¿Y a ti qué tipo de princesa te gustaría ser?

El vídeo viral de la niña argentina analizando el comportamiento de las princesas de dibujos animados resitúa el mito de la princesa en el género femenino. A pesar de los contínuos terrémotos conceptuales del feminismo las princesas sobreviven. 

Pareces una princesa. Un príncipe para Corina. Princesa por un día en tu boda. ¡¡¡Que bonita es mi princesa!!! Noche de princesas. Son expresiones todavía comunes en las conversaciones cotidianas que las redes sociales han destapado. Las princesas siguen vivas pero no todas son iguales. Existe un amplío abanico de princesas sociales.

La princesa del laberinto de espejos. Es una chica adicta a la aceptación externa y al deseo. No le gustas tú. Le gusta gustarle a un chico como tú. Necesita espejos para sentirse más delgada o más gorda, más alta o más baja, la más bella o la menos bella según su estado de ánimo. Existes en cuanto que le gusta su reflejo. Se mira en un hombre para verse mejor pero buscará otro espejo cuando el actual no le dé la imagen que ella espera de sí misma.

La princesa del guisante. Es caprichosa y voluble. Con un nivel de tolerancia a la frustración muy bajo. Cualquier pequeño detalle puede desterrar a un chico de su vida. Una mala frase o una expectativa no cumplida. Puede ser algo que dijiste o algo que no dijiste, algo que hiciste o algo que no hiciste pero debiste hacer. Para la princesa del guisante el príncipe debe ser un guerrero dispuesto a superar todas las batallas. Porque ella es el premio. Y la manera de decidir el descarte es observar gestos. Un error puede sumegirte en la ciénaga del olvido.

La princesa prometida. Ya tiene pareja pero quiere un trovador que mantenga viva la llama romántica. Se casará con un rey estable, sereno y sensato. Alguien que le proporciona los valores de protección y certeza que necesita. Sin embargo gusta de tener amores corteses del Pirata Roberts basados en observar como el aspirante trepa el acantilado, supera las arenas movedizas, gana al ajedrez y resucita por su amada. Necesita una melodía constante en su ventana que alimente su espíritu y sus sueños.

La princesa bella durmiente. Ella no necesita hacer nada. Tan solo recostarse y dormir para que el príncipe que ella espera la rescate con un beso simplemente al ver su belleza. No necesita esforzarse, ni hará nada por conquistarle. El caballero que la pretenda debe atenerse a su pasividad para disfrutarla. Ella simplemente decidirá cuándo despertarse. No hay que esperar regalos, sorpresas o que inicie la conversación o que proponga quedar. Ella duerme. El trabajo de su verdadero príncipe azul es despertarla.

La princesa destronada. Fue una princesa de otro tipo en otra época. Ahora se ha hecho mayor y lucha por seguir siendo una princesa. Pero ahora es menos visible porque las otras princesas son más jóvenes, o más delgadas, o más nuevas. Así que su comportamiento estético es obsesivo. El pecho, los labios, el gimnasio, la ropa, las arrugas, el color de la piel. Todo exige un trabajo de mantenimiento para recuperar el trono perdido.

La princesa Estela. En Grandes Esperanzas, la novela de Dickens, el personaje de Estela es una niña educada por la Señora Havisham para maltratar a los hombres. La Señora Havisham fue plantada en el altar y nunca se recuperó de ese día. Estela es un arma de deseo mortífera. Hábil en la seducción, fría y calculadora, capaz de casarse sin amor y por interés. Capaz de mantener una doble vida ordenada y planificada de amantes discretos. Es inaccesible. Puede ser cruel y manipuladora. Tiene un plan y seguramente tu formas parte de el aunque todavía no sabes en qué papel.




Es probable que haya más tipos de princesas. Toda mujer lleva dentro de sí una princesa, una bruja y un hada. Las proporciones son variables en función del tiempo y el espacio. Quizá conozcas a una princesa, es cuestión de fijarse un poco.




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