¿Y ahora qué?

No hace mucho que compartí mesa con dos amigos con los que me unen conversaciones sinceras y claras sobre ideología. En esa cena planteamos nuestras dudas abiertamente sin siglas y con pensamientos. Mi duda principal de esta cena era qué hacer cuando ya has hecho lo que creías que debes hacer. En mi caso he intentado participar y fortalecer dos organizaciones para actuar desde el ámbito colectivo una sociedad más justa y más equilibrada. Me he movilizado cuando se me ha requerido. He adoptado una exposición pública de ideas y reflexiones amplía -que también tiene sus costes y peajes no jodamos-. Me he identificado como perteneciente a una ideología concreta. He protestado en reuniones internas, en la calle, en las pantallas. He propuesto en las reuniones, en las calles y en las pantallas. Y me he montado una vida y una actuación que más o menos resulta coherente con esos valores.

Supongo que no debo ser el único que ha hecho esto y acumula frustración y un poco de rabia. Si con las circunstancias actuales es imposible conseguir que un gobierno injusto e ilegítimo deje de gestionar un país dificilmente sucederá en el futuro. Peor situación es dificil. El partido del gobierno se financió irregularmente, mintió en su programa y ahora se esconde. La situación es tan clara y obscena que no sé muy bien qué tiene que pasar para que haya un vuelco social.

De la cena volví tras haber compartido impresiones con tres posibles lineas de actuación. La violencia, la resistencia privada y la evasión. La violencia suena fuerte pero con la nueva Ley de Seguridad Ciudadana el concepto violencia desciende tanto que cualquier cosa será violencia así que para muchos será una posibilidad.  La evasión es atractiva y vengativa. La verdad es que en un ámbito de cobardía tan amplio como el actual y dentro de una sociedad del espectáculo y la diversión ver a los que forman parte del paisaje asumir sus mierdas de trabajos y mierdas de salarios, mierdas de prestaciones de desempleos y mierdas de pensiones con gozo, alborozo y satisfacción pues dan ganas de disfrutar la vida sin más y dedicarse a la Gauche Divine que incluye una parte de Dolce Fare Niente. La resistencia privada incluye la creación de un iglú irreductible, un espacio propio, una isla desierta, una cabaña de indio donde montar el palacio de invierno y gritar el "no pasaran". La idea es seductora aunque me hace falta alguna cómplice para decidirme. Así yo solo, montar una resistencia privada es tan dificil como invadir Kamtchatcka.

No sé. Además soy algo voluble. Como cualquier buscador de sensaciones necesito cambiar de sensaciones. Así que a ratos me siento con ganas de montar un grupo alarmista que escupa a la derecha, sus secuaces y sus esclavos, en la cara. A ratos me apetece echarme al monte pero para irme de festival y reirme de todos los necios que desconocen su propia miseria. Y a ratos me apetece crear un pequeño adosado de los tres cerditos para darle por el culo al lobo. Probablemente haga las tres cosas.

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