Pornografía y política: el increíble hombre medio

La pornografía sigue siendo de consumo mayoritariamente masculino. En esa pornografía mayoritaria la necesidad de identificación es prioritaria tal y como sucede en política. El espectador y el votante deben sentirse identificados con el candidato-actor.
La evolución de los personajes masculinos en las películas pornográficas ha sido evidente en las dos últimas décadas. De aquel personaje friki, feo y a veces incluso gordito de los ochenta que obtenía los favores sexuales urgentes y rápidos de las enfermeras de hospital se pasó a un fornido aunque todavía peludo galán irresistible en los noventa. La búsqueda de la identificación sigue y ahora se sitúa en un hombre de estatura media, más guapo que feo, rasurado, siempre con un miembro considerable pero propocionado y con músculos marcados. Un increíble hombre medio que pueda representar tanto el jefe de la oficina, como al monitor del gimnasio o al barman del pub de la esquina.

Lo cierto es que una de las cosas que más llaman la atención es que el actor porno crece en valor con la escasez. Cuando uno observa el casting de ese tipo de cine observa la amplia variedad de personajes y actrices femeninas frente a una repetición y permanencia de los actores masculinos. Así se regenera el mito del esparcimiento de la semilla tan típicamente masculino, una especie de harén mediático donde el consumidor de pornografía puede verse reflejado. La repetición, en este caso, es la que construye el mito. La posibilidad de ser el "increible hombre medio" es lo que nos la pone dura.



La lucha por encarnar al "increible hombre medio" es una lucha compartida entre la pornografía y la política. La nueva generación de liderazgos -solamente el PP queda por nombrar a su representante- es también una lucha a mitad de camino entre la guapocracia y la sapiosexualidad. Pedro Sanchez, Albert Rivera, Pablo Iglesias, Alberto Garzón -no necesariamente por ese orden- intentan encarnar al "increible hombre medio" que pueda identificar a un conjunto amplio del espectro electoral. Quiere ser el espejo de cualquier aspiración. La lucha -es fácil de detectar- se establece en término de testosterona y de macho alfa. La lucha entre primates masculinos siempre es de predominancia.

En las encuestas de autoconcepción el noventa por ciento de la población cree situarse en la "clase media". La clase media constituye el mejor secuestro de la lucha de clases. Es dificil una lucha de clases al solamente existir una clase. Los ricos siempre piensan que no son suficientemente ricos para salirse de la clase media. Los pobres necesitan pensar que forman parte de la clase media. Eso lo es hace más felices y algunos bienes de consumo -tecnológicos especialmente- le permiten pensarlo. Tener un trabajo de mierda y vivir en casa de tus padres pero tener I-phone y hacer muchos selfies te convierte en clase media. Y la clase media necesita un "increible hombre medio" ante el que medirse. Un miembro con el que compararse. Una aspiración de promiscuidad líquida que le permita permutar a cualquier persona como el penúltimo bien de consumo.

El increíble hombre medio habla como la clase media. Se le entiende cuando habla porque habla como tú. A veces hasta se le escapa un taco. El increíble hombre medio tiene un punto encantador, es el amigo que le presentarías a tu hermana. A veces es el empollón de la clase. Otras es el delegado de clase y otras el alumno brillante que no le da la gana esforzarse. Es tu amigo Cyrano cuya oratoria te embelesa. Un flautista de Hammelin que viene a acabar con las ratas del pueblo y que puede acabar matando a todos los niños del pueblo ante el desencanto generalizado. El increíble hombre medio es el profeta de la próxima travesía del desierto hacía la tierra prometida de la independencia o de la dependencia. El increíble hombre medio viste como el hombre medio. Se compra la ropa en franquicias y suele llevar una camisa blanca porque Obama en el 2008 pensó que el hombre medio la llevaba. Se sube las mangas para ser el hombre medio que se pone manos a la obra en cualquier momento. El increíble hombre medio mantiene  un tono comedido en la escucha activa porque le han dicho que la clase media quiere ser escuchada. Cada nicho de mercado tiene a su increíble hombre medio. El increíble hombre medio rebelde, el increíble hombre medio formal y responsable, el increíble hombre medio clásico y tradicional, el increíble hombre medio minoritario. La escena, el guión y el dinero marcan al increíble hombre medio aunque la historia siempre es la misma. El increíble hombre medio acude a programas familiares porque la televisión es emoción y sabe que la clase media vive muy emocionada últimamente. El increíble hombre medio cobra un salario medio y debe presumir de ello porque el tamaño importa y no podemos vivir por encima de nuestras posibilidades. El increíble hombre medio anda como todo el mundo. Es una persona normal, nada especial, ni peculiar, ni singular, ni extraño. Nada raro. El increíble hombre medio eres tú metido en su piel.

Nobody does it better. Nadie como Naughty America ha sido capaz de entender el concepto del increíble hombre medio en la pornografía. Ahora nos queda conocer el increíble hombre medio de la política española, saber quién es ese amante ideológico que aparece cuando cierras los ojos. El increíble hombre medio que se te folla una vez cada cuatro años cuando consigue meterte en una urna. 

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