Cristina, una teoría del olvido


Olvidar es como dormir. No se puede hacer a propósito. Mi memoria tiene vida propia. A veces recuerdo falsos recuerdos. El cerebro recrea las situaciones para hacerlas más bonitas o para aligerar su peso. No recuerdo argumentos pero recuerdo su sabor. Sin embargo, recuerdo diálogos exactos de películas incluso en inglés. No recuerdo gran parte de mi infancia pero lo poco que recuerdo lo recuerdo con gran intensidad. A veces me he concentrado para intentar retener algo, algo que valía la pena, y no lo he conseguido y sin embargo luego recuerdo cosas cercanas en el tiempo tan triviales que merecerían ser olvidadas.
Conozco gente con enorme facilidad para olvidar que gozan de una memoria privilegiada. Consiguen atrapar con un cazamariposas los recuerdos y lanzarlos fuera por la ventana. Aunque los recuerdos sean como un boomerang y acaban por volver. Conozco gente que invierte enormes cantidades de tiempo en enterrar recuerdos bajo losas de silencio. Pero el ruido de las palas que tiran tierra sobre un recuerdo escondido es demasiado estruendoso.

Yo no sé olvidar a propósito. Durante años he sido fetichista y adicto a la nostalgia. Recolectaba objetos que me remitían al pasado. Era como vivir dos veces. La real y la recordada. Ahora intento hacer drenaje de recuerdos. Necesitaba sitio para esconder secretos. Los chicos lloramos hacia adentro. Por eso lo hacemos tan mal. Así que he vaciado de recuerdos mi casa. Mi teoría del olvido es que no haya nada que me vincule con el pasado. Tan nada que apenas queda nada en mi casa. Es más mía que nunca porque ya no queda nada de nadie. Ya no tengo cajas de galletas con postales del extranjero. Tuve que construir una teoría del olvido porque algunos recuerdos estaban demasiado afilados y me cortaba cada vez que me acercaba a ellos.
No lo sé. No lo recuerdo. La declaración de la Infanta Cristina es toda una teoría del olvido. El olvido por amor. No sabe. No recuerda. Y todo lo hizo por amor.  Cristina prefiere que pensemos que era una tonta enamorada a que pensemos que era una lista defraudadora. Ha olvidado a propósito lo que no quiere recordar. Los partidarios de "el tiempo todo lo cura" olvidan que el tiempo también cura lo bonito. Y hay cosas que merecen ser recordadas.

Ella lo sabe bien. Hay amores que defraudan. Hay amores que te dejan desamparado frente al juez del tiempo. Hay amores que te dejan sin la magia de los Reyes. Amores que te dejan sin ángel de la guarda. Amores condenados a penas de un día. Hay amores que se te quedan guardados en el cajón de la mesita y a mitad de noche se encienden y te desvelan.

La próxima vez que me pregunten por ella diré "no lo sé, no lo recuerdo". Sería mi nueva teoría del olvido. 

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com