Podemos y La Sexta: una historia de amor.

Los místicos del análisis propugnan la complejización y difuminación de cualquier linea certera. Cuando explican que Podemos no es solamente un modelo revanchista fruto de la indignación sino algo mucho más complejo deberían explicar también cual es el peso de cada activo de un partido que crece tan rápido que puede padecer malformación congénitas de por vida. Ent todo caso hay un mínimo común multiplo: la reactividad. Surgir como antitesis de algo puede no ser revanchismo pero tiene altas dosis de reactividad.

Otra de las afirmaciones habituales de los analistas místicos es que Podemos no es solamente el fruto de un buen discurso televisivo. Nada es tan sencillo como un simple vector pero la complejidad de un simple vector puede ser la diferencia entre el gran éxito, el éxito discreto o el fracaso rotundo. Ya de paso podrían explicar por qué los pabloamigos decidieron montar antes una televisión que un partido político. El orden en este caso parece bastante relevante.



El podemismo es también un movimiento social y mediático porque surge de la formulación de nuevos análisis de la realidad. En los aledaños de lo político crece los mediático y hay toda una reformulación periodística que circula paralela al podemismo. Es un neoperiodismo que se retroalimenta e interrelaciona con los nuevos lugares comunes.

Un productor es un hombre de negocios y un business man sabe lo que es un nicho de mercado. El "no nos representan" era un nicho de mercado. Cuando Antena 3 compra la Sexta surgen rumores de riesgo de cambio de modelo editorial. Nada más lejos de la realidad. El mismo conglomerado editorial que rige los destinos de La Razón descubre que hay un nicho de mercado sin cubrir. Descubre que la polarización -escoger actores periodísticos a ambas orillas del rio del bipartidismo- genera una narrativa nueva y deseada. Así que convierte La Sexta en el canal temático de la indignación. Y la estrategia es perfecta. Évole abandona su tono jocoso de los Salvados iniciales y deja de ser el follonero para doctorarse en periodismo. El casting sigue con Ana Pastor. Wyoming se sitúa como alternativa a los informativos. Todavía resultan memorables aquellos informativos de La Sexta que mantenían en una esquina la conexión con Sol durante la acampada del 15M. Ahí había negocio. Retransmitir una revolución en directo, en streaming. Lo siento, pero no hay más que ver los anuncios que se emiten en los descansos de esos programas para saber cuál es el target. Coincide con el del 15M y coincide con el de votante de Podemos. Clases medias, úrbanas y jóvenes en su modalidad más reciente (under 35).

En ese momento se construye un relato -una narrativa- con la "indignación" en sentido filosófico como linea principal. La indignación es una emoción básica y sobre cualquier emoción hay negocio. La publicidad es un simple despertar de emociones que te impulsan a comprar. Así que la indignación es también una fuente de negocio.
Así que tenemos una pulsión, tenemos un universo comercial, una masa crítica suficiente y tenemos un producto para ellos.
Y además es un producto de éxito. Alguien le cuenta a alguien que hay un coletas en Intereconomía que no se altera ante nada, que tiene respuestas para todo, el típico sabiondo que no tiene miedo de decir las cosas claras por extremas que parezcan, un tipo sin complejos, que habla en nombre propio y no es portavoz de nadie, desatado en la dialéctica, que deja hablar pero responde con contundencia. Además tiene el look indignado perfecto. Es el increible hombre medio pero en rebelde. De tono y gestos televisivos. Es pura telegenia. Y aparece en La Sexta Columna, ese programa de gladiadores televisivos que aprovecha que ya no  hay dinero para salir a cenar para ofrecer diversos productos en sus pausas publicitarias. Y ahí surge el héroe. El que es capaz de sacar de quicio a Marhuenda. El Rey Midas de una cadena que no pasaba de un 10% de share en sus programas de pronto se encuentra liderando algunas parrillas. Y todo gracias a saber interpretar la sinfonía de la indignación. Todo el mundo la leía en clave de sol y estaba escrita en clave de fa. Mientras tanto ya hay otro canal familiar que canaliza la indolencia y el entretenimiento. A cada público lo que necesita. Hay canales para todos.

Localizado el target ("indignado's world") hay que ofrecer un producto a la medida. El diseño del menú no es difícil. Ya había un periodismo indignado preexistente aunque era virtual. Virtual porque estaba en la red. Así que se trata de establecer lazos de cooperiodismo. Por la mañana una tertulia para indignados, después unos informativos para indignados, con humor para indignados. Las pelis ya si eso las ponemos de Chuck Norris que después de ver a Wyoming te entran ganas de repartir galletas.
Hasta aquí es puro "business as usual". Pero ¿Qué pasa si nuestros gladiadores triunfan y nos deben su éxito? ¿Donde irán las mejores entrevistas? ¿Quien cubrirá una información que no le conviene porque derriba su modelo de duopolio de productos televisivos? Nuestro negocio se confunde con una propuesta política porque cuánto más triunfa esa opción mejores datos de audiencia tenemos. Y aquí empieza la sobreexplotación de los acuíferos. Un partido que tarda lo mismo en ser opción de gobierno que un bebé en gestarse. Y mientras tanto los datos de audiencia suben y suben.

Entonces imaginamos que ese partido puede llegar al Gobierno y que fuimos nosotros quienes los descubrimos en una Operación Triunfo política con galas los sábados por la noche. Y eso es muy goloso. Vincularse con un nuevo poder partiendo del viejo poder es puro gatopardismo. Una estrategia magistral de mago que se parte por la mitad y consigue estar en dos sitios a la vez. La indignación crece imparable gracias a la golferia del lado oscuro. Este público urbanita, indignado y joven se identifica con sus iguales. Hemos transferido estatus y además el producto es técnicamente impecable con los nuevos yacimientos de periodismo. La fractura generacional política es también mediática. Los nuevos periodistas quieren informar sobre la nueva política. Es atractivo. Es tangible. Enamorarte de tus fuentes. La entrevista perfecta. Y todo fluye en una espiral de amor eterno e impagable. Cada aparición del coletas es nuevo éxito de audiencia. Está pasando y estamos dentro contándolo. Es pura CNN.

Mientras tanto los indignados viven un proceso de empoderamiento. Si se dice en la tele se pude decir en la calle. El Gatekeeper acaba hospitalizado de tanto sobresaltos. Crece la fe colectiva del champú anticasta. Y la agenda da de sí. Cada día un imputado. Y cada imputado son diez mil más y dos decimales de audiencia. Porque nadie como La Sexta cubre las alcantarillas del Regimen del 78. Sinergia se llama. Cuando algo supone mucho más que la simple suma de talentos.

El canal temático de la indignación sabe que es transversal como Podemos, las preguntas de Salvados son las respuestas de Iglesias, el abono para recoger la siembra. La inquisición de Ana Pastor es el mejor debate sin Iglesias, la pasión de Garcia Ferreras es el entusiasmo de los nuevos podemistas. Y el mejor villano posible se dibuja con Marhuenda e Inda. Es mucho mejor que una tele de plasma con un pobre hombre que no entiende su letra. La narrativa es perfecta. Héroes, villanos, gradas repletas e indignadas. Y un objetivo para todos. Vamos a ganar. Unos mucho dinero y los otros muchos votos. Pacto win-win para vivir felices y comer perdices. 

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