Burbujas de ángel


Desde niño fabrico burbujas de ángel. Son pequeñas burbujas con un ángel dentro. Pálidas. De labios rosa. Flotan constantemente. Se las lleva el aire. Languidecen y rebrotan. Brillan. Soplas y viajan.

Cada ángel tiene su burbuja y sus pequeñas alas blancas imperceptibles. Pero yo las veo. Tienen una sonrisa a medias. Son un deseo que vuela fruto de la mezcla de un soplido y un jabón mágico que las hace volar. Aparecen de pronto. A veces una sola. Grande y desafiante que cae lentamente. A veces son varias a la vez que se mueven y forman un pequeño arco iris. Cuando el aire las transporta me gusta perseguirlas. Salgo corriendo detrás de una de ellas para intentar besarla. Al intentarlo a veces soplo un poco antes del beso y se van más lejos. Y la vuelvo a perseguir corriendo. Otras veces consigo besarla y explota. Y descubro que dentro no había ningún ángel. Que solamente había el reflejo de mi mirada. Que allí dentro había lo que yo deseaba y no lo que existía. Que la burbuja solamente era de agua y aire. Que en realidad nunca hubo fuego. Que todo parece estar bajo tierra.

Aún así, de vez en cuando sin querer abro la boca y juego a hacer una burbuja de ángel. Y la persigo hasta besarla para confirmar que está vacía. Pero yo sigo haciendolas por si algún día puedo besar a un ángel sin romper su burbuja.

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