Coleccionistas de cromos

Por estas fechas estaría yo por la calle buscando algún jugador de últimos fichajes, quizá a Calderón el del Betis o quizá a Wilmar Cabrera que me costaron mucho de conseguir. Fue mi primera experiencia económica. Yo decidí no ir a los coches de choque ni comprar chucherías para gastármelo todo en cromos. Toda la paga semanal de mi abuela era para cromos. Me daba veinte duros y yo bajaba al kiosko que estaba justo al lado de la puerta de la finca y me compraba veinte sobres de cromos.

La obsesión por la muerte del ser humano es una constante. No solo por entenderla sino por superarla. La trascendencia obsesiona a las personas. Trascender a tu vida. Pasar a la historia. Ser recordado a través de la memoria.  Los faraones egipcios concibieron enromes lechos mortales en forma de pirámidez que ahora visitamos como turistas. La gloria en la batalla fue otra manera de pasar a la historia, de permanecer vivos después de muertos. Escribir. Matar. Cantar. Amar. Suicidarse. Sin embargo, lo más grave es que aras de la trascendencia se han sacrificado vidas y vidas. Especialmente las ajenas.

La mayor apología del sacrificio terrenal la ha producido el catolicismo con sus teorías de la salvación concibiendo la vida eterna como la única y verdadera y reduciendo la vida terrenal a una vida de segunda categoría. Cuánto daño ha hecho esa doctrina del sacrificio y a cuánta gente.

En la misma semana han muerto dos prohombres que querían pasar a la historia. Dos faraones de nuestra época. Solamente así se entiende su doctrina del trabajo y sus opiniones expresadas públicamente, especialmente las de Botin.

Trabajar más para acumular más para seguir trabajando más. Trabajar todo el tiempo para no tener tiempo más que para trabajar. Sacrificar la vida trabajando todo el tiempo y esperar que los demás quieran participar de nuestra pirámide. O incluso sumergirlos en la pirámide con nosotros. Una pirámide en vida llena de jeroglíficos del IBEX35. Una pirámide con todos nuestros tesoros.

Trabajo en un banco como el de Botin y convivo diariamente con gente que ha elevado la religión del trabajo y la acumulación de dinero a la hoguera de las vanidades. Cada día oigo frases como "hace falta más compromiso" "así no van a salir las cifras" "un último esfuerzo" o "te falta compromiso". Sacrificar la vida por una misión mayor, la empresa, la riqueza, la herencia, la educación de los niños sin recordar que como guionizó Aristaín en Lugares comunes, el futuro es una invención de la clase dirigente para tenernos atemorizados.

Coleccioné cromos hasta el 86 en que me empezó a dar vergüenza ir al Instituto y seguir cambiando cromos. Entonces dejé de hacerlo. Hasta hoy que siguen en el desván de mis padres.

Y a mi alrededor no veo más que gente que sigue coleccionando cromos.  Coleccionan cromos y todo se lo gastan en cromos. El problema es que nunca acaban de completar ningún albúm. Yo al menos tengo cinco.


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