Valeria




Le dijo que esperara a que llegara él. Pero ella siempre fue impaciente y un poco desobediente. Siempre acaba haciendo lo que le da la gana y eso a él le crispa desde el principio.
Llevaba toda la mañana pensándolo y ya no podía más.


Llevaban ya dos años juntos. Se conocieron por intuición. En el aeropuerto. Lucharon por un mismo sitio por meter la maleta en un vuelo low cost que les llevaba a Londrés. Después él le ofreció la ventana y ella pensó que nadie cede la ventana así sin más.
Dos españoles en Inglaterra. Fueron quedando por pura huida del miedo a lo recién conocido. Hablaban la misma lengua y pronto acabaron hablando el mismo lenguaje. Para un recién llegado un recién conocido es casi un amigo de toda la vida.
Sonaba uno de esos conciertos de pub ingleses. Tocaban algo de Placebo. Puede que fuera Every you, every me. Lo hacían bien aunque la gente no prestaba mucha atención. Eran pasadas las diez. Las diez y algo. Se decidió a besarla aunque hacía veinte minutos que ella le estaba besando con los ojos.


Tan lejos de cualquier referencia una nota en tu idioma en la nevera es un ancla poderosa. Ya habían pasado dos años. Él había ido enlazando trabajos de poca cualificación. Había sido desollinador de recuerdos. Mensajero de buenas noticias. Cantante de óperas primas. Socorrista de penas ahogadas. Timonel de barcos a la deriva. Ella lo tuvo algo más fácil. Fue institutriz de promesas y hacía poco que trabajaba de costurera de corazones rotos. Se ganaban la vida bien. Lo suficiente para no pensar en volver a España donde no había trabajo para ninguno de los dos. Ella era Licenciada en Antropología y él era periodista.
La vida pasaba sin segundero. Así, un poco a grandes rasgos. Un piso pequeño y una vida pequeña en una ciudad demasiado grande. Ella salpicaba el mundo de manchas de ilusión nada más levantarse. Él hacía magía por las noches cuando volvía de trabajar. Dormían juntos y compartían sueños. Él diseñaba un guión antes de acostarse. Y ambos se comprometían a soñar lo mismo. Era un contrato sin firma. Manchado de un café rápido que llego tarde. Con borrones y cuentas nuevas. Un contrato indefinido. Un compromiso de paciencia. Un pacto de diversión. Salpicado de lágrimas. Escrito con pintalabios. Firmado a mano alzada.

"Dos años ya" pensaba ella. No lo había podido evitar. Es impaciente y un poco cabezota. Lo abrió. Leyó las instrucciones y esperó cinco minutos. Justo en el momento en el que se oían las las llaves en la puerta. Lo miró y vio dos lineas rosas. Eran las diez y cinco. Miró hacia abajo y vió como su ombligo sonreía. Y él nada más entrar pudo ver la primera sonrisa de Valeria.

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