El jefe hamburguesa, el capataz y el flautista

En la ecología bancaria hasta ahora he conseguido distinguir básicamente cuatro tipos de de jefes.
El primer tipo lo podemos definir como el "jefe hamburguesa" porque actúa exactamente igual que un encargado de hamburguesería. De esta forma, el cliente le pide una hamburguesa de pollo él se gira y pide a cocina una hamburguesa de pollo. De cocina le contestan que no hay pollo y él se gira y contesta que no hay pollo. Entonces el cliente pide patatas y de cocina le contestan si fritas o bravas y él se gira y pregunta si fritas o bravas. Es un jefe de calco,  un jefe transparente porque no se le ve. Nadie sabe como llegó allí. Simmplemente ya estaba. Es un superviviente. Ni se mueve, ni se nota, ni traspasa. No molesta luego sobrevive. Sin talento puede haber paraiso. No se complica la vida. Soluciona los problemas conforme se producen. No planifica ni reivindica. Es una sombra en un día nublado. Pide lo que le piden. Es un paraguas cerrado en un día de lluvía.
El segundo tipo de jefe es el "capataz". Abnegado trabajador, adicto al trabajo. No entiende por qué los demás se empeñan en tener vida propia. Robotiza y esclaviza a sus empleados hasta el último detalle. Los vigila. Se sienten bajo sospecha de no trabajar tanto como él. Pide resultados con el látigo. Convoca reuniones de cástigo. Te pone bajo la lupa pública. Te lleva al paredón a ser ejecutado socialmente. No tiembla en destituirte. Es su obligación. Te lo mereces. Sus esclavos son los que más ritmo llevan. No tienen derecho al descanso. Apenas un poco de agua de vez en cuando. Nació en Esparta y un látigo es su manera de obtener rendimientos. El miedo es su lenguaje. Forma mitos a su alrededor. Se dice que un día trabajó todas las horas. Se dice que sale de la oficina a las doce de la noche. Se dice que la luz de su despacho siempre está encendida. Las cifras con sangre salen.
El tercer tipo de jefe es el "flautista". El jefe flautista es un seductor. Compone melodías que suenan bien. Tiene un aroma a "enrollado". Tiene gestos, palabras, domina bien la mano izquierda. Sabe donde está el freno y el acelerador. Incluso el cambio de marchas. Tienen un aire especial. Sabe donde colocarse. Sonrie. Despierta la confesión. Escucha. Domina los mapas sociales. Intenta tener iniciativas aunque siempre son hacia abajo. Hacia arriba prefiere ladear la contienda. Maneja la fontanería y controla la trastienda. El flautista es capaz de llevar los ratones al río o de llevar con la misma inteligencia a todos los niños del pueblo a morir al río. Lo hace con la misma naturalidad y según las órdenes. La melodía lo es todo. Arrastra con cierto carisma la corriente hacia abajo. Da la sensación de que las cosas fluyan.

Son tres especies del habitat bancario. Casi todos los directivos y directivas tienen un poquito de cada tipo aunque siempre predomina uno. La crisis ha decantado la balanza hacia los capataces y los hamburguesa, pero los flautistas todavía aparecen como flores de Mayo. Ninguno de los tres es un jefe escalera. Aquellos que defienden que la información debe subir y bajar. Ninguno de los tres cuestiona nunca ninguna orden de la organización. Son jefes en cascada de manera que de una manera u otra todo el líquido que rebosa cae sobre el siguiente escalón de copas. Son tres especies típicamente españolas. Crecidas en la picaresca o la abnegación, hipnotizadas por el dinero y una erótica de la decisión. Alquilan su vida a cambio de una bonita tarjeta de visita.

Pero existe un cuarto tipo de jefe bancario. Es el tipo de jefe Capitán. Te implica. Te contagia. Te sube a su barco. Te felicita cuando haces algo bién. Suaviza los cambios. Distingue los momentos. Reivindica herramientas más útiles. Recoge ideas. Agrupa talento. Habla. Aprende. Maneja más información que nadie. Despierta cierta admiración. Construye su rol. Se anticipa a algunos problemas. Planifica. Domina el lenguaje. Mantiene el respeto. Contiene el exceso. Sostiene la serenidad en momentos dramáticos. Te abraza con cifras, sacude tu entusiasmo. Te hace levantarte y ponerte en pie encima de una mesa cuando se va para gritar Oh Capitán, mi Capitán.

Aunque parezca imposible yo conocí un tipo de jefe así. Cuando se dieron cuenta lo destituyeron. Los otros tres tipos no podían permitirse ese lujo.

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