¿Por qué no hay una revolución en España?


Parece que no pasa nada. Al menos nada perceptible. Siempre pasa algo pero en España parece que no pasa nada. ¿Cómo han conseguido ese milagro? ¿Cómo han conseguido que España acepte con tanta docilidad las políticas de austericidio? ¿Donde está la rebeldía? ¿Por qué no hay una revolución en España? 

Recuerdo la segunda vez que leí Nosaltres els valencians de Joan Fuster. La segunda lectura de un libro no es igual que la primera. En la segunda no me dejé invadir por el shock catalanista sino por el atrevimiento de Fuster en diversas materias. Todas sus teorías resultaron superadas pero era la primera vez que en aquella época alguien se atrevía a abordar algunas materias que después diversas tesis doctorales fueron actualizando o desmintiendo o simplemente ampliando. Descubrí un Fuster más atrevido y racionalista que beligerante y nacionalista.

Me atrevo hoy a realizar un ejercicio que no me corresponde pero no encuentro hecho. Seguro que en círculos académicos ya hay sesudos ejercicios parciales de explicación. Yo en Internet no los he encontrado. Y me atrevo para poder explicarme a mi mismo lo aparantemente inexplicable. ¿Por qué en España no hay una revolución? 

Lo primero sería dirimir las diferencias entre revolución (un vuelco social y político organizado y sostenido) de una rebelión (una revuelta social organizada, exitosa y parcial). Ejemplos de rebeliones existosas hay unos cuantos (Gamonal o Sanidad en Madrid son las más recientes). A efectos de este artículo hay que diferenciar. La revolución es abstracta. La rebelión es concreta. La revolución es global. La rebelión es territorial.  La Revolución es difícil de ganar porque crea un nuevo todo. La rebelión es fácil de ganar porque solamente cuestiona una parte.
Revolución no hay. Rebeliones muchas.

El Efecto Memoria. 

Históricamente España tiene un efecto memoria evidente. España hizo muy rápidamente su proceso de alfabetización. En poco tiempo formó muchas generaciones. Cada una a su ritmo. El salto más espectacular vino con la democracia y la educación universal. El efecto memoria es determinante para cada generación que recuerda como no hace tanto se vivía de una determinada manera. Los cambios vertiginosos son de digestión lenta. El efecto memoria es un recuerdo de una época peor demasiado reciente que permite asumir costes y sacrificios con más facilidad porque sigue ahí en la mente el momento en que se hicieron esos o unos parecidos y no hace tanto. El Efecto Memoria del español medio atraviesa cualquier análisis socio político del resto de factores que enumero. Siempre queda una sensación de que podemos volver atrás sin problemas porque ya fuimos capaces de superarlo. Es el síndrome del nuevo rico que recuerda que hace poco fue pobre y se acostumbra rápidamente a serlo.

Revolución invisible. Rebeliones evidentes. 

Los períodos de cambio son lentos y la realidad es vertiginosa. Nuestra sensación de transcurso temporal es urgente y ansiosa. El ritmo narrativo de la vida actual es muy alto lo que impide el balance. Pasan cosas y muy importantes pero vividas minuto a minuto y sin balance social de trayectoria carecen de sentido. La simple acumulación de vivencias sin hilo conductor es la que permite seguir adelante sin revolución pero con abundantes microrebeliones. Ningún apartado por sí solo es motivo de revolución pero sí de rebelión. Se aíslan las noticias y los hechos en muchos vagones y ningún tren. Y la memoria ideológica no llega más allá de dos meses. Vivimos en un hoy permanente. Las oleadas de Twitter son una muestra de ello. Se produce un acelerón y una vuelta a la normalidad como si fuera un episodio de Érase una vez el hombre. El dominio del acelerón es el arte de la sumisión. Los movimientos son pues subterráneos. Las rebeliones son el humo de las colillas que demuestran que aquí han fumao. Todo va sucediendo mientras parece que no sucede nada. Suceden pequeñas cosas que van minando el subsuelo y los pilares. Todo caerá a su debido tiempo. Los movimientos son invisibles salvo que los mires con lupa. Por ejemplo, el poder se ocupa de dominar los cuerpos en la calle (contador de manifestantes) y las mentes en la televisión. Pero miles de personas han desaparecido de los dos sitios y hacen política en otros lugares lo que traerá cambios sustanciales pero ahora imperceptibles. Hay revolución invisible y rebelión llamativa.

