Bosal cuéntame

La historia de Bosal es una historia escrita en color sepia. La lógica del capitalismo es una ilógica extraña. El capitalismo necesita una amplia base de mano de obra barata y un pequeño vértice de capital acomodado. En el medio una circulación de talento con valor añadido que sobrevive apoyada sobre los de abajo y alimentando a los de arriba.
Maximizar la plusvalía en los trabajos de menor valor es solamente posible con mano de obra cercana al esclavismo. Por eso nuestra ropa es tan barata. Porque la hace gente que aquí en España sería considerada esclava pero en su país se llama "masa laboral". Para que haya alguien que gana debe haber alguien que pierda.
Esa es siempre la lógica de las crisis del capitalismo. Cuando todos ganan se llama burbuja. Entonces explota para que los de siempre puedan seguir ganando mientras los demás pueden volver a perder como antes.



En 1984 se cierra la siderúrgica y se subasta la mano de obra y el suelo de Sagunto. Como casi siempre. Como se hará veinte años después con Parc Sagunt. Sagunto tiene gente y territorio y casi siempre está en una subasta de pobres a pesar de su eterna logística y ubicación estratégica. O como se hizo para ver nacer al Puerto de Sagunto, como una subasta de mano de obra venida de todas partes. Y así siguió siendo tras cerrar los Altos Hornos. La mentalidad de aquí estamos y acogeremos lo que sea con tal de sobrevivir y ganarnos la vida. Esa mentalidad es la que permite a todo el mundo maltratar a sus habitantes con bombas de oxigeno, empresas fertilizantes, regasificadoras, térmicas, cementeras... Todas esas empresas están en menos de dos kilómetros. Pero dan trabajo a muchas familias. Respiran aire sucio pero tienen vidas limpias.

Nuestras vidas están en permanente subasta. Nuestros pulmones se venden a cambio de cemento. Cuando se cierra AHM volvimos a ofrecernos en la cuneta de los desahuciados para que alguien nos recogiera para llevarnos donde quisiera. Así se vendió el Fondo de Promoción de Empleo y así fue como aceptamos tantas empresas como quisieron venir a buitrear subvenciones sin ningún orden ni concierto, sin relación entre ellas o quizá sí, la dependencia de lo que ya sabíamos hacer, el metal.
Vinieron para aprovechar nuestra necesidad e exprimir la sacrosanta moderación salarial. Sectores industriales medios con cabezas de decisión en otras partes. Sentaban sus tentáculos en nuestras cocinas pero abrían sus cuentas en las capitales. Y así nadie se siente concernido. Capital de fuera, decisiones externas. El jefe de todo esto de Lars Von Trier. Es más fácil no sentir nada cuando haces daño. Es fácil decidir respirando aire puro lejos de tus propias factorías.

Fueron sectores industriales medios donde el diseño carece de valor añadido y la mano de obra no exige alta cualificación. Así los trabajadores son fácilmente intercambiables y las subcontratas se convierten en una cadena de chantajes.

Pero nunca es suficiente para la avaricia del capitalismo postindustrial. Y poco a poco las ratas huyen buscando otros quesos. Sabedores de que siempre hay alguien más pobre con el que ganar más dinero. Producir en un lugar donde la legislación sea menos exigente y los salarios más moderados. Y vender donde hay compradores obesos de deseos insatisfechos. Capaces de pagar cada vez por lo que necesitan cada vez menos. O quizá producir en el lugar donde naciste y donde mantienes tu esencia. Recluirte en tu verdad sacrificando las alambradas. Cerrar las puertas del castillo y sacar al dragón de la supervivencia.

Bosal cuéntame, aquel cuento tan bonito de como se fueron borrando las huellas industriales de un camino de supervivencia. Como se fueron yendo poco a poco después de desnudarnos de parte de nuestras vidas a cambio de un salario digno. Mientras tanto los voceros de cada momento buscan culpables entre la insignificancia, ajenos a los verdadores artífices de un teatro de marionetas donde lo que ves no son más sombras que proyectan desde nuestras espaldas. Mientras tanto los gigantes dan patadas a los caniches de la lucha obrera. Sabedores de que tienen comprados a todos los árbitros y a los que hacen las reglas.

De derrota en derrota, hasta encontrar la derrota inicial, escribiendo notas en la nevera de un gerrillero loco que mataron en Bolivia.

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