Yo quiero votar las campañas


Este blog de Banca Social sostiene la idea de la necesidad de abordar desde el punto de vista colectivo algunas cuestiones de índole profesional que ahora se reservan como competencia exclusiva las empresas de banca. O sea, que hay cada vez más temas que debemos decidir entre más gente.

Las empresas por definición son personas jurídicas que requieren de personas físicas para llevar a cabo su función dentro de la sociedad. Sin embargo, la empresa reserva a unas pocas personas físicas jerarquizadas la visión y definición de qué es lo correcto y el elenco de prioridades. Esto que genera enfermedades societarias y corporativas que acaban con la propia empresa.

Y esto tiene relación con las nuevas parcelas de soberanía que pretende alcanzar la gente común y que ahora se asientan en la rebelión democrática (la rebelión catalana de soberanía por ejemplo). Cada vez somos más los que queremos pensar e influir en las decisiones colectivas de manera directa y no representada. El proceso de colectivización de las empresas es inevitable. Las empresas que roboticen y anulen la personalidad de sus plantillas serán menos valiosas que las que pongan en valor lo que la multilateralidad les ofrece en el ámbito interno.

Dicho de otro modo, cuatro ojos ven más que dos y cien ojos más que ocho. Y esto debe ser compatible con el funcionamiento diario y la agilidad en la toma de decisiones. La arquitectura decisional debe estar basada en el fluir pero siempre con la prevención del sentido de alarma.

Es un esquema semejante al de la gestión de la multidireccionalidad en Internet. Los blogs y páginas tuvieron que plantearse cual sería el método de moderación de los comentarios en sus páginas. Había que hacer compatible la posibilidad de participar de una manera sencilla y ágil con la restricción del insulto o la salida de tono, incluso la publicidad parasitaria. El método más convencionalmente asumido es la moderación por el propio participante de manera que cuando alguien observa un comportamiento inadecuado puede denunciar y se inicia una actuación por parte de la página, periódico o blog. Es también ese el método de la mayor parte de las redes sociales, el inicio de proceso de revisión a partir del obstáculo señalado. Todo fluye hasta que alguien marca una revisión colaborativa del proceso.

En los bancos esto no lo han entendido todavía y señalan como sagradas algunas parcelas para iluminado. La curia vaticana de cada banco olvida que el talento y el futuro está en lo horizontal y en la base. Desprecian el talento de base y los bancos de ideas. Solamente el proselitismo y la cooptación de talento parece una regla asumida.

La participación en las decisiones de las empresas por parte de los trabajadores forma parte de un futuro imperativo. Y en países como España con una cultura laboral tan absurda esto va a ser complicado.

Con un ejemplo quizá quede más clara toda la explicación. En mi empresa se ha firmado un acuerdo laboral que incluye cláusulas de regulación de la convocatoria de reuniones, de su formalidad y puntualidad y de su número. Es evidente que se trataba de un tema que la empresa se reservaba como exclusivo y excluyente con lo que conceptualmente puede parecer un gran éxito.

En una visión a corto plazo de resolución de un problema de "renuionitis" lo es. La cuestión es que tener que llevar a papel lo que debería ser una praxis de colaboración profesional resulta tan grotesco como las ordenanzas de fachadas o la regulación de sacar la basura a una hora o la recogida de mierdas de perro. Es una cuestión de educación común. Es un fracaso colectivo tener que regular lo que debería ser la normalidad.

Para llegar al último escalón de la argumentación, los bancos del futuro requerirán una aportación profesional  de frente amplio. Está claro cuál es el papel de los sindicatos de hoy en día, bastante restrictiva y asentada en la zona de confort de la negociación colectiva. La cuestión es que existe todo un yacimiento de toma de decisiones colectivas que el sindicato no acaba de asumir y la empresa no acaba de entender y soltar. Hay un mundo de decisiones mixtas y canales de aportación dual que los bancos deberían aprender a explotar.

Porque en el ejemplo que nos ocupa alguién debería explicarle a los directivos de banca que exigir la atención de las plantillas para sus propios intereses es robarle tiempo a las familias pero también a los clientes. La citación a  una reunión el día de antes rompe cualquier agenda comercial e impide ser un profesional formal con los clientes. No se trata solamente de las familias o el ocio personal o incluso el descanso. Se trata de ser una entidad formal con tu propia vocación de servicio al cliente. Es un giro copernicano imprescindible, entender que no trabajamos para los departamentos sino para los clientes. Y que son los departamentos y los directivos los que nos roban un tiempo que debería ser para los clientes.

Esta es la nueva perspectiva que nadie aporta y que Banca Social exige: la posibilidad de que las plantillas aporten sin robar competencias a las direcciones. La sustitución parcial de la dialéctica de la contraposicion por la de la colaboración crítica y de luces largas. Algo que en España parece una quimera pero solamente es una utopía. La posibilidad de que las plantillas participen en la toma de decisiones comerciales por ejemplo. La posibilidad de consultas en plantilla sobre cuales son las campañas más adecuadas a su entorno ¿La posibilidad de votar las campañas?

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