Visión de futuro


Acabo de ver a un amigo del colegio cuando venía de casa de mis padres. Era la misma hora de entrar al colegio así que no he podido evitar irme a aquella época un rato. La verdad es que lo que imaginaba ser de mayor y lo que soy no se parece en nada. 

De adolescente pensaba que sería un profesional -probablemente abogado- prestigioso, serio, formal, responsable, recto y exitoso. Tendría mucho dinero, una casa grande y una familia a la que atender y proteger. Seguramente me veía de abogado aunque a veces me imaginaba de periodista. La visión más persistente era la del abogado de traje y corbata. Menudo acierto. Durante un tiempo fingí ser algo de eso pero era evidente que mi zona ciega era descomunal. Proyectaba hacia el futuro un camino socialmente reconocido que no tenía nada que ver con mis características. Vale, sacaba buenas notas, era formal y obediente pero ya en aquella época había indicios de como acabaría siendo. 

Mi único notable en toda la EGB me lo pusieron en quinto textualmente porque era demasiado "soberbio". Tenía nueve años. No sé a qué llamaba soberbia pero lo que hacíamos en aquella clase era demasiado fácil. Supongo que a eso llamaba soberbía. Me aburría. Si dices que haces algo mal todo el mundo te llamará humilde. Si dices que haces algo bien te llamarán soberbio. Yo ya conozco muchas cosas que hago mal y hago bien. La arrogancia me persigue supongo. No siempre es arrogancia, a veces es vehemencia, a veces es seguridad y a veces es inseguridad compensada. En todo caso la intento compensar con ternura, creatividad y generosidad. Y a veces con simple silencio. 

Pero en el fondo ya se iban gestando algunas características que han determinado mi vida. La creación de un pensamiento colectivo nació jugando y viendo fútbol. La persecución de fines comunes surgió ahí. Yo lo sé. La necesidad de  unir personas en torno a una causa común ha marcado mi vida. Una lástima que ahora ya no la cultive. 

También de pequeño surgió un alto ideal de justicia y lucha. Sin duda, la lucha de los Altos Hornos me marcó al comenzar a escuchar intensamente un discurso de lucha organizada y pensada. Sin saberlo, estaba respirando mi futuro. 

Era un niño raro así que dificilmente podría vislumbrar un adulto normal. Leía a todas horas incluso con dificultades en la vista. Mis padres se dieron cuenta de que no veía cuando ya me había leído 17 tomos de Famosas Novelas. Después dejé de leer. Los libros no eran lo mismo. Famosas Novelas eran cómics. Ahí se gestó también una mente visual. Pienso en imágenes. No sé como piensa el resto del mundo. Yo lo hago en imágenes y después construyó el bocadillo que cada imagen me transmite. Leía cómics de todo tipo. Y tuve televisión en mi cuarto desde los nueve años lo que me hizo ver muchísima tele y crecer con una cierta épica narrativa. Lo que habitualmente alguien puede conocer como un peliculero. 

Asumir responsabilidades siempre fue algo que me acompañó. Siempre fui alguien destacado en mis primeros colectivos (equipos de futbol, peñas, fallas) en cuanto a la capacidad para organizar lo común. Siempre me presentaba voluntario. Organizaba el campeonato del recreo y cosas así. Así que no era dificil saber que acabaría sumergido en algún colectivo amplio. 

Crecí en un ideal de justicia e igualdad amplio. Precisamente por ser un niño raro que hacía algunas cosas muy bien (especialmente estudiar) entendía a los niños y personas que tenían otras características. No comía nada bien así que se me situaba en el rol de "niño raro" y eso me llevó a poder atreverme a ser raro en muchas más cosas. Y eso es claramente mucho más divertido. 

Esa rareza fue la que me permitió adentrarme en un montón de situaciones minoritarias. Nunca me han gustado las masas ni las muchedumbres y huyendo de ellas he encontrado espacios maravillosos en la música, la literatura, los estudios, el cine incluso las personas. No hay nada más aburrido que una persona normal. La gente rara es la que pone el acento en la vida. Así que me fuí adentrando en cada vez más rarezas políticas, laborales, de lectura o de música. Y me ha encantado ese trayecto. Gracias por decirme raro desde pequeño a todo el mundo que lo hizo. 

Este dibujo tampoco es tan claro como debería ser. Era muy competitivo, muy disciplinado y muy testarudo-perseverante. Cualidades que eran propias de la sociedad de los ochenta y principios de los noventa. Esas cualidades se irían desdibujando porque ahora me rindo bastante fáiclmente, soy rebelde y no soy nada competitivo. Las perdí en el camino. Y están bien ahí. 

Últimamente escribo para casi todo. Supongo que escribir me permite hablar conmigo mismo. Y también combatir la soledad. Supongo que podría quedar con alguién pero cuando lo he hecho en la mayor parte de las ocasiones me han acabado por decir que pienso demasiado. En ese camino la conversación está muerta porque está claro que sí, que pienso demasiado, pero creo que la mejor manera de arreglar es un interlocutor que argumente a niveles parecidos. En todo caso, lo sigo haciendo, sigo quedando y verbalizando. A veces me va muy bien para desdramatizar y deconstruir mundos imaginarios que suceden solamente en mi cabeza. Y sobre todo para colocar en el exterior, como un objeto de observación, mis propias absurdidades. 

Una de ellas sería esta. La que me ha ocupado hoy. Mi constante tendencia a proyectar un futuro y planificarlo. Es herencia de mi padre. Teniendo en cuenta el futuro que planifiqué y lo que soy ahora parece mentira que siga planificando. Pero planificar me calma. Y además he aprendido que los planes pueden desviarse sin llegar a salir mal del todo. 

Y así estoy yo... no estoy mal del todo. 

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