Crónica de un despistado en el #sansanfestival24h


Un país que se ha alfabetizado en cuarenta años parece intentar acelerar la alfabetización musical. Proliferan los festivales por todas partes pero el Sansan era una apuesta arriesgada. Competir con procesiones y ganar con algún que otro vía crucis es demostrar que el urbanismo español fue una burbuja pero el urbanitismo parece que ha venido para quedarse.

La lástima es que acudir a un festival de música supone más una apuesta por la música como fenómeno social que como fenómeno armónico. La música no llega a ser una excusa pero se queda en coartada de una diversión que sigue basada en botellas y botellas que amenazaban desde fuera como las trompetas de Jericó.

El riesgo y la mala suerte no suelen ser buenos amigos para este tipo de eventos musicales más cercanos al menú degustación que a la exquisitez gourmet. El Sansan hacia una apuesta fuerte por unas fechas que son variables y pueden ir desde finales de Marzo hasta finales de Abril lo que no siempre será favorable.

También apostaba por un enclave Gandía y por un recinto Wonderwall. La ausencia de parking instantáneo tenía un efecto disuasorio para los apóstoles del automóvil lo que hacía que la movilidad hacia el festival adquiriera tintes de procesión del ruido por un camino rural habilitado como acceso. Pero convertía el fenómeno en algo peatonal y callejero. Algo chulo. Casi humano y metafórico de la Valencia rural reconvertida a medias. El recinto cuidaba el descanso -lo que se agradece a una cierta edad- y admitía cenar sentado sin mayores problemas. Se despreocupaba de la sombra que todavía no es una necesidad imperante. Sin embargo, descuidaba la información. No había un punto de información central y eso constituyó un problema cuando surgieron todos los demás problemas. Twitter no es suficiente para miles de personas con facultades de percepción alteradas.

Wonderwall asumía el papel de zona resort de la comodidad del Sansan que tenía Zona Vip y -atención- Supervip precisando con detalle que sigue habiendo clases y edades también en esto de la música Indie.

El escenario permitía buena visibilidad, las barras daban salida a cualquier demanda a tiempo pero a unos precios que se alejaban del riesgo de deflación que nos auguran. Los lavabos todavía no olían a ciénaga, la entrada seguía incólume a pesar de que tras el primer día no parecía necesaria tanta infraestructura. Y comida caliente cerraba el círculo de la planificación prevista y que la Ley de Murphy no se encargó de aguar.

Pero Murphy había previsto más cosas. Una tormenta de primavera obligó a cambiar parte del equipo de sonido lo que constituyó la flagelación y martirización de los tres días de conciertos. El Sansan comenzaba su semana de pasión cometiendo uno de los pecados capitales de un festival: el lío de horarios. Cada grupo que subía cumplía con la liturgia de pedir disculpas, algunos de ellos enfadados. Ivan Ferreriro tuvo que parar porque el público le decía que no se oía. Y el equipo de sonido petardeaba tanto que acabó constituyendo la última mascletá fallera de Gandia.
Uno echaba a faltar alguna pantalla que hubiera servido de referencia más allá de Twitter y además hubiera adornado los conciertos pero dar los primeros paso siempre implica alguna buena ostia. Hay que dar margen para controlar los know-how. Y la inversión del primer año tiene siempre miedo al retorno.

El resto de riesgos eran musicales. Apostar por la música indie hecha desde España podía tener sus riesgos en un mundo voluble y soluble como el de las modas musicales. Vista la ausencia de discurso ideológico en todo el festival podíamos decir que lo indie es más un canal que una actitud. Tan solo La Habitación Roja hizo algún amago de causa cortoplacista y Love of Lesbian sacó a pasear su tibieza lingüística. Para un grupo catalán tocar en territorio valenciano sigue siendo tocar en tierra de nadie. Saben que el catalán es lengua predominante pero es lengua dominada con lo que el cantante acabó por expresarse en tres lenguas para no meterse en jardines mientras el público ni silbaba ni rompía en aplausos. Apatía: genero neutro, número plural.

El casting era indiscutible. No estaban todos los que son pero eran todos los que estaban. Second, Love of Lesbian, Miss Cafeina, Izal, Ivan Ferreiro. Lory Meyers.. .Todos cumplían con su minirepertorio de temazos y algún himno en miniatura. Pero el tamaño del nombre subía a Amaral un peldaño. Amaral subía al escenario tras su vídeo viral que se quedó en eso una gripe ideológica porque no subrayaron nada especial pero cumplieron con la parte artística. El panorama musical español es un espejo de sus votantes, hace tiempo que nadie dice nada por miedo a equivocarse y que la mitad fanática opuesta (RussianredGate) se le tire encima.



El Sansan Festival dejaba música acelerada de repertorios comprimidos y sin discursos de pegamento humano pero al final las ganas de diversión de una generación evasiva pudieron más que cualquier cosa.
El Comunitiy Manager del festival subía a las olas de Sansanito la máscota del festival. Una mascota es lo mejor que le puede pasar a la marea de estupidez selfiatica que recorre la mirada fotográfica de este país. Mientras tanto derrapaba ante las críticas y la falta de información que en ningún momento recurría a la tradicional megafonía o los simples folletos para informar de alguna suspensión y bastantes cambios.

El Sansan se está quitando los pañales así que todavía hace alguna que otra cagada pero la intención es buena y la ambición es máxima. Reunir lo mejor de la música indie española en una fecha llena de españoladas y peinetas es el símbolo de que todavía se puede convertir la música en una religión laica. Competir con crucifixiones y devociones con la mitomanía de proximidad puede estar de moda. Todo lo planificado salió bien salvo lo que falló. Y estamos en España donde se perdona al que malgasta el dinero público así que con mayor razón perdonemos a nuestros deudores musicales y librémonos del mal.
Amen.

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com