Teoria de la Comunicación I

Se cortó el pelo por llevarle la contraria a su madre. Fumaba por llevarle la contraria a su ex novio. Nunca le gustó el pelo corto. Y nunca le gustó fumar. Pero tampoco le gustaban su madre y su ex novio.
Se marchó de Erasmus el semestre anterior. Y volvió cambiada. Su mirada era cada vez más dulce. Y sus ojos cada vez más traviesos. Su boca era cada vez más dura y sus labios más tiernos.
De algún modo entendí que aquel día solamente podría mirarla y admirarla. De algún modo entendí que jamás podría hablar con ella. Tenía el cuello tan blanco que ningún vampiro se hubiera atrevido a estropearlo. Y en la cabeza tantos sueños que ningún ladrón se hubiera atrevido a robarlos.
Solo acerté a mirarla desde mi pupitre durante toda aquella maravillosa hora y media de Teoría de la Comunicación.
Ese día aprendí que nadie comunica más que quien tiene la mirada adecuada.
Se marchó con una amiga. Sonó su móvil. Esbozó una sonrisa. Seguro que es su chico.
Seguro que sigue creyendo en un montón de cosas.
Seguro que cree en ella misma.

Cree que es especial pero pasaran algunos años hasta que lo sepa.

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