La demodura

A principios de los setenta la dictadura fascista que gobernaba España había sido tomada por "los técnicos" y la represión era más disimulada aunque vigilante. Aquel periodo de la historia política de España se bautizó como "la dictablanda" por ese carácter de dictadura venida a menos.

Si utilizamos una regla de tres el actual período político desde el advenimiento de la mayoría absolutista del PP se podría calificar de "demodura".

Llama la atención la fijación de un determinado concepto de la democracia de la derecha económica y social realmente existente. La muerte de Blas Piñar nos recuerda que los que no creían en la democracia ahora deben tener una concepción de la democracia que no pudieron evitar. Esta concepción incluye tics autoritarios pero legitimados por las urnas. Y parte del axioma siguiente: la democracia es votar cada cuatro años. Una vez votado hay que soportar cualquier cosa por tiránica que sea hasta las próximas elecciones. Lógicamente esto se predica con mucha intensidad cuando los que ganan son los suyos. Para delimitar mentalmente el relato y que cale se intercalan ideas secundarias. Por ejemplo, el triunfo en los tribunales de la paralización de la privatización de hospitales en Madrid se interpreta como una corrección al partido mayoritario que puede "imponer" su modelo incluso por encima de -al parecer- la legalidad. Bajo esta idea subyace la sumisión de todos los poderes al ejecutivo-legislativo.

Otra idea del modelo absolutista de "demodura" es que si tienes mayoria absoluta puedes tener a todo el mundo en contra y seguir contra viento, marea, tempestad y piratas de lo público. Así sucede en varias modificaciones legislativas como la Ley de Regimen Local, la Ley de Educación y la Ley del Aborto. Bajo esta intención subyace la falta de necesidad de consensuar nada con nadie por el hecho de que las urnas han dictado una sentencia.
Este sometimiento de todo a las urnas y al gobierno de turno incluye a todos los demás poderes. En el ámbito judicial cuando el órgano es colegiado se cuestiona su capacidad para intervenir en decisiones políticas con respeto a la Constitución que marca un determinado modelo de sociedad. Cuando el órgano jurisdiccional es unipersonal directamente se inhabilita o se hace desaparecer la molestia.
Más allá de eso incluso el poder mediático también se controla. No es una novedad decir que hay medios controlados y afines al gobierno pero sí lo es que si algún elemento se descontrola sea "fusilado" ante los ojos de todos como ha pasado con el director de El Mundo pero también mucho antes con periodistas de cadenas públicas centrales y autonómicas.
Y como no tienen fin a la hora de intentar controlarlo todo también quieren controlar la calle. La democracia tiránica, la demodura, no entiende la protesta callejera. Para ello no dudan en usar reformas legislativas represivas de libertades individuales y colectivas y también mecanismos de "terrorismo mediático" con el que pretenden tintar de disturbio lo que es una rebelión en toda regla. La demodura no entiende la existencia de sociedad civil articulada y organizada que se pueda oponer a medidas injustas e inhumanas del gobierno.
Pues ya tenemos éxitos de varias modalidades de lucha en contra de la represión de la "demodura" de Rajoy. Cuando la gente se une, la causa es justa y el movimiento es organizado se puede. Cuando se tiene razón se puede.
La demodura es una democracia low cost. Una democracia de perfil bajo. Una democracia minimizada y escuchimizada. Una democracia pobre. Una democracia jibarizada. Tan pequeña que está justo al lado de la "dictablanda". Se diferencian sustancialmente cada cuatro años durante doce horas. Y decidido entre todos quien será el dictador todo vuelve a su cauce.

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