Divertirse hasta morir


Casi todos los finales del mundo hasta ahora habían sido anunciados por visionarios o civilizaciones antiguas. Esta vez ha sido un cientifico. Uno más. No sé si el más prestigioso pero seguro que el más mediático. No ha sido un loco sino una persona con un coeficiente de inteligencia de 160. Ha sido Stephen Hawking. Lo que ha venido a decir no es nada nuevo. Coincide con las teorías del cambio climático, con las del peak oil y con cualquier cálculo estimativo sencillo. La Tierra como planeta se agota. No tenemos planeta para seguir con este ritmo de vida. Necesitaríamos cinco planetas para alimentar el ritmo de vida de un neoyorkino.

Nos hemos convertido en una plaga. Una especie que desprecia su entorno, que vive por encima de sus necesidades, que destroza el lugar por el que pasa. Una especie demasiado protegida, superpoblada e inconsciente. Y así seguimos. Somos una sociedad enferma con un sistema económico con extrema unción.
El planeta se defiende de momento con fenómenos atmosféricos extrordinarios. Pero el sistema capitalista sobrevive a base de destrucción. Los ciclos capitalistas más álgidos han coincidido con épocas posteriores a guerras. Reconstruir la destrucción de la barbarie es un negocio rentable. Así se fortalece el sistema. Si hay un terremoto hay negocio para las constructoras. Si hay un tsunami habrá que reconstruir las carreteras. Nadie quiere que suceda pero cuando sucede surge el negocio.

Un prestigioso científico predice el final de nuestro planeta y no ocupa portadas. Los medios lo incluyen en sus "cosas de la cultura". Al final, entre el fútbol y el corazón. Metido como una publicidad subliminal de casi nada. Algunos hacen bromas sobre si preferirían la Luna o Marte para colonizar. Es verdad, la sociedad se divide entre lunáticos y marcianos. Los dos tipos de persona que no hacen nada para dejar de caminar hacia el precipicio. En el mismo informativo De Guindos mantiene su obsesión por el PIB. Estamos realmente locos si no nos damos cuenta que no hay más petroleo y que nos quedaremos sin agua. La mayor parte de las guerras de los últimos veinte años tienen que ver con la energía. Porque no hay bastante energía para una plaga como la humana. La energía barata se acaba. Cuanto de energética tiene la situación de Ucrania. Pero no pasa nada. Las próximas guerras serán por el agua. El agua escaseará cada vez en más lugares de la Tierra lo que obligará a movimientos migratorios intensos. La comodidad del europeo medio se verá afectada.
Seguro que usted cree que esto es una novela de ciencia ficción. Un fake como el de Salvados. La verdad es que no. Y las cifras que se manejan son finales de este siglo así que cuidado con sus hijos y sus nietos porque tendrán que afrontar una situación muy dificil. Pero al humano inerte le da igual lo que pase después de su muerte. Dejaremos una herencia de derechos deshechos y un planeta destrozado. Y todo por vivir según un ritmo de vida absurdo construido sobre el usar y tirar. Cada vez trabajaremos más para vivir una vida sin tiempo. Y lo haremos por convicción. Para sostener bienes materiales, elixires mágicos de felicidades artificiales. Se agota el planeta. El capitalismo ya no sirve. Y nos va tocar vivir los últimos coletazos de todos los dinosaurios.

Y así sucederá. Un reputado científico anuncia que el planeta muere y no pasa nada. Ningún estruendo. Siguiente noticia por favor. Business as usual. Cuando el final del mundo esté realmente cerca alguien se disputará el negocio que genera. Serán capaces como lo fueron de comerciar con los cabellos humanos de los judíos. No lo duden. Mientras tanto una sociedad adormecida en la comodidad del entretenimiento sucumbirá mientras se divierte hasta morir.

Y en el fondo, usted que me está escuchando, sonríe y dice... que exagerao. 

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com