De negro contra las horas negras en Caixabank


Hoy un grupo de delegados sindicales de CC.OO de Caixabank en el Pais Valenciano y Murcia hemos hecho un acción de protesta durante todo el día. Nos hemos vestido de negro para denunciar todo el trabajo negro que nos obliga a hacer nuestra empresa. Hemos ido a las oficinas de los jefes a visibilizar esas horas que tratan de esconder a los ojos de la sociedad. Son horas regaladas cada día. Jornadas de diez y doce horas que no se pagan. Horas regaladas a la empresa. Horas que la Seguridad Social no cobra en abuso y fraude de ley. Son horas negras. Horas que impiden que se contrate a alguno de esos cinco millones de parados con ganas de trabajar.

Recuerdo que uno de los primeros libros que leí fue Momo de Michael Ende. De pequeño leía mucho en formato comic pero cuando llegaron los libros me costó más. Solamente mundos alternativos, imaginados, me cautivaban. Como si la ficción siempre superara a la realidad. Como si necesitara creer en un mundo diferente. Supongo que todo eso que lees de pequeño acaba por salir en algún momento de tu vida. En Momo existen los hombres grises. Entonces no entendí quienes eran. Años después lo he llegado a conocer. Son altos cargos de empresas. Son mis jefes. Los hombres grises se encargaban de robarle el tiempo a la gente. Eran ladrones de tiempo. Le quitaban tiempo de vida a las personas normales y se lo quedaban. La magía de la casualidad ha querido que conociera años después a un montón de hombres grises. Mercenarios de dinero y prestigio. Ambiciones de poder alquilado. Herederos de la miseria de un montón de pasta. Son ellos. Los hombres grises.

Seguramente estarás leyendo este post con cierta distancia. Al fin y al cabo te estoy hablando de un sector que ha recibido un trato de favor con las ayudas bancarias. Esas ayudas han sido para nuestras empresas. Es verdad. Pero lo cierto es que los trabajadores no hemos recibido ninguna ayuda. El número de oficinas de banco ha retrocedido ya al número de hace treinta y cinco años. El ERE de la banca ha despedido a más de 40.000 personas. Esto no ha salido en la tele. No hemos sido un ERE mediático. El trabajo se ha multiplicado porque para hacer negocio hay que hacer un esfuerzo muy superior. Y cada vez somos menos para atender a la gente. Para el mismo negocio somos las mitad así que nos hacen trabajar el doble. En periodo de fusiones de oficinas, donde antes había dos oficinas con cuatro personas en cada una ahora hay una sola con cuatro y si hay suerte cinco personas.

Seguro que también habrá quien piense que hay problemas más grandes. Es verdad. Nuestros problemas son problemas en minúsculas. Los problemas en mayúsculas son quedarte sin techo donde dormir, no tener para comer o llevar diez años sin trabajar ni tener perspectivas, irte a vivir a Canadá para salir adelante. Por eso no los gritamos. Hoy hemos guardado un minuto de silencio. Silencio por todo el tiempo que nos matan cada día. Tiempo que no cobra la Seguridad Social y tiempo que robamos a nuestra salud y a nuestra familia. Sé que hay mucha gente también sufriendo el mismo mal pero no soy nada partidario de "mal de muchos... " Creo que debemos luchar por una sociedad de felicidad donde no todos estemos jodidos. Debemos seguir luchando por el día de los tres ochos. Ocho horas para trabajar, ocho para descansar y ocho para vivir.

No me gustan los hombres grises. Ellos sabrán si les vale la pena perder su vida a cambio de dinero. Ellos sabrán si quieren que su biografía sea su vida laboral. No creo que hoy hayamos hecho ninguna heroicidad plantándonos frente a nuestra central para protestar contra los ladrones de tiempo. Somos simples sindicalistas. Fuimos niños que jugaban, luego fuimos estudiantes, luego encontramos un trabajo en un banco, somos gente responsable en todas las facetas de su vida, gente joven o no tan joven, gente ilusionada con otra forma de hacer banca. Somos gente que quiere sonreirte cuando entres por la puerta del banco y no estar con el ceño fruncido por las doscientas cosas que será imposible hacer hoy. Somos gente que quiere aconsejarte correctamente lo que más te interesa según tu edad, lo que quieras comprarte o lo que quieras invertir en lugar de mirarte como alguien a quien encalomar un producto que quizá no necesite y ni siquiera le convenga. En banca hay gente así. Todavía hay gente así. Tapada por praxis empresariales erróneas pero con ganas de ser buenos profesionales. Pero es dificil hacer eso cansado, sin dormir, sin descansar, con reuniones que te meten miedo constantemente, con amenazas de despido, con miedo a irte a doscientos kilometros de tu casa mañana mismo, con los nervios de sentirte marginado si no cumples sus reglas del miedo. Miedo, miedo. Así no podemos hacer bien uno de los trabajos más importantes para salir de la crisis. Canalizar el crédito y el consumo.

Nos roban el tiempo cada día. Así sacan sus beneficios negros que luego publican en los periódicos económicos. De las horas negras. Del sufirimiento rentable de sus empleados. Son los hombres grises.

El siguiente libro de Michael Ende fue "La historia interminable". Hoy nos hemos concentrado para visibilizar un problema muy serio, para gritar en minúsculas que este camino trae sufrimiento y errores. Nos hemos concentrado para evitar que la historia de los hombres grises acabe por ser la historia interminable.

No hemos hecho nada especial. Hemos hecho lo que debíamos. Y creo que a nadie se le puede pedir más. Así que cuando mire esa foto dentro de unos años sabré que esa gente era mi gente y que teníamos razón aunque no nos la dieran.

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