Estructura social. 

Hay un problema de sujeto activo revolucionario. El crecimiento tan rápido de la economía española se alimentó básicamente de jóvenes, mujeres que no se habían incorporado al mercado de trabajo e inmigrantes. Es de suponer que los primeros en salir también hayan sido los mismos. Por tanto, el sistema patriarcal de mercado laboral (papá que trabaja con buen sueldo) permite mantener las redes de asistencia familiar (mami deja de trabajar, el nene o la nena se va a Londrés y ya volverá). Eso evita una explosión o la hace controlada. De nuevo el efecto memoria (no pasa nada si la mami no trabaja) funciona como atadura atávica española. Ninguno de los tres colectivos está cohesionado ni tiene a su alcance recursos (agenda +contenido + dinero) para llevar a cabo una rebelión. El patriarcado permite subsistir al sistema sin grandes desmanes.

A esto debemos añadir la fractura generacional y la fractura socieconómica. La crisis ha afectado básicamente a los colectivos vulnerables: hombres de baja formación, mujeres, jóvenes e inmigrantes. Y no a todos ellos, evidentemente hay gente trabajando de todos los colectivos. No tengo cifras pero me atrevería a situar en el entorno del 30% a los muy afectados por la crisis. Sin embargo, el 70% de la población española (pensionistas + trabajadores con contrato indefinido) siguen con una vida "normal". Es cierto, un 30% de la población se ha empobrecido mucho. Ha aumentado la desigualdad pero las bases que sustentan el día a día siguen ahí. Y nadie se rebela cuando tiene más cosas que perder que cosas que ganar. Quienes tienen motivos para montarla no pueden hacerlo por falta de medios y de ideas. No tocar las pensiones en un pirámide de población como la actual es una clave fundamental del estatismo social. Aseguran que una parte de la población que ya no está parada pero está quieta.

Aún así ha quedado ampliamente demostrado que la no existencia de una revolución no implica la inexistencia de una rebelión. Rebelión existe, desde muchos sectores y desde muchas actitudes. España es una de los países que más se manifiesta en las calles y que más corriente crítica genera. El problema no es de cantidad de protesta sino de calidad de la protesta y especialmente de liderazgos. Los liderazgos surgen de posiciones sólidas y no endebles. Eso sí, dentro de la solidez surgen del atrevimiento. España tiene un problema de liderazgos. El Régimen del 78 todavía no ha abandonado las esferas de poder y ese Régimen sigue teniendo miedo al disturbio callejero. Su mayor obsesión fue la transición pacífica y para ello sacrificaron un montón de cosas. De nuevo el Efecto Memoria surge para delimitar el perímetro de la rebelión. Tenemos liderazgos agotados, incapaces de tensionar, incapaces de entender una nueva realidad que ha surgido en muy poco tiempo. Y son liderazgos de todo tipo, empresariales, políticos, sindicales, culturales, mediáticos. La generación del 78 lo tapa todo porque no sabe retirarse a tiempo. La transición no está acabada, siguen controlando que no haya un estallido. La calle es de ellos como dijo Fraga. Los liderazgos de izquierda son determinantes en esta historia. Sindicatos y partidos de izquierda siguen gestionados por la generación del 78. Vivimos en los últimos episodios de Cuéntame y así nos va. No hay rebelión posible sin líderes que la entiendan, la expliquen y la compartan. Asistimos a una especie de artritis ideológica de nuestros ancianos líderes.

