Del talante al talento. Los nuevos liderazgos políticos

Todo pasa cuando parece que no pasa nada. O todo pasa de repente cuando parecía que no pasaba nada. Los cambios se suceden entre la precipitación y lo subterráneo. Pero suceden. Suceden constantemente. Asistimos hoy en día a un evidente cambio en el paradigma del liderazgo político que afecta a todas las organizaciones ideológicas desde la monarquía hasta la iglesía católica. 
Cada época requiere de unos actores. Cada guión exige un casting diferente y los momentos marcan los liderazgos. 

Hemos transitado por una época de liderazgos low cost facilitados por una despreocupación hacia lo público que no requería una atención prioritaria. Esto ha permitido que liderazgos continuistas y no rupturistas, estáticos y no dinámicos hayan poblado nuestra cultura política. El Rey Juan Carlos a pesar de su avanzada edad, Rajoy a pesar de haber perdido dos elecciones o Zapatero  que fue apodado Bambi por su perfil de liderazgo no autoritario. Cada organización tiene su idiosincrasia pero está claro que Rajoy no tiene el carisma de Aznar ni su capacidad de manejar auctoritas, está claro que Artur Mas no es Pujol ni Maragall a pesar de que se obstine en manejar un tiempo para la historia. Nuevos liderazgos para una nueva época. Pasamos de líderes de apoyo a líderes de ruptura.

Asistimos a un cambio de época. Todos los cambios de época han sido invisibles a los ojos de quienes las vivían. El final de la era postindustrial y el nacimiento de la sociedad en red obligan a la gente a buscar nuevas brújulas, a dibujar nuevos planos que sepan responder a las nuevas preguntas.
De ahí han surgido Pablo Iglesias, Iñigo Errejón, Pedro Sanchez, Mónica Oltra, Albert Rivera, Alberto Garzón. No es solamente un cambio de generación. Es un cambio de paradigma de liderazgo.

De la conducción a la agitación. Los nuevos liderazgos exigen un dinamismo nuevo exigido por la voluntad de cambio. Se trata de una agitación de giros y acelerones más que una conducción tranquila. Por eso deben ser liderazgos fuertes, más carismáticos, más explosivos, más eferverscentes. Porque deben conducir al pueblo a una nueva tierra prometida. Son los nuevos profetas de un nuevo modelo social incluso económico para un determinado territorio u opción política.

Los nuevos trovadores políticos. La oratoria ha sido siempre la fuente política de la seducción. El manejo del silencio de la monarquía o de Rajoy y su plasma es un recurso anticuado e insuficiente. Nadie es capaz de gestionar el silencio ni la mayoría silenciosa. Ahora se gestiona el ruido y la palabra. El ruido del exceso informativo y la palabra de una nueva prosa ideológica jibarizada por Twitter. La nueva oratoria es una guerra de titulares, un arca de Noé de metáforas insaciables subidas a hombros del elefante de Lakoff. La primera maestra Jedi fue Mónica Oltra y detras han venido Iglesias, Garzón o Sanchez. Construir e interpretar un neolenguaje, un lenguaje de propuestas en sms. Ese es el reto. Son tovadores tecnofilos y telegénicos. Hablan más a la cámara que a los ojos, y conocen las reglas del mundo virtual. Son los primeros gnomos que han convivido desde pequeños con los troll. Saben que la guerra se gana en las pantallas, en cualquier pantalla. Su reto consiste en viralizarse hasta vivir permanentemente en la ola definitiva.

Del pensamiento al entusiasmo. Los liderazgos políticos de los últimos veinte años se han asentado en un politics as usual, una inercia partitocrácica del pensamiento único dominante. Tanto es así que ni siquiera la izquierda más izquierda rompía agenda de propuestas. La parte estrecha del embudo ideológico ha explotado y se ha dado la vuelta. Poco foco, poca luz, pocos ojos, pocas miradas. Sin embargo, la crisis ha desbordado lo emocional. Generar entusiasmo es la piedra filosofal del nuevo liderazgo. Sin complejos. Iglesias ha roto todos los moldes y ha desatado a los demás. Ser capaz de movilizar, conmover o sobrecoger. Ya no basta admirar, ahora hace falta cabalgar. Ya no es suficiente la reflexión, ahora se exige la acción generadora de cambio. El paradigma de la inacción es Rajoy actualmente. Incluso Juan Carlos I o Radzinger fueron capaces de ver la necesidad de recambio activo.


Tu cuñado preferido. Pocos liderazgos femeninos han sobrevivido de todos los intentados. Incluso los más vehementes como el de Rita Barberá se ha quedado trasnochado. Los desmanes de Cospedal, la gesticulación soberbia de Saenz de Santamaria o la segmentación feminista de Elena Valenciano han configurado intentos diversos de liderazgo femenino que no han cuajado. Lejos queda el intento de Carme Chacón. Lo cierto es que la sociedad parece refugiarse en valores tradicionalmente asociados al rol masculino como la protección, incluso con cierto toque físico. La guapocracia de Garzón, Sanchez e Iglesias parece más que evidente. No descartemos a Borja Samper si sigue esta nea. La excepción que confirma la regla es Mónica Oltra. Veremos en que acaba ante las miradas envidiosas de su compañero mayoritario de viaje (Bloc). Todos son chicos medios, de clase media, universitarios, buenos oradores, empollones, de vestimenta casual, urbanos, de profesiones y carreras jóvenes.... Es la rebelión de la gigantesca clase media llamada Matrix.

Del control a la seducción. Los liderazgo de pastoreo dejan paso a los liderazgos seductores de los nuevos flautistas de Hammelin. La crisis ha creado dos tipos de organizaciones. Las organizaciones que luchan por sobrevivir y las que tienen la oportunidad de multiplicarse. Ambos tipos no pueden permitirse malgastar energía en el control interno ni pueden estarse quietos. Su liderazgo debe buscar una afluencia en lugar de una convergencia. Un seguimiento armónico y considerado. La incertidumbre se supera con admiración. Solamente un líder que despierte cariño tendrá suficiente gasolina para un viaje tan largo y dificil.


Del camino al caminante. Los tiempos de incertidumbre requieren movimiento. Las crisis obligan al cambio. Y para cualquier camino hacen falta guías que decidan cuando se descansa, hacia donde se marcha y a qué ritmo. Este tipo de líderes son diferentes a los que nacen cuando el grupo se para en un lugar y hay que buscar cobijo y alimento. La crisis nos ha dejado a la intemperie. Los nuevos líderes deben manejar el movimiento, la tensión, el cansancio, la frustración, la incertidumbre, el miedo e incluso el rencor.


Un tiempo estable permite liderazgos tranquilos. Un tiempo nuevo requiere liderazgos tirantes, inquietos, sólidos, seguros, carismáticos, admirados, impulsores, impulsivos. Nadie dijo que cambiar fuera fácil. La sociedad busca sus mejores armas para enfrentarse al nuevo reto. Superar la transición y crear algo nuevo. Y lo nuevo siempre da tanto miedo que acabas por buscarte un hermano mayor.








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