Funerales civiles


La muerte no es un tema agradable. La obviamos como fenómeno. Si la tuviéramos más en consideración no viviríamos como vivimos. Dicen que hay que vivir como si fuéramos a morir mañana. Yo prefiero vivir como si hubiera nacido ayer. Con la misma curiosidad. Con la misma ingenuidad. Con la misma capacidad de sorpresa. Morimos. Todos moriremos. La muerte es un situación innata al ser humano. Las religiones lo saben y preparan su liturgia.

He dejado pasar unas semanas desde que la muerte rondará mi familia en dos ocasiones. Cada una de una manera diferente. Absurda como siempre. Hace poco que murió mi abuela tras una larga enfermedad degenerativa. Y poco después moría un primo de mi madre repentinamente. Sin ningún aviso previo. 

La muerte se presentaba de pronto y sin que nadie lo hubiera previsto. 

Hace unos años en una de las decenas de ideas que me surgen y no puedo llevar a cabo presenté un proyecto de alternativa laica a los cursos de catecismo. Lo presenté a la Asociación de Vecinos la Forja. Empecé a trabajar y no pude llevarlo a cabo. Años después apareció una asignatura llamada Educación para la ciudadanía que era básicamente lo que yo quería hacer. Pensaba y pienso firmemente que deben existir alternativas civiles al bautismo, a la comunión, a las bodas y a los funerales. No son fenómenos exclusivamente católicos. Cada una representa una fase de la vida. El catolicismo lo supo interpretar. El bautismo como bienvenida, la comunión como transformación e iniciación a la adolescencia y al cambio, la boda como compromiso de amor y el funeral como despedida. Son actos de vida. Incluso la muerte lo es. 

El estado debería tener prevista la muerte. Los que creemos más en la razón que en la fé deberíamos tener una alternativa dulce para soportar el dolor. Deberíamos contar con un ritual establecido. Tenemos bodas civiles con rituales civiles. Diseñados para la alegría, para el encuentro, para la apología del amor. Sin embargo, la muerte nadie quiere dibujarla. Yo hice mi intento. En el funeral de mi abuela, les dije a mis padres que quería hablar. Lo hice después del cura que hizo un habitual discurso católico de sacrificio, dolor y recompensa en otra vida. Yo quise hablar de esta vida, de lo que significaba mi abuela cuando estaba viva. De lo que consiguió, de lo que simbolizo. De su contexto histórico. De la lucha por cuidarla de mi madre y de mi tía. No sé si lo hice bien. Yo soy yo y hablo de lo que hablo, de lo que veo, de lo que siento, de lo que creo. Lo hice lo mejor que pude para que si me escuchara mi abuela estuviera orgullosa de mi. 

Para mi un ritual de la muerte es un momento de memoria, de homenaje y de futuro. El laicismo debería tener un lugar donde rendir homenaje a nuestros muertos. Un lugar donde poder pasar un video de la vida de alguien, un lugar donde poner su foto, un lugar donde dirigir unas palabras y unas palabras ya escritas para quien las necesita. Los ateos nos merecemos un funeral bonito donde dejar una carta escrita para la próxima criatura que venga al mundo. 



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