La vida secreto de Walter Mitty


Anoche fui al cine. Siempre me parece mágico que las cosas pasen en un determinado momento y no en otro. Hace casi justo un año que fui por última vez a Kinepolis. Y recuerdo perfectamente porqué. Es insoportable estar con adolescentes, niños o personas mayores, en defnitiva, con otras personas en el cine. El cine ha pasado a ser un lugar de diversión donde se permite hablar, comer, beber, mirar el móvil, contestarlo y supongo que también el tradicional sexo de cine. Sea como sea, hacía un año que no iba a Kinepolis desde los Amantes pasajeros de  Almodovar.
Elegimos La vida secreta de Walter Mitty a la que entré sin saber casi nada. Ese es el mejor estado para ver una película. Y pasé un rato agradable. Es una película que hubiera permitido muchos matices de no ser por la puñetera manía de los americanos de hacer historias para tontos para así abarcar más público y vender más entradas. El cine industrial tiene esta rémora. Permitía muchos matices a pesar de tener un argumento endeble pero original. Le sobran escenarios y gastos. Los productores de Hollywood hace tiempo que confundieron el espectáculo con la espectacularidad. Hay gastos de producción injustificables, planos superfluos para una historia que podría tenido tintes de mágica. Eso sí, saben manejar el azúcar como nadie y envidio su manera de colocar la música entre mi mente y mi nariz, justo a la altura de los ojos. La música de esta película es un diálogo más. La sensación de antiheroe absorto de Ben Stiller está muy lograda pero las referencias a Forrest Gump son demasiado evidentes y las de cualquier novela de viaje iniciático (El Alquimista por ejemplo) son demasiado ausentes. Le falta elaboración narrativa y le sobran fotografías y escenarios. Las etapas del héroe se respetan a medias pero el cierre es bueno.

Hay películas que vistas en un momento dado se convierten en un guiño del universo para entender tu pequeño mundo. Walter Mitty es un personaje que de vez en cuando se queda parado y sueña despierto. Imagina cosas que él vive como reales. Durante la película sus sueños le van empujando a hacer cosas a las que se ve abocado sin ningún tipo de alternativa. Una especie de visión en túnel mal hilada por el guionista que abandona la verosimilitud y llena la historia de guiños (monopatines por ejemplo) que se estiran demasiado siendo originales. Los silogismos del tubo de narración están mal enlazados pero al final es una película más que entretenida y visualmente atractiva por los paisajes y el ritmo narrativo que alterna la paz con el estruendo.
Walter Mitty sueña despierto y la vida se va mezclando con sus sueños hasta que se confunde totalmente. En la película tiene 42 años. Una edad para seguir soñando despierto? O una edad para despertar?

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