Idealistas


Idealista es una palabra despectiva. Se usa para calificar a quien sostiene teorías románticas o utópicas. Es un arma arrojadiza de los pragmáticos para poder ordenar su conciencia. Manchan el idealismo de ingenuidad cuando no de inmadurez.

Mantengo una relación asimétrica con el resto de idealistas. Salgo por la puerta por la que ellos entran. Quizá porque he visto ya las naves que ardían más allá de Orion. Observo con atención y reservas la emergencia de nuevos idealismos. Pero ya hace tiempo que me puse una capa de cinismo entusiasmado para sacar punta al lápiz de las ideas. 

El embrutecimiento de las ideas en mi entorno me salpica a los ojos. Conozco ya demasiada gente que tortura una idea hasta que dice lo que le conviene. Demasiada gente que secuestra una ideología y pide un rescate demasiado alto para soltarla. 
Conozco demasiada gente que juega al poker de las ideas para que se desnuden los demás. Mercaderes de la ideología que ofrecen ideas de segunda mano mutiladas por una urna. Traidores de siglas que viven bajo las alfombras de lo colectivo. Subasteros de la conveniencia. Jinetes de caballo ganador. Péndulos de la falta de memoria. Agitadores fijos discontinuos. Reservistas del ejército de la transición. Croupiers de fichas rojas que siempre apuestan al negro. Publicistas de humo. Visitantes low cost de las ideas. Y demasiados ausentes que se limitan a mirar como pasa el tren mientras esconden las ideas en una caja fuerte con antena. Los pragmáticos no dejan de ser un latigazo en la espalda para revolverte. 

Idealismo es el imperio de las ideas. Es situarlas en el altar de lo sagrado. Jugar al ajedrez con ellas. Limpiar su estuche por si algún día hacen falta. Creer en lo infrecuente. Idealista es respetar una idea hasta el punto de protegerla. Hacerla volar libre de siglas. Liberarla de las herencias y las hipotecas electorales. Idealizar es poner las luces largas. Soñar con los ojos muy abiertos. Idealizar es viajar a un nuevo lugar que acabas de construir en tu mente. Todo nuevo reto empezó siendo una idealización. Una visión mental sin cuerpo. 

Las ideas no se meten en un sobre. Las ideas te acompañan siempre incluso cuando tienes que cerrar los ojos para contradecirte. La incoherencia es una idea tan sólida como cualquier otra. Aceptarla es crecer. Las ideas sobreviven aunque se escondan durante décadas. Las ideas convierten a un loco en una minoría absoluta. Convierten un sueño en una realidad. Pero para eso hay que creer en algo, en algo externo, en algo que no sea un mismo, en algo que se suba al escenario, en algo nuevo. 

Pronto tendré que enfrentarme de nuevo al poker de las ideas. Siempre intento librarme del último jaque. Me conformo con hacerle tablas a un poker de ases sacados de la manga. Aunque sigue doliendo saber que las trampas son las reglas. Y que el público aplaude más al mago que al escapista. 


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