¿Por qué Sagunto nunca acaba de despegar?

Dejé la política municipal porque monopolizaba demasiado mi pensamiento. Necesitaba pensar sobre otras cosas. Sin embargo, de vez en cuando vuelvo a ella aunque solamente sea para no tirar a la basura tantos años de lectura y observación pensando una ciudad en colectivo. 



Sagunto padece una insatisfacción crónica. Cada vez que parece que va a despegar se queda en tierra. Pasó en los ochenta con los terrenos de la cuarta planta y el cierre de la siderúrgica y volvió a pasar con la fiebre del ladrillo y Parc Sagunt.
Sagunto parece la eterna promesa, el Guti de los municipios, la gran esperanza blanca que acaba noqueada en el último asalto. Creo que es una sensación compartida que forma parte de la siguiente frase al punto y seguido donde acaba la afirmación -quizá vanidosa- de "Sagunto tiene todos los ingredientes para ser una gran ciudad del futuro". Pero eso nunca sucede.
En un post analicé los problemas de marca que tiene Sagunto citando algunas deficiencias que no sentarían demasiado bien a los apóstoles del optimismo patológico. Algo pasa cuando algo no pasa. Tiene que haber una causa para que Sagunto nunca consiga explotar.

Bajo mi punto de vista uno de los ejes del análisis fundamental es la unidad. La unidad del arco político municipal es determinante. Mejor dicho su absoluta inexistencia es el factor determinante. No es un discurso retórico. Me explico. Sagunto es una ciudad con demasiados núcleos de decisión externos. Así pues la única manera de contrarrestar esa externalización de centros de decisión es obtener un centro interno sólido y firme. De lo contrario el magnetismo de los satélites acaba por llevar al planeta de un sitio a otro sin ningún sentido. Mientras Sagunto no tenga un centro de decisión política sólido padecerá el síndrome de la política pasiva. Le hacen la política por detrás. El resto de centros tomaran sus decisiones sin tener en cuenta los intereses de la ciudad.

Podemos empezar por donde ustedes quieran. Empecemos por los centros de decisión económica. La historia de Sagunto está determinada por la Factory Town del Puerto. La Fábrica era más fuerte que el Ayuntamiento. Eso era evidente. Ese centro de decisión ya era externo a la toma colectiva de decisiones. La cosa empeoró con la llegada la reconversión. Para resolver el problema del paro acuciante se fomentó la presencia de empresas multiterritoriales. Pocas de las empresas de nuestros polígonos tienen su centro de decisión en Sagunto y por personas de Sagunto. La llegada de la Térmica y la Regasificadora acaba por consolidar esa idea. En Sagunto, las empresas no deciden, cumplen órdenes, son extensiones de otros espacios de decisión.

Sigamos por donde ustedes quieran. Los valores estratégicos, el patrimonio tanto industrial como romano, medieval.... es igual. Es abundante, más abundante que en el 98% de las ciudades de su tamaño. Las competencias andan repartidas entre el estado y la Generalitat. La ciudad pinta poco. El centro de decisión es externo y por tanto egoista o parcial en su planificación. Si quieren también les recuerdo de quien (no) es la Gerencia y la Nau de Tallers.

Quizá la excelente ubicación les parezca que es un eje que dominamos. Falso. Es evidente que estamos donde estamos pero todos los valores añadidos son externos. El puerto de Sagunto pertenece a la Autoridad Portuaria de Valencia. Parc Sagunt es de Parc Sagunt. Dos centros de decisión que no son de la propia ciudad. Y no se olviden que hay una autopista y una autovía que tampoco son de nuestro ámbito decisional y un río que tampoco lo es.

A esta ensalada de instituciones que deciden o indeciden sobre Sagunto añadan ustedes la empanada identitaria interna territorial que lo complica todo. Si el Puerto es o no es de Sagunto y si Sagunto es o no es El Puerto.

Hay tantos ojos mirando este municipio como vendas tienen puestas. La única manera de reconducir una situación tan extrema de fragmentación decisional -busquen ustedes otro municipio así si pueden- sería que el Ayuntamiento fuera una institución sólida, firme y estable. Y ahí es donde entramos los electores para acabarlo de arreglar. Votamos disgregados, multicolores y dispersos. El problema sin embargo no es ese. La variedad política puede ser saludable. El problema es el dumping político al que nos tiene acostumbrada la pobreza cortoplacista y electoral de nuestros dirigentes. En esta ciudad la pactabilidad debería ser exigible y exigente. Cada partido debería incluir en su programa la política de pactos porque el pegamento municipal es nuestra única posibilidad de futuro. Deberíamos saber si PSOE y PP serían capaces de llegar a un acuerdo de estabilidad para subirnos a algún tren. Deberíamos saber si PSOE, Izquierda Unida, Compromís y....  van a ser capaces de arreglarse para gobernar. Deberíamos saber si UPyD entra en el Ayuntamiento de que lado caerá. Deberíamos saber a qué juega el segregacionismo para trabajar un futuro inevitablemente unido a Sagunto por ley.

La única manera de sacar adelante mínimos proyectos de prosperidad para este pueblo es generar un gobierno fuerte y estable que gestione esa diversidad de puntos de decisión. Que no se escondan detrás de las diferencias ideológicas. El presupuesto municipal está comprometido en un 80% antes de ejecutarse pagando funcionarios y abriendo la puerta de las instalaciones. Hay que comprometerse con dos cosas: trabajar y salir a convencer a todos estos núcleos de decisión de un proyecto de futuro. Los únicos que somos capaces de hilvanar el patchwork decisional somos los que aquí vivimos y trabajamos. La iniciativa debería ser nuestra. O siempre iremos a la deriva de una ola de decisión a otra.




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