República


Se conocieron hace tanto tiempo que no recuerdan si hubo un tiempo en que no se conocían. Él tuvo que aprender a lidiar con su mal genio y su ímpetu. Fue maestra de escuela en la dictadura. Consiguió enmascararse para poder hacer lo que más le gustaba. Enseñar a leer y escribir. No era gran cosa pero era lo que una mujer moderna podía ser en una época tan antigua. 

Él se acostumbró a que la fuerza la tenía ella. Ella vivía una época que no era la suya. Nació demasiado pronto. Él la admiraba cuando hablaba pero especialmente la admiraba cuando se dormía y se quedaba en silencio. Porque era demasiado guapa para perdérsela. Tuvieron dos hijas. Ahora vienen cada día a ver cómo están. También tienen tres nietos y dos nietas pero vienen menos a verles. Especialmente desde que ella empezó a enfermar. 

El final de la dictadura les pilló luchando ya más por los demás que por sí mismos. A él le preocupaba mucho la militancia comunista de ella. Él compartía sus ideas pero se limitaba a pensarlas. Ella era cabezota como ella sola. Libertaria. Necesitaba actuar además de pensar. Y él acababa yendo a todas partes para cuidarla. Era demasiado imprudente para la edad que ya iba teniendo. Cogía la palabra en todas las reuniones y era la primera en repartir propaganda prohibida. La detuvieron varias veces y cada vez él sufría esperando en la calle a que la soltaran. Siempre salía insultando y estirada para aparentar una dignidad de hormigón. 

Llevan toda la vida juntos. Cuando llegó la democracia ella dejó la escuela para montar una librería y escribir libros. Su gran pasión. Con eso se ha ganado la vida más o menos.

Él había sido montador en la tele pública. Cuando los montajes venían en cinta de cine y de vídeo y había que cortar y pegar de verdad. Era su oficio. Montaba de manera artesanal imágenes para cobraran una vida nueva. Trabajó durante diez años en el montaje de Informe Semanal. Y los dos lo veían cada sábado sentados frente a la tele. Ella le criticaba algunas decisiones cuando el reportaje daba demasiada cancha al poder y él le daba un beso porque le parecía muy sexy cuando se enfadaba. 

Al jubilarse siguió haciendo montajes pequeños con todos los rollos que había acumulado de sus hijas, de sus nietos. Incluso llegó a aprender montaje digital para seguir al día de su oficio: poner imágenes una detrás de otra hasta que contaran la verdad. 

Después intentaron disfrutar de esa libertad media de la clase media haciendo turismo medio. Salieron de España por primera vez a conocer Europa. El espejo en el que se habían mirado tanto tiempo. Y vieron que no era para tanto. De vez en cuando todavía montaba algún discurso en la mesa con los demás pensionistas. Maldecía y odiaba con tanta intensidad como quería y amaba. 

El diagnóstico de Alzheimer no fue una sorpresa para él. Ya había notado que no se orientaba bien. Se había perdido un par de veces. Y olvidaba pequeñas cosas sin importancia. Apagar el fuego, las llaves, algunos nombres.Desde entonces la acompañaba a todas partes. 

Hace poco se rompió la cadera. Está sentada en un sillón. Mirando la tele. Él está todo el día en casa cuidándola. De vez en cuando vienen sus hijas y él sale a comprar algo o dar un paseo. Pero vuelve enseguida. Antes de que se acabe algún corte. 

Hace un mes conectó la tele a su ordenador de la otra habitación. El médico le ha dicho que ella es capaz de captar emociones e incluso de transmitirlas. Desde entonces monta una programación completa cada día con programas que a su mujer le gustaba ver. 

Hoy es 14 de abril. En la tele echan un Informe Semanal especial. Salen imágenes de un entierro de estado en el que acuden Zapatero y Aznar. Pero son imágenes del entierro de Suarez. También salen imágenes del monarca hospitalizado montadas con imágenes de marchas de la dignidad con banderas de la república ondeando al cielo. Después hay imágenes de gente rodeando el Congreso de los Diputados. La polícía carga contra los manifestantes pero los manifestantes se defienden. Salen imágenes de medios internacionales subtituladas. Como entonces hay que acudir a los medios de fuera. Hay conexiones especiales en directo en todas las ciudades española aunque son imágenes de la victoria en el mundial de Sudáfrica. 

Y aparece el primer rótulo: España ha declarado la III República. 

Ella mira sorprendida y emocionada la tele. Luego le mira a él. Y él le da un beso en la mejilla. 

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