método de viaje en la vida. Supone el desvanecimiento del instanteismo en favor del momentismo. 

Alguién podrá decir que las diferentes versiones del amor y la felicidad se producen en evolución y que una va dejando paso a la otra. Por tanto, la anomalía reside en la resistencia al cambio de modelo. Primero se participa de lo extraordinario y luego de lo ordinario. De manera que quienes viajamos hacia lo extraordinario no somos más que seres poco evolucionados o inmaduros. No sé en qué consiste la madurez pero no puede ser una renuncia. Si alguién nunca tuvo sueños es normal que no haga renuncias de algo que nunca tuvo pero si alguién vivió cosas extraordinarias refugiarte en lo ordinario tiene costes muy altos. En todo caso si es así y dada mi trayectoría vital de llegar tarde a todas las etapas supongo que me quedan unos años de "adolescencia". 

El viaje a lo extraordinario tiene altos peajes. A veces de dolor cuando pones las luces largas y descubres lo extraordinario de un camino y la persona que debería acompañarte ni siquiera abre los ojos para mirar. El viaje a lo extraordinario es un viaje con paradas y acelerones. 

Ya tengo 41 años, 28 de ellos los pasé gestionando lo ordinario y creyendo que eso era lo único que había. En estos 13 años he descubierto que existe la pasión, que existen viajes extraordinarios, amores extraordinarios, sensaciones extraordinarias. Supongo que en el algún momento pronto me tocará gestionar lo ordinario porque lo extraordinario requiere un estado de satisfacción incorformista. Y especialmente viajar a lo extraordinario requiere que tus circunstancias te lo permitan (salud y dinero). 

Ahora tengo miedo a conformarme pero también tengo miedo a sufrir por la falta de contagio. El mundo en general está preparado para la versión calmada casi vegetal de hacer una bonita fotosintesis cada día. Para ellos la felicidad es una ausencia de preocupación, y el amor un ausencia de conflicto entendido en términos sociológicos como choque de intereses. Enamorarse de manera extraordinaria es posible pero poco probable. Pero cuando sucede es la sensación más inexplicable. Y yo la he vivido. 

No sé exactamente como reducir lo extraordinario desde muy extraordinario a poco extraordinario sin llegar a lo ordinario. Tampoco sé como definir lo extraordinario. Salvo por el elemento novedad lo que es realmente injusto con lo renovado. Siento que dar un paso atrás sería una traición, una deslealtad conmigo mismo. Me he hecho daño y he hecho daño en un trayecto que debería llevar a un lugar llamado certeza. La felicidad incluye la certeza. De eso estoy seguro. La certeza de saber que estás donde quieres estar o de saber hacia donde vas. La presencia de dudas es un indicador de ausencia de certeza. 

Lo más duro de todo esto quizá sea haber tenido algo extraordinario y haberlo perdido o malgastado. Eso sí es frustrante porque quien nunca tuvo desconoce pero quien tuvo y no retuvo llora. 

Por eso cuando me preguntan cómo estoy contesto razonablemente bien. Con la razón en la mano es dificil ser más feliz. Con el corazón en la mano es dificil decir que estoy mal. Lo más probable es que ahora mismo esté harto de ser feliz. Y si tengo que vivir en lo ordinario miraré permanentemente de reojo por si algo extraordinario sucede. 

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