Lo que debería preocuparte de Podemos y todavía no te preocupa

El análisis del crecimiento de Podemos es apasionante. La posibilidad de ver nacer un movimiento desde el principio y comprobar sus motivaciones, impulsos y daños colaterales es un lujo ideológico. Con todo, en el debate de Podemos, lo coyuntural esconde lo estructural, y las críticas a Podemos se centran por el momento en las hojas y no en las ramas. 


El famoso populismo se adueña de las críticas junto con el extremismo. Son dos clásicos de las armas de persuasión masiva de los asesores comunicativos de los partidos tradicionales que no van a funcionar. Armas viejas para enemigos nuevos. La crisis de legitimidad en los dos conceptos (populismo y popular se parecen mucho) crean demasiado ruido para que el mensaje llegue. Sin embargo, hay grietas en Podemos que se irán haciendo cada vez más profundas y visibles.

El frentismo transversal. Se trata de hacer converger en un mismo punto a personas de diferentes ideologías con un objetivo común. El problema es que una vez superado el objetivo las diferencias afloran. Sucedió así en la transición. El objetivo común de las plataformas era la superación del régimen anterior. Después se abrió una pugna de siglas considerable. Podemos nace como un frente común y transversal (derecha/izquierda) así se manifiestan obviando esquemas clásicos revisables pero vigentes. El mismo concepto casta pretender superar el de clase. Casta es más reducido y más exquisito. Este frentismo será positivo para forzar una revolución pacífica y electoral pero inútil para gestionar su resultado.

El fanatismo conceptual. Ya venimos observando que el votante de Podemos es absolutamente impermeable a las críticas (las hay razonables) de su modelo de partido. Su construcción está siendo de carácter místico de base social. Se trata de un sistema donde existe una doctrina asentada por un líder carismático, con un neolenguaje de prosa ideológica nueva y permeable y el asentamiento de una fe extraordinaria. El elemento de fe es ajeno al corpus ideológico de la izquierda y sin embargo muchos de sus elementos se integran en esta construcción. Sin apenas documentos ideológicos y sin apenas explicar su modelo social Podemos avanza en marcha triunfal. Sorprendente aunque previsible dado el proceso previo de simplificación del pensamiento de las últimas dos décadas.

El revanchismo pendular. Está claro que un amplio sector de población ha decidido practicar el terrorismo electoral. La frase "Que el miedo cambie de bando" es casi un estribillo (en una canción de Ismael Serrano incluso lo es) que cantan casi todos los apóstoles del Podemismo. Es la canción de la factura electoral, la venganza serena de los partidos de la Casta, el botafumeiro que se abalanza sobre quienes han pecado. El revanchismo es por definición destructor. El problema surge una vez arrasado el sistema con la construcción del nuevo. Los modelos ideológicos sociales no son unánimes. Podemos no será la única fuerza política presente. Sin embargo, su modelo nace como modelo excluyente de todos los demás. Nace para arrasar a la Casta lo que nos hace sembrar una pregunta. Y después ¿qué?

La estrategia del Arte de la Guerra. Podemos crece como un partido basado en la estrategia política y dirigido por politólogos. La verdadera motivación de no presentarse a las municipales es la de llegar como marca limpia. Gobernar, coaligarse, pactar obliga a mancharse ideológicamente. Ponerse el mono de trabajo te hace parecer más feo. La mejor manera de no afrontar los conflictos identitarios, desarrollistas, lingüísticos, culturales, de género... es simplemente obviarlos antes de votar y concentrar pocos leif motiv electorales. Si Podemos se persona en la causa como un agente libre de contaminación y sin contradicciones el resultado será superior. El problema es que esa estrategia es un engaño. Un engaño visible y abierto a todos pero no por eso menos engaño.

La fábrica de titulares.  Desde La Tuerka el círculo casto de Podemos, su oráculo estratégico omnipotente, ha interpretado mejor que nadie los nuevos lenguajes comunicativos: la telegenia y las redes sociales. De la misma manera que un niño se acerca a una pantalla y la amplia con dos dedos por pura naturalidad Iglesias no necesita asesores de imagen: nació para la tele. Y además pertenece a la primera generación que entiende que el mundo virtual es tan real como el real. Así pues, habla igual que se habla ahora. Y resulta comprensible. Sus palabras son factorías de titulares constantes. Podemos ha entendido como nadie la twiterización del pensamiento: cualquier idea debe poder expresarse en 140 carácteres. Esa simplificación afecta a su populismo pero parece inevitable que ese sea el camino. El problema es que simplificar problemas complejos conduce a una media verdad o una media mentira siempre. La prosa ideológica se puede comer a su supuesto teórico.


Los primeros que desembarcaron en Normandia sabían que iban a recibir disparos de todas partes. Sabían que la playa no tiene parapetos. Sabían que debían asumir un número de bajas inexcusable. Y lo sabían porque debían entretener al enemigo para que se concentrara en detener la batalla de tierra y el flanco de Normandía. La guerra se ganaba en otra parte.


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