Ahí tienes la puerta


El acto supremo de soberbia institucional en una empresa se resume en una frase "ahí tienes la puerta, si no te gusta te vas". Esta frase suele ser la guinda de un pastel bastante amargo. El diálogo anterior es la clave. Normalmente esa frase es la respuesta a alguna queja reiterada. La queja sostenible y sostenida es un síntoma de enfermedad empresarial. Cuando un órgano de tu cuerpo se queja es porque hay un desequilibrio. No es el objeto de este post volver a analizar la sintomatología de una empresa enferma (la puedes encontrar aquí) sino determinar si es inteligente llegar a esa posición para una empresa bancaria. La queja está fundada en contenido, forma y duración. La temperatura comercial arde y quema. Las dos cosas. Y las entidades no parecen encontrar más salida que echar leña al fuego para que no pare la locomotora aunque descarrile.

Mi perspectiva es que no es nada inteligente ofrecer la puerta como resolución de quejas sostenidas y sostenibles. La puerta bancaria es de diversos tipos y ninguno de ellos es una dechado de virtudes.

La puerta más utilizada en banca es la puerta giratoria. Una puerta por la que entran y salen políticos hacia las entidades. En realidad es un pasillo de puertas que se abren y se cierran creando un continuo opaco en el que no sabes hasta que punto una parte mancha a la otra. La politización de las cajas de ahorro explica demasiadas cosas como para olvidar esa puerta. Esa puerta es un problema más que una solución a largo plazo aunque a corto prevenga anteriores desastres.

La puerta de urgencias es la puerta que más se usa en el presente para los bancarios. Exagero pero solo un poco. Hoy en día es bastante más fácil encontrar ansiolíticos en una oficina bancaria que mercromina. Solamente hay que urgar en los bolsillos. Esa puerta es bastante peligrosa ya que genera profesionales al borde del ataque del nervios en un lugar que es el quirófano del crédito y la actividad económica. Mal tembleque abrir puertas de ese tipo.

Pero hay más puertas. También está la puerta de emergencia. Es una puerta mental por la que quieren salir los primeros que detectan el incendio. Hoy en día hay mucha gente que quiere salir del negocio bancario pero están atrapados a la espera de algún acuerdo de huida más que de jubilación. Es una puerta mental que afecta mucho al negocio porque se produce una desafección y una desconexión respecto a la misión empresarial que fractura las plantillas. La plantilla se acaba dividiendo en gente que tira del carro y gente que va subida mirando. Esa desafección no es una crisis individual, es un problema colectivo. Esa puerta agolpa ya mucha gente.

Por último queda la puerta de entrada. En la puerta de entrada de los bancos siempre ha habido cola. Los bancos se permitían el lujo de captar talento a su gusto. Escogían las semillas, las regaban conforme querían y las recogían maduras. No creo que queden muchos bancarios que hablen bien de su trabajo hoy en día. Y eso influye en las decisiones de ejercicio profesional de los recién licenciados. Indudablemente el dinero y la escasez de empleo hará que no falte gente en la cola. Lo que no está claro es si serán los mejores de cada hornada. Aunque poco parece importarle eso hoy en día a los bancos que miran más la puerta del patio trasero que la de entrada acorazada y cerrada a cal y canto.

En definitiva, ofrecer la puerta es un síntoma de falta de creatividad en las soluciones, falta de encaje de la negociación, falta de salidas y miedo al futuro. Es una grave desorientación que salta los problemas sin resolverlos. Antes de coger la puerta y largarte hay muchas puertas que se recorren, puertas que se cierran y que se abren. Resolverlo con un "ahí tienes la puerta" es morir de éxito por ataque de soberbia. Y eso no se lo puede permitir ninguna empresa que pretenda sentir el futuro.

Porque si te abren puertas puedes encontrar un cielo azul que jamás hubieras buscado. 

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