La trampa de la cabeza de caballo


Jack Woltz es un productor de Hollywood que se niega a darle un papel protagonista al cantante Johny Fontane. Eso disgusta profundamente a Don Vito Corleone que elige un método muy visible para advertirle de su error y del futuro que le espera si persiste. Woltz amanece entre sábanas de seda, con la cama llena de sangre y una cabeza de caballo cortada en la cama. 

La lógica de la carga de trabajo y el ahogo tiene como finalidad la fatiga del pensamiento. En realidad el truco es viejo. Se ha usado con los animales de carga de todos los tiempos. Tapar los lados de los ojos para evitar la lateralidad de opciones y ofrecer un impacto frontal lo suficientemente adictivo. En banca la carga de trabajo es adictiva porque se mezcla con responsabilidad y dinero. La evitación de la lateralidad es fundamental hoy en día aunque sea precisamente el mayor error de una gran organización tenga la misión estratégica que tenga.

¿Por que asumir la carga de trabajo de manera responsable en el presente en realidad es comportarse de manera irresponsable en el futuro? Básicamente porque con el ahogo actual y el enfoque de la "nueva banca" están robando el futuro de las plantillas desde varios puntos de vista.

  1. Menos carrera profesional. Te roban el futuro porque asumir un ritmo tan frenético en términos deportivos reduce la capacidad de carga temporal. Dicho más claramente a este ritmo no se puede aguantar más de diez años. Los humanos no somos como las máquinas. Los humanos envejecemos y perdemos agilidad aunque ganemos otras virtudes. En la banca frenética el esfuerzo es de tal magnitud que acorta mucho la carrera profesional. El período productivo que manejan las entidades hoy en día es absurdo porque solamente abarca de los 30 a los 50 (y soy prudente porque podría argumentar que se acerca a los 35 y los 45). Este estrechamiento de itinerario profesional es absurdo e inhumano. No tiene lógica empresarial ni lógica económica ni sentido común. Sin descansos es imposible correr una maratón a ritmo de 1500. Esto solamente se puede basar en la subasta de salarios y la rotación laboral. Pero así la banca se convertiría en una trituradora de profesionales. 
  2. Más errores. Te roban el futuro porque trabajar a esta velocidad te expone a una posibilidad de error máxima que la entidad puede usar en cualquier momento mediante una auditoria en tu contra. Trabajando así de rápido la "cagaras" varias veces y eso queda ahí. Todo lo que hagas mal puede ser usado en tu contra en una auditoria injusta. 
  3. Menos empleabilidad. Te roban el futuro porque están vaciando la profesión de contenido con la obsesión por la "parabanca". La focalización del esfuerzo comercial en productos de parabanca es pan para hoy y hambre para mañana en términos empresariales pero en términos profesionales es una pérdida de bagaje y de contenido profesional. Dicho de otra manera, un empleado de banca pierde empleabilidad de manera que si ahora saliera de la banca lo lógico es que fuera a presentar su currículum en un hipermercado (planta de hogar) o en una empresa de seguros. 
  4. Menos versatilidad. Lo anterior sirve para la red de oficinas a la que mantienen en banca generalista "capada", banca retail de piedra dura a la que le han quitado todas las fuentes de ingreso rentables y de acceso a productividad (empresas, instituciones y grandes patrimonios). La pérdida de versatilidad es grande pero los especialistas de departamentos centrales no lo tienen mejor. La segmentación y especialización es una decisión de itinerario profesional de difícil retorno. Es difícil recorrer el camino de vuelta hacia la oficina cuando te has hecho especialista en algo. La especialización te convierte en imprescindible, tu te lo crees y trabajas más, hasta que una moda de Recursos Humanos convierte tu departamento en un área superflua. 
  5. Menos negocio. La banca frenética cuestiona la viabilidad de las propias empresas bancarias tradicionales que resquebrajan los pilares de la banca. La banca frenética rompe los principios de confianza (clientes más desconfiados) y prudencia (colocación de productos a clientes manifiestamente inadecuados). La banca frenética atenta contra el sentido común y solamente permite sobrevivir a una empresa a corto plazo en entornos de oligopolio. Todo eso cuestiona la viabilidad de la empresa. El problema no es la supervivencia del sector -que un negocio de intermediación siempre asegura si se hace bien- sino la supervivencia de tu entidad y por tanto tu futuro profesional. Y yendo mucho más allá la función económica que realiza el banco en la sociedad: la búsqueda de las unidades de gasto y ahorro más eficientes para generar riqueza colectiva. Si la banca convencional pierde esa misión final carecerá de sentido y otra banca vendrá a sustituirla. 


En realidad lo que ocurre es que ahora mismo los empleados de banca estamos organizando nuestro propio secuestro del presente pero además nos estamos presentando voluntarios como rehenes del futuro. No es inteligente asumir el ritmo frenético actual sin ningún matiz y de manera acrítica (estamos todos igual, esto es lo que hay, la banca está cambiando). Acumulamos tantas posibilidades de error que el día que digamos que no queremos que el cantante sea el protagonista de la película nos aparecerá una cabeza de caballo en la cama. Y entonces nos asustaremos mucho. Pero fuimos nosotros los que compramos el caballo por no levantar la cabeza. 

Las soluciones pasan de la mano de la creación de instrumentos de defensa de los profesionales de banca, tanto códigos éticos como colegios o asociaciones profesionales que velen por la integridad y la dignidad de los cirujanos del dinero. La banca es una profesión digna y socialmente imprescindible. Si te dejan hacerla bien. 

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