Estructura Económica

El sistema económico no ayuda. España parece condenada a ser España d'Or, país de vacaciones. El sol constante de algunas zonas crea sombras económicas. El tejido productivo real (industrial) tiene músculo reivindicativo pero sectorialmente es débil. La estructura de sectores en España sigue dejando un amplio lugar para el sector servicios intensivo en mano de obra lo que obliga a mantener salarios a raya para ser competitivos. Si queremos que vengan de vacaciones tenemos que ofrecer un producto en buena relación calidad precio. El sol viene de serie. No esperemos que los agricultores monten una revolución pero también es difícil que lo hagan la legión de parados sin formación que forman las listas del INEM. Una revolución, un vuelco social, requiere contenidos, organización, estrategia, coordinación y todo eso requiere contenido intelectual. Los que tienen eso tienen mucho que perder y los que no tienen nada que perder no tienen eso.
Me atrevo a asegurar que esos sectores (servicios en general de atención al público) son los que más economía sumergida tienen después de los autónomos. La tradición de economía sumergida en España se incluye dentro del Efecto Memoria. Es fácil volver a negro cuando se sabe cómo se hace. Mantener una economía de subsistencia en  España es fácil si se domina el Know-how. Y en una sociedad donde el ahora es primordial, tener pan para hoy manda lejos el mañana.

Estructura política

Más allá de los liderazgos el Regimen del 78 se preocupó muy mucho de introducir mecanismos de control de la revuelta. Fue una de sus mayores preocupaciones, prevenir estallidos incontrolados. Así estableció una legislación electoral muy preocupada por la agrupación ideológica en pocos frentes. La Ley Electoral intenta evitar la dispersión ideológica y prioriza pocas opciones mediante mecanismos perversos. La Ley Electoral intenta que haya pocas opciones para facilitar el dominio de la gestión social.
El sistema no se quedó ahí también estableció controles judiciales de la disidencia. Especialmente cuando se cuestionan los axiomas del Regimen del 78 como: unidad indisoluble (Tribunal Constitucional como origen de la consulta catalana) o memoria histórica (caso Garzón). Cualquier persona que cuestione el orden establecido es juzgada rápidamente y lapidada socialmente para ejemplarizar. Van cortando barbas de vecino constantemente.

El Regimen del 78 estableció un control férreo de los partidos como organizaciones. Hasta el punto que tenemos partidos enfermos que se comen a sus componentes. El aparato controla todo: el dinero, las ideas, los puestos. Toda la arquitectura política se construye sobre el eje del partido político. Hemos creado un monstruo que ahora lo tapa todo y nos impide movernos, llevamos un traje de buzo que nos hace torpes en la revuelta. Toda la rebeldía actual prácticamente está fuera de los partidos. Y lo mismo o parecido se puede aplicar al movimiento sindical. El paradigma dominante -con muchas y honrosas excepciones- es una especie de empresa de servicios laborales cuando no en una cadena de favores. El sindicalismo se siente cómodo en la negociación (gestión de la realidad existente) e incómodo en la tensión (transformación de la realidad existente)

Es más, la democracia representativa defiende sus privilegios. La democracia mediada tiene miedo de la democracia real. Ese choque hace que los integrados en la democracia representativa tengan miedo del ejercicio de otro tipo de democracia. Básicamente por el privilegio de mediar da mucho rédito. Tienen miedo al descontrol de las ideas pero más a la patente exclusiva de su gestión. Tienen demasiado que perder. Por eso practican el gatopardismo.

Y a todo esto además la arquitectura orgánica ha incluido nuevos interlocutores desconocidos y un poco bunkerizados. Aparece la instancia europea como algo nuevo y las comunidades autónomas como algo viejo. Europa resulta incomprensible. Nadie sabe en qué consiste por más que lo intentan explicar gentes de buena voluntad. Además es una muralla infranqueable, un padre estricto (Lakoff "No pienses en un elefante") que te obliga a hacer los deberes sin misericordia. El sacrificio es fácil de vender en un país educado en el dolor. Por otro lado, las comunidades autónomas, el equilibrismo identitario del café para todos hasta que alguien pidió té. Las comunidades autónomas surgen para resolver dos problemas y han creado diecisiete. La irresponsabildad de gestión (nadie atribuye culpas autonómicas sino que todas van al gobierno central incluso sin competencias en la materia) y el dumping político (a ver quien la tiene más larga) son un problema enorme para planificar un país serio. La planificación de infraestructuras ha sido mala por la visión parcial y autonómica del tema. Esta arquitectura tan difusa donde no existe un único interlocutor dificulta una revolución y facilita la rebelión. Sabes contra quien rebelarte en cada tema  pero es imposible coser las rebeliones en una revolución. La cuestión es que cada vez es un interlocutor diferente. Es difícil hacer una revolución global y es fácil hacer una rebelión en El Álamo.

Estructura mediática.

Me dejo para el final a los controladores de mentes. La televisión pasará a la historia como el medio que mejor interpretó el sistema capitalista. Democracia, mercado y televisión parece que han crecido juntos. Sin duda el medio que mejor ha practicado el hedonismo de la diversión y el entretenimiento. La televisión te mete en casa y te enseña el mundo por una ventana. Solo que esa ventana da a un lugar dirigido. Platón ya sabía de televisión en su mito de la caverna. Los medios de comunicación son empresas con acciones. Esas acciones son propiedad empresas de todo tipo. Esas empresas están interesadas en tu consumo y no en tu información o formación de pensamiento. Por tanto, las televisiones tratan de crear buenos consumidores y no buenos ciudadanos. Un consumidor bueno -el mejor consumidor- es un ciudadano que trabaja, gana dinero y después se lo gasta en lo que le dice la tele (eso básicamente son los anuncios). Vacaciones, ropa, muebles, coches.. la cuestión es conseguir que el mundo se divierta y se entretenga y además pague por ello.
Ninguna revolución es divertida, requiere pensar y requiere algo de desobediencia. En resumen requiere tiempo y estar en contacto con otra gente. Por eso la televisión tiene tanto interés en colonizar y criminalizar Internet. No verás una noticia buena en la tele que hable de Internet. Saben que son competencia. El consumo se asocia a la calma, al placer y eso no tiene nada que ver con una rebelíón por más que la Sexta quiera retransmitir una revolución en directo o Wyoming sea el bufón de la izquierda. Te quieren en casa (no en la calle) y viendo algo que te divierta (para que no pienses). Y lo hacen bien porque repasa los anteriores puntos y veras que tampoco hay tanta gente deseando pensar.

Mención aparte merece el dominio de la violencia por los medios. La criminalización permanente de los brotes de gamberrismo (llamarle violencia es excesivo salvo la última del 22M que ya sí es violencia) de las protestas tiene que ver con el Regimen del 78, con el efecto memoria (ETA) y con el dominio de la calle. Dedican mucho tiempo a poner la violencia en un lado aún sabiendo que el día que eso sea verdad las cartas serán muy distintas. Ponen el miedo a la revuelta en el otro lado aunque el miedo lo tienen ellos. Le dicen a los pobres que tengan cuidado con la revuelta cuando quienes tienen algo que perder son los ricos. Curiosa gestión mediática. El capital tiene miedo a tener miedo de verdad. Por eso necesitan controlar el gamberrismo porque el día que suba de grado hasta violencia tendrán que replegar posiciones. No se atreverán a esta ofensiva contra todo el sistema de bienestar ganado en cincuenta años. No hablaran igual. Con la violencia perdemos todos pero unos más que otros. Especialmente el capital.

Así que sin líderes que dirijan el cotarro, con más cosas que perder que cosas que ganar, con recuerdos de cuando todavía éramos pobres, con controles políticos, judiciales y policiales férreos, con televisiones que controlan las mentes hacia la diversión, con economía sumergida, con un pais de vacaciones, con un 70% de personas quietas y un 30% paradas. Así, no hay país que organice una Spanish Revolution. Como mucho una rebelión catalana. 








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