Rojo oscuro, casi amarillo

El periodismo vive de la realidad a la sirve. Todos sabemos que la noticia es que una persona muerda al perro. La cuestión es explicar el por qué y además desde qué prisma se mira el suceso. Y sobre todo no usar el mordisco para convertir en noticia pasear al perro. La crisis ha abierto una nueva perspectiva desafiante, un reto periodístico cuyas medidas son tan imprecisas como la pizca o la cucharada. 

La sobreexposición informativa está generando la posibilidad de hacer análisis de manada, análisis de colectivo. El periodismo de flanco. Y eso sirve tanto para la "caverna mediática" de la derecha como para los "francotiradores" de la izquierda. 

En el prisma izquierdo la crisis ha traído una recuperación del oficio. Periodismo es sacar a la luz lo que alguien no quiere que se sepa. Todo lo demás son relaciones públicas (George Orwell). La crisis escondía una estafa y sacar a la luz la estafa ha sido el mejor reto profesional para el periodismo rebelde. Profesionales de verdad han hecho un trabajo con lupa para meter el micro donde no querían que miráramos. Han señalado en el mapa miles de estrellas de la corrupción. Y aunque quedan muchas más, las recién bautizadas dan más que suficiente para que el ciudadano se haga una composición de lugar de la mezquindad de las clases dirigentes de las dos últimas décadas. 

Pero también ha traído un riesgo considerable para el periodismo militante. Acabo de leer una noticia en la que se indica que miembros del Consejo de Administración de una Caja de Ahorros cobraban dietas por asistir a las reuniones. La noticia se basa en que eran políticos y el presunto paralelismo con las tarjetas Black. La misma semana se acusa a Errejón de dirigir un proyecto universitario por el que cobra en "sus ratos libres". En ninguno de los dos casos hay ninguna ilegalidad. Errejón lleva el proyecto con éxito y aquellos señores asistían tranquilamente a los consejos de una entidad bancaria a la que pertenecían según los propios estatutos de la entidad. Todas las Cajas de Ahorros tenían cargos nombrados por instituciones que lógicamente eran políticos. Y esa asistencia era remunerada. Son dos ejemplos de Mcartismo, de caza de brujas, de concurso de moralidad que se nos ha ido de las manos. 

El riesgo del periodismo militante es caer en el podemismo mediático. Vender un producto simplificado que vive en los aledaños de la noticia y que interactúa con la realidad sin saber cual es la causa y cual es la consecuencia. El podemismo incluye revanchismo y totalización. Convierte una parte en el todo y exige una responsabilidad asimétrica según las piedras que vayan lanzando los pecadores. 

Los nuevos medios digitales y algunos de los tradicionales se han sumado a una moda de meterse por la chimenea de la polución democrática. Y al bajar hay que saber distinguir las agujas del pajar. Bajar al detalle personal de los gastos de las tarjetas de Bankia fue un ejercicio innecesario de escarnio social. Quizá merecido pero inútil a los efectos de la formación de una opinión sana democrática. Manejar la temperatura democrática es un poder del periodismo. Y un gran poder conlleva una gran responsabilidad (Spiderman). La construcción de pelotones de fusilamiento mediático deben corresponderse con el límite exacto de la responsabilidad pública y no deberían adentrarse en el reproche personal. El Duque de Palma fue un golfo, sí. La cuestión es cuantas veces necesitamos saberlo y sobre todo cuando deja esta información de ser útil a nuestro estado de ánimo y a la formación de nuestra opinión. La redundancia acaba por resultar un eco incesante de consecuencias impredecibles. 

El periodismo se hace desde la rabia pero no desde el rencor. Pasarse de frenada con el "paredón mediático" simplemente porque estamos haciendo surfing (subirse a la ola de la moda mediática) es amarillismo. Entrar en una caza de brujas de moralidad es despertar a la Santa Inquisición y mezclar manzanas con peras que diría Ana Botella. Lo que ha pasado en España es muy grave como para banalizarlo con dispersión. La dispersión es ese método estratégico impuesto cuando el tapón de silencio se destapa. La dispersion es poner el ventilador en marcha para difuminar los contornos del problema. Cuando todo es un problema nada es la solución. Cuidado con mezclar cantidades, calidades, actitudes y aptitudes. Buscar la pureza conduce a la impureza generalizada. 
El podemismo mediático no puede alimentar la rabia sobre cualquier cosa que produzca interés para conseguir audiencia. La noticía es una verdad interesante pero es más verdad que interesante. El aformismo "no dejes que la verdad te estropee un buen titular" es un límite infranqueable. Hay que parar con el semáforo en ámbar. 

El periodismo rojo debe mirar muy bien donde pisa fuerte. Aprovechar la oscuridad para iluminar cualquier lugar obliga a mover el alcantarillado tanto que todo acaba por oler mal. Y buscando la luz podemos perdernos la salida del túnel. Si señalamos a todas partes puede llegar alguien por la espalda y erigirse en caudillo. Tanta basura junta acaba por convertirse en un vertedero. El periodismo demasiado rojo es muy oscuro, casi amarillo. 

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