Cinco rituales anticuados de campaña electoral


El sistema democrático español fruto del Régimen del 78 fue tejido en una época donde solamente había un canal de televisión y era público. No había Internet, ni móviles, en algunas casas no había ni teléfono.
Llega la campaña y parece que nada haya cambiando aunque ya nada es como ayer. Los partidos repiten, clonan actitudes el pasado sin que nadie se pare a pensar si tienen sentido. Se hacen para no ser los únicos que no lo hacen. En este post intentaremos reflexionar sobre algunas cosas que se dan por sentadas y ya resultan absurdas o anticuadas o en breve lo serán.


  1. La propia campaña electoral es un absurdo. La campaña electoral está pensada por el Regimen del 78 -posterior al franquismo- como un espacio de ruptura con la normalidad y el miedo. Viniendo como se venía de una prohibición de hacer política en público la campaña electoral nace para invadir el espacio público. La campaña electoral es una focalización de pensamiento. El espacio de opinión pública estaba muy reservado a creadores (políticos) y canalizadores (periodistas). La calle necesitaba una "fiesta", un momento para saber que debía atender ese asunto. Así nace la campaña para poder "escuchar" las diferentes opciones desde una perspectiva analógica y poco mediada. Así tenían sentido los mitings, tenía sentido el reparto de folletos, tenía sentido pegar carteles. Todo tenía sentido en una sociedad en la que había que poner el acento para subrayar la sílaba de las elecciones. La campaña como espacio de hiperactividad ideológica carece de sentido. Restringir la petición de voto fue un buen intento de evitar electoralismos. 
  2. El míting. El míting ha pasado de ser un espacio de curiosidad para escuchar a ser un espacio de escenificación. Los asistentes son extras preparados para la intervención televisiva o la foto. Al míting solamente van los fanáticos -no ya los convencidos-. El míting es un sinsentido donde el que habla sabe que no tiene nada que enseñar y los que escuchan nada que aprender. El míting como traducción política del púlpito y el sermón es un absurdo político hoy en día. Habrá que rediseñar el míting como lugar de intercambio y no de escenificación. 
  3. El cartel de la cara. La personificación del proyecto era lógica para una sociedad que salía rápidamente del analfabetismo. Después para  una época de líderes asentados (Suarez, Gonzalez, Aznar, Pujol) y ahora simplemente es una inercia. Los aparatos de los partidos son más fuertes que sus liderazgos. Pocos candidatos hay que superen sus siglas. La foto del candidato se aplica a elecciones no presidenciales como las europeas donde no se elige a un solo candidato sino varios que cuelan los partidos y nunca dan la cara. El caso de Podemos esta vez es la caricatura perfecta de este ritual absurdo. El cartel y su obsesión por el candidato bello han perdido fuerza. No aporta nada a la notoriedad de la opción política. Sin embargo ya hay fuerzas (UpyD) que presentan un grupo lo que parece más lógico. En elecciones locales es imprescindible. En otras elecciones debería ser más combinado con siglas u otras alternativas como el cartel de marca diseñado. Algo de creatividad haría falta. 
  4. El programa electoral. El mismo programa electoral es un absurdo. La realidad es tan enorme que es imposible recoger todo en un manual. Tener previstos cuatro años enteros es un absurdo. Es absurdo prometer y es absurdo hacer creer que la realidad está prevista y es previsible. El programa electoral entendido como una arquitectura de la legislatura no tiene sentido. Es un instrumento innecesario. Si los partidos quieren definir sus orientaciones disponen de muchos otros mecanismos y el hiperenlace parece la clave donde pasado, presente y futuro se entrelazan. Una decisión electoral es una película y no una fotografía. 
  5. Las fotos de campaña. Durante la campaña electoral los candidatos intentan asociarse a imágenes. Sus jefes de campaña se afanan a intentar que el subconsciente de los electores actue por asociación directa. El candidato visita una industria por lo que le preocupa la industria. El candidato va a ver ancianos luego se preocupa por los ancianos. El candidato besa niños luego es una persona cercana. Las viejas campañas permitían construir un candidato de laboratorio. Hoy en día Twitter te destroza cualquier candidato en un día. La teoría de las imágenes es una inercia absurda. El debate político ya es muy amplio en redes sociales y espacios mediáticos. El elector sufre una invasión de imágenes previas y posteriores a la campaña. No es aquel canal en el que un minuto de televisión era lo preferido de Alfonso Guerra. Vivimos en una sociedad saturada de televisión. El impacto de las imágenes se ha derrumbado. 

La inercia es la segunda fuerza más importante del universo tras la gravedad. Pararse a pensar en los por qué es casi tan dificil como saltar cada vez más alto. Votar con urna es casi un vestigio prehistórico solamente entendible desde la tecnofobia de una generación que sigue reinando aunque no gobernando. 



copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com