La Chica de la barra del bar

Foto: Txema Moreno. http://txemajmm.blogspot.com/
Después de las reuniones me gusta salir a tomar una copa. El debate político me pone dolor de cabeza. Especialmente de escucharme a mi mismo. Grito demasiado pensando que así tendré más razón. Y me escucho demasiado pensando que así seré más escuchado.
Cuando mi cerebro se acelera se convierte una cámara rápida de ideas imparable. Solamente una copa calma mi sed de hacer cosas a horas en que hacer cosas no debería producir sed.
Así que me acerqué al pub de siempre. Conocer a los camareros te permite tener conversaciones de barra de bar. Los camareros son los psicologos de ir por barra. Pedí lo de siempre. Esteban sabe lo que es.
La soledad de un no fumador es la soledad del lector de periódicos. Me sumergí en titulares mientras saboreaba un vodka agitado pero no revuelto.
Levanté la cabeza a la máquina de tábaco. Y la vi por detras. Pelo corto. Después fue a barra. Deseé ser camarero pero era un simple lector de periódico solo en la mesa del rincón. Se sentó sola. Encendió un cigarro. Movía el mechero en la mesa. Está esperando. Puede que a su novio. Las piernas cruzadas. Sentada en una de esas banquetas incómodas de bar que solo sirven para llegar a la barra. Botas altas. Este entretiempo loco hace combinaciones extrañas. Justamente maquillada. Justamente porque hacía justicia a unos labios instalados en la sonrisa y unos ojos disfrazados de timidez.
Las chicas elegantes siempre me parecen inteligentes. Por alguna extraña razón asocio belleza a inteligencia desde pequeño aunque la edad me desmintió mis ideales. La forma de coger el vaso es tan deliberadamente sutil que apenas parece que el vaso flote mientras se acerca a su boca.
Se gira. Se  ha dado cuenta que la miro. Y tambien que la admiro. Sumerjo la vista en más titulares. Parc Sagunt sigue retrasado. La crisis, Algunos trajes.
Vuelvo a mirarla. Sabe que la miro. Mueve el mechero que con más intensidad. Uñas cuidadas. Manos de niña. Pelo negro. La pierna sube y baja. Está nerviosa. Quizá yo esté fomentando ese nerviosismo.
Si fuera capaz de levantarme. Quizá no espere a su novio. Quizá haya salido sola como yo. Pero ¿què digo? Ellas siempre tienen a alguien. Mira el móvil. Seguro que es un sms de ese chico con el que lleva tonteando dos semanas. Pero él tiene novia. Le gustan los chicos dificiles. Es la manera que tiene de justificarse a sí misma. En realidad le gusta estar soltera. Escribe en el móvil. Está contestando.
Se gira. Me vuelve a pillar. Me gustaría ser el destinatario de ese mensaje pero sólo soy un lector de titulares sin gafas sentado en la mesa del rincón.
Debería ser capaz de levantarme y hablar con ella. Dicen que soy inteligente. Que soy buen conversador. No hace ni una hora no dejaba de hablar. Ni siquiera dejaba hablar a los demás como siempre. Y ahora. Ahora, ahora no sabría qué decir.
Me levanto. Camino unos pasos. Paso cerca intentando invadir su espacio vital lo suficiente para oler su perfume y lo suficiente para que no se enfade. Hago como que voy al lavabo. Conozco ese perfume. Pero en ella huele diferente.
Vuelvo a pasar. Busco su mirada. Ella esquiva la mía. Me siento. Vuelvo a leer titulares sin gafas en la mesa del rincón. A ella le suena el móvil. Sonrie al mirarlo. Descruza las piernas. Le paga a Esteban. Se levanta. Viene hacia mi. Estoy junto a la puerta. Me mira, sonrie y dice: Hasta luego!

Parc Sagunt sigue retrasado. La crisis. Algunos trajes. Cóbrate Esteban.

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