¿Cómo se cargaron las Cajas de Ahorro? Capítulo I: El origen

Las Cajas de Ahorro siempre fueron un bicho raro. El franquismo las utilizó como una especie de banco público con funciones muy concretas y reguladas como la financiación de los planes de vivienda. Su origen se encuentra en la inclusión financiera de colectivos desfavorecidos. La banca de los pobres que permitía el acceso a servicios financieros a personas a quienes los bancos no querían atender porque no eran rentables. Con esa finalidad nacen como una especie de fundación, con  una personalidad jurídica singular, donde los "stock holders", los interesados o accionistas sociales son entidades colectivas de todo tipo. Es muy importante subrayar que los "patronos" fundadores y gestores de las Cajas de Ahorro eran mayoritariamente sujetos colectivos de pensamiento. Ahí se incluían instituciones (diputaciones y ayuntamientos) y entidades sociales sin ánimo de lucro de todo tipo. La reunión de todas estos entes colectivos pretendía garantizar que la finalidad de inclusión financiera, de banca de los pobres, llegaba hasta sus beneficiarios últimos. 
Así surgieron las Cajas de Ahorro con una finalidad social triple. Por un lado usar una parte de los beneficios obtenidos para paliar las necesidades sociales de la comunidad en la que se insertan. Por otro lado, acumular otra parte de esos beneficios en reservas que fortalecían a la propia entidad en su lucha de capitalismo social. 
Es evidente que los bancos recelaron de su existencia desde un principio. Se trataba de una competencia limitada, muy regulada y segmentada pero una competencia al fin y al cabo. El menudeo de las Cajas contrastaba con la banca "a lo grande" de manera que los bancos siempre acudían al mordisco más suculento mientras las Cajas iban haciendo su camino de muchos pocos en lugar de pocos muchos. 
La función de las instituciones era la de velar por el buen hacer de los gestores en estos primeros inicios donde incluso las Cajas de Ahorro incluían los Montes de Piedad para que podamos comprobar hasta qué punto se trataba de proveer una mejor vida para las clases más desfavorecidas socialmente. 
Ese origen social no despertó envidias ni rencores mientras el rastro de la Segunda Guerra Mundial asentaba las bases del estado de bienestar donde el reparto y la solidaridad permitía a las Cajas subirse a la ola del entusiasmo creador de riqueza. 
Las primeras crisis de los setenta y especialmente el despertar de la bestia del liberalismo de origen anglosajón hizo despertar las primeras envidías y los primeros ataques. El capitalismo liberal no podía entender a entidades de capitalismo social como las Cajas. Para el liberalismo repartir el beneficio social en Obra Social resulta ineficiente. Para el capitalismo liberal avanzado una entidad sin accionistas egoístas e individuales era una entidad sin propietario, a la deriva de decisiones tomadas sin egoísmos particulares. Para el liberalismo de los ochenta las Cajas eran una competencia desleal y descontrolada por el capital. No había ningún capital privado que las controlara. Las Cajas de Ahorro eran un problema grave porque podían demostrar que sin choque de egoismos y con  una economía colaborativa era posible la viabilidad de empresas que además revierten sus beneficios en la sociedad. Fue a finales de los ochenta cuando se empezó a gestar y diseñar el ataque que tