Operación Palace. Évole se supera.

Sigo a Évole desde el primer día que apareció como "follonero" en un programa de Buenafuente. El Follonero era un personaje que se suponía que estaba entre el público y que hablaba espontaneamente pero en realidad estaba guionizado. Por eso se llamaba "el follonero".
Quien critique el falso documental de anoche no conoce a Évole. Los nuevos seguidores de Évole se han enganchado a un Jordi reencarnado en periodista serio y profundo, preguntador inquisitivo y curioso profesional. Pero la esencia de Évole ha estado siempre en la mezcla de la ficción y la realidad. La primera etapa de Salvados es una muestra clarísima de lo que digo. Su objetivo siempre fue ponernos en las narices la farsa de la espectacularización de la información llamada seria. Y la mejor manera de  hacerlo es dar un susto y reírse en nuestra cara.

Los primeros pasos de Évole en solitario parece que ya no se recuerdan. En Salvados por la campaña la mezcla permanente de ficción con realidad era la clave secreta. Pero los númeritos eran graciosos e increíbles. Luego fueron teniendo verosimilitud. Y anoche hizo su obra maestra. Bueno.. hasta el momento.

Los que critican el ejercicio de anoche no conocen a Évole. Su máxima es "más vale pedir perdón que pedir permiso" y eso fue lo que hizo anoche. Pedirnos perdón por no habernos pedido permiso.

Y si alguien cree que es un juego banal y superficial de un niño periodista estúpido creo que se equivoca. Lo que ocurrió anoche es la prueba palpable de algo que sucede desde hace años. La gente sigue viendo los informativos y diversos programas de la teleivisión bajo la premisa de la CNN del año 1991 (sucede, lo estás viendo). Eso es mentira. Hace mucho tiempo que toda la televisión forma parte de un espectáculo guionizado con protagonistas narrativizados (heroe-traidor-princesa-victima-venganza). Los informativos tienen banda sonora concreta (película de acción) y tienen ritmo narrativo alto (película de acción). Todo está hecho para que parezca una película. Cada telediario de cada día está pensado con un orden concreto para crear un relato (ahora de película de miedo).

Jordi lo demostró anoche. Demostró que si pones un buen director de fotografia al servicio de un buen guionista, con una voz en off creible como un presentador de telediario. Si además incluyes protagonistas de autoridad. Si además pones la música cuando toca y subes su volumen. Si además entiendes la mentalidad conspiranoica de un país entero llamado España. Y si además intercalas realidad y ficción en una continuidad natural, conseguirás reírte del propio periodismo serio televisivo que hace tiempo que se convirtió en una parodia. Jordi exige que los espectadores maduren y aprendan a distinguir los trozos de verdad que cada día aparecen mezclados entre un montón de basura televisiva. Te pide que pienses. Que mires la tele con distancia. Que no te lo tragues todo.

Jordi cuestiona la base del periodismo serio y pretendidamente objetivo. Jordi se rié hasta de los suyos. Y yo con él.

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