Fútbol contra la crisis

Simon Kuper era un joven de ventipocos años que decidió emprender un proyecto que le llevaría por todo el mundo. Con esa edad se atrevió a escribir un libro y recorrer todos los continentes para demostrar su tesis: el fútbol es el reflejo de la sociedad en la sucede. El libro se llama Fútbol contra el enemigo.
Efectivamente, Inglaterra juega a la inglesa, Brasil a la brasileña, Argentina a la argentina y cuando alguno de esos países ha querido jugar a otra cosa ha fracasado. No es el caso de España aunque eso no desmonta la tesis de Kuper. España pasó de ser la "furia española" a ser el equipo del Tiki Taka. Y eso fue la demostración de que realmente un país juega a lo que vive y a lo que siente. Esta generación de jugadores que ahora es pisoteada nacieron en los ochenta y muchos. Crecieron en los noventa cuando la década prodigiosa permitía a este país tener campos de hierba artificial y empezar a jugar al fútbol sin piedras ni pedradas. Rafa Nadal es también el producto de una sociedad que dispersa actividad deportiva también hacia el tenis. Un deporte de pijos en otra época. Los campeones del basquet surgieron de una época en la que este país se empezó a permitir la proliferación de pabellones cubiertos. Y supongo que no soy el único que ha visto que la media de altura en España ha subido en diez centímetros por lo menos y que algo ha tenido que ver la alimentación y la sanidad pública en España.

España es como juega. Y juega como es. La vida es fútbol. Y ahora jugamos mal. Tenemos un ciclo agotado. El bipartidismo y el constitucionalismo transicional ha agotado su ciclo. Como el grupo humano y cohesionado de "la roja". España explota a sus trabajadores como a sus jugadores que han llegado al mundial con dos partidos por semana en sus botas. La explotación ya no depende del sueldo. Y el fútbol es tan creativo como escribir. Requiere ocio, creatividad y descanso. España ya no sabe a qué juega. Ni en el campo ni en el mundo. A Del Bosque solamente le faltó llamar a Alemania para hacer la alineación para estar en consonancia con los tiempos.

El fútbol es el reflejo de un país. Brasil es un estado sitiado donde se esconden los problemas para mostrar los estadios. Un país en el que lo único emergente es aparente. Un brasileño juega con España pensando que era su tierra prometida. Es es el espejo de la última década. Miles de personas viniendo a España en busca de una vida mejor.
Supongo que recuerdan aquella Eurocopa del 84. En aquella selección de Francia ganadora de su Eurocopa jugaba Manuel Amoros. Un lateral español y valenciano para más señas. Bueno, no era español era el hijo de unos emigrantes españoles que se quedaron a vivir en Francia.
Recuerden esto: dentro de unos años un chico destacará y jugará en la selección alemana. Tendrá nombre español. Sus padres se tuvieron que ir allí. Y allí se quedaron. Criaron un hijo que quizá juegue en el Bayern de Munich. No es mi deseo. Mi deseo en realidad es que juegue en el St Pauli. Para que la vida sea más justa y más mágica.
Jugamos a lo que podemos. Y sin embargo nadie dice que hemos jugado por encima de nuestras posibilidades. Es mi próximo libro: Fútbol contra la crisis.

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