Sí y No: Mi respuesta catalana.

Ayer se celebró una votación informal en Catalunya que sigue un guión escrito exclusivamente por la parte independentista con un papel antagonista pero completamente previsible del gobierno del PP. La polarización es tan evidente como el espacio vacío que deja en el centro. Ahora solamente los dos polos son capaces de gritar sus consignas. La polarización se basa en la construcción de estereotipos tanto en Catalunya como en España que juegan en contra de cualquier norma básica de convivencia.

Los resultados de ayer eran previsibles. Una consulta informal ha movilizado al SÍ hasta límites preocupantes para cualquier estado democrático normal. España vive un estado de excepción democrática fruto de una constitución desfasada y con una pedagogía política negligente y tóxica. Ese final de ciclo de una estructura de poder decadente creada en los ochenta es la que se enfrenta hoy en día a los dos procesos de empoderamiento ciudadano más importantes de España: el fenómeno Podemos y la rebelión catalana.

Ambos fenómenos son reactivos: uno frente a la Casta entendida como estructura de poder y opresión de la ciudadanía construida sobre élites extractivas situadas en el centro del poder  y otro como indignación ciudadana canalizada institucionalmente de manera civilizada y estratégicamente calculada además de transversal en lo ideológico gracias a una pactabilidad envidiable.

Mi apuesta personal está mucho más cerca de la partida de ajedrez catalana que del revanchismo de Podemos aunque ambas serán necesarias para entrar en la Troya corrupta y acabar con esta tortura constitucional que nos ata al pasado.

La rebelión catalana es buena para España. De hecho la rebelión catalana está hecha para España. NO es una provocación sino  una previsión. Una enorme mayoría de independentistas según las estadísticas del CIS lo son de reciente conversión y por cuestiones reactivo-funcionales y no identitarias. El señalamiento de la actitud del Gobierno Central como pulsión básica para hacer el click indepe choca con el habitual enroque de la derecha social, mediática y política. La derecha española solamente se sube a los barcos que zarpan cuando se ahoga. Esa es la historia y no creo que cambie esta vez. Sin embargo, esa respuesta reactiva a un fenómeno de mala praxis gubernativa supone totalizar lo parcial y lo coyuntural. Una praxis concreta y actual. Eso debería hacernos reflexionar a todos los que no vivimos en Catalunya. Ya no se trata de entender o no entender a los catalanes, se trata de pensar que quizá nosotros también compartimos esa rebelión aunque no queramos ser independientes sino interdependientes. Y la compartimos porque derribar lo parcial y coyuntural de un gobierno del PP con apoyos de élites económicas nos permite solucionar el resto  de problemas con enorme facilidad.

El desalojo del poder del bipartidismo en España es el primer paso para resolver la cuestión catalana y el revanchismo podemista. Y cuánto antes mejor. Mientras un Gobierno del PP sin legitimidad, podrido de corrupción, inactivo y cobarde siga gestionando una realidad tan profunda corremos el riesgo de que sea el mismo gobierno el que nos rompan España y más concretamente a los españoles.

La partida de ajedrez continua. No estoy de acuerdo en todos sus movimientos. Aunque me equivoco muchas veces. No me pareció una buena apuesta estratégica sacar urnas "informales" a la calle. Mi error fue considerar al antagonista como un actor inteligente. Pensé que ningunerían unas "urnas de juguete" y han hecho lo contrario. De nuevo la actitud del sector rancio del imperialismo nacionalista español despertó sus esencias para prohibir incluso la libertad de expresión. Votar ayer no era más que un ejercicio de libertad de expresión. Las urnas eran cajas. Lo relevante era la recogida de firmas y el esfuerzo de dos millones de personas por decir algo alto y claro. Han convertido una consulta descafeinada en un Red Bull independentista. Son así.

No escuchar a la ciudadanía y gobernar al margen de ella o como dijo Junker "Sabemos lo que tenemos que hacer pero no sabemos como hacerlo y salir reelegidos". Ese ejercicio de cinismo llamado real politik que nos han querido vender como el único camino posible. Gobernar contra el pueblo o sin el pueblo conduce a dos lugares separados. Uno de ellos es un callejón sin salida.

Mientras la partida catalana siga siendo una cuestión de blancas y negras las fichas grises no tendrán foco. Nadie escucha a quién no grita. Los susurros del Si y No que hoy son minoritarios acabarán por ser la solución de un atolladero. Catalunya debe ser un estado. Es la mejor manera de forzar una revisión constitucional que nos sitúe en la modernidad de nuevo. Catalunya, sus gentes e instituciones, demuestran que hay ciudadanía organizada sensata y plural. La rebelión catalana ha de servir, una vez más, para modernizar España. La única España que se rompería sería una España anticuada. Nadie quiere pertenecer a una nación nostálgica anclada en el pasado y sometida por sus élites. El imperialismo español debe aprender a ser más humilde y abandonar la hidalguía cutre y el indepentismo debe atenerse a criterios más pragmáticos. Una Catalunya independiente es un sinsentido fiscal, financiero, comercial aunque solamente sea porque vive atrapada geográficamente en una península. Lean a Jordi Pujol. La geografía implica cosas. Para lo bueno como acercarse a Europa desde el Mediterraneo (Corredor mediterraneo) y para lo malo (convivir en una península). Todo es posible (Portugal lo demuestra) la cuestión es si es conveniente. Y si sale a cuenta.

Hace años cometí el error -lo confieso- de confundir el rigor con el formalismo, de confundir la sensatez con la serenidad, de confundir la seriedad con prudencia. Durante años admiré lo convergente (de Convergència Democràtica) por una serie de características que no encontraba en la izquierda política. De toda aquella peripecia solamente me quedó una convicción: el interdependentismo. Aquella doctrina por la cual podemos revisar nuestros vectores de dependencia pero ya nos es imposible ser independientes en la vieja Europa. Reviso y pienso cuáles son las nuevas y decisivas competencias que tendría una Catalunya independiente y no las veo suficientes para crear un "nou país". Las ventajas no cubren el precio. Evidentemente para mi. Y ese -creo- que es el discurso del Sí y No. El discurso de los que estamos deseando que dejen votar a los catalanes para explicar el precio de una independencia que tratan de dibujar como idílica y la solución a las absurdas decisiones de un gobierno central. Nadie escucha al público de un partido de tenis salvo que baje a la pista y la invada.

Si a votar, Sí a una Catalunya como nuevo estado. Sí a una Espanya Federal con Estados y Comunidades Autónomas. No a más café para todos. No a una Catalunya Independiente.

Hay más de un SÍ y más de un NO. Mi respuesta catalana es para una pregunta española: Desea que España se convierta en un estado moderno? En ese caso desea que sea independiente de su ciudadanía? Sí y No. 

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