El increible futbolista burbuja

Pocos han sido los futbolistas que han tenido algún tipo de inquietud ideológica o social y menos todavía los que se decantaron por la izquierda. La historia nos cuenta multitud de historias de futbolistas burbuja. Viven en un mundo aparte. Son la "casta" del fútbol en el neolenguaje actual. Olvidan lo que fueron sus padres y el mundo que les rodea porque viven en una burbuja. 

En Argentina 78 algunos países -por ejemplo Holanda- se plantearon la posibilidad del boicot ante el ejercicio obsceno de internacionalización del escaparate de una dictadura que practicaba el genocidio y la tortura. Los futbolistas españoles dijeron no enterarse de nada. No sabían lo que ocurría. Probablemente tampoco se enteraban de la gestación de la Constitución Española. Y eso que a escasos metros del estadio en el que jugaban se torturaba a disidentes de la oposición argentina. Y eso que las Madres de la Plaza de Mayo ya se paseaban por sus hijos. Solamente algunos jugadores holandeses se acercaron.
El Mundial del 82 vino a una España de democracia en pañales y se eligió Valencia como sede y el Naranjito como mascota. No hacía ni un año que los tanques golpistas circulaban por Valencia y el españolismo centralista había elegido el "cap i casal" para disputar su liga particular con los nacionalismos periféricos. Demasiadas casualidades. Tampoco los futbolistas se enteraban de nada.

En España el futbolista comprometido es una especie poco protegida. La mayoría han sido vascos y abertzales. En Euskadi la ideología todavía es transversal y llega al deporte. Pero España no entiende el fútbol abertzale así que ningunea cuando no discrimina y conflictualiza cualquier tipo de posición disidente. Entre los valencianos poca gente se ha atrevido a dar algún paso en ese sentido. Salvador Cordero fue líbero del Valencia y el primer sindicalista del club de Mestalla. Abrazó el "fusterianismo" durante la transición y se le condenó como a cualquiera que hacía algo así en plena Batalla de Valencia.

En Europa una de las historias más bellas que retrata el libro de Quique Peinado "Futbolistas de Izquierdas" es la de Cristiano Lucarelli que pasó por Valencia con más pena que gloria. Indudablemente Mestalla no era su sitio. Su sitio era Livorno una ciudad industrial y obrera. Lo único "che" que tenía Lucarelli era el Che Guevara.

El St Pauli alemán como el Rayo Vallecano y los Bukaneros son de los pocos ejemplos en los que el fútbol se impregna de valores alternativos. No siempre fue así. El futbolista de los cincuenta y los sesenta tenía muchos problemas laborales que llevaron a algunas luchas. El futbolista era cautivo de un club que podía condenarlo para siempre. De hecho la Ley Bosman no es más que una ley que libera al jugador del yugo del club para poder irse a otro club rescindiendo su contrato. Las luchas de los sindicatos de futbolistas franceses son memorables. Un futbolista no cobraba si no jugaba con lo que una lesión podía costarle el oficio. Aún así hoy en día el fútbol es más de lo que se ve en la pantalla y hay miles de jugadores que se ganan la vida en divisiones inferiores con clubs que no pagan, pagan mal o pagan tarde. Son los obreros del fútbol.
Algo así le pasa el periodismo deportivo que se desvincula de la sociedad en la que vive. Tan solo algunos intentos tímidos de hacer periodismo de verdad surgen entre los "peloteros mediáticos". Sin ir más lejos, el acercamiento al fenómeno Guardiola y el referéndum de Catalunya se hace con un escaso bagaje periodístico. Se hace con temor. El temor a la seriedad, a la no diversión. Parece que el periodismo deportivos es menos periodismo o se diluye en otros principios. El acercamiento de la prensa deportiva a las cuestiones ideológicas es tan tímido y miedoso que se queda en la mera anécdota. El fútbol es más que el opio del pueblo y las cuestiones complejas no tienen cabida. Los deportes tienen una barrera de entrada: la complejidad. Y se acercan a esa complejidad con una enorme perplejidad.
Nos espera un mundial de fútbol lleno de futbolistas burbuja a los que se les preguntará por la situación de Brasil y no sabrán qué contestar. Resurgirá el silencio de aquella rueda de prensa cuando la selección campeona del Mundo: la Roja participó en un partido-escaparate a mayor gloria de un régimen como el de Guinea Ecuatorial. Los futbolistas demostraron el mismo conocimiento de geopolítica que las misses que hablan de Rusia. Un país muy bonito donde ha habido muchos cambios.

Y así llegamos a Iniesta. Un jugador de fútbol que sale de una familia pequeña en un pueblo pequeño con una extraña y maravillosa habilidad para entender un juego que es casi un deporte. Un jugador que dice que en Brasil deberían estar muy contentos porque tienen un mundial. Un futbolista burbuja como tantos otros. Que no es capaz de mirar más allá de su escolta policial. Más allá del hotel hay un mundo. Pero ya se encarga el ejército y la policía de que no lo vean. Ya se encarga la FIFA de construir una buena burbuja para proteger el negocio.
Mientras tanto hay una huelga en el Metro. El Metro es la única manera de llegar al estadio del partido inaugural. Quizá ante un estadio vacío los jugadores se den cuenta de lo que es una burbuja.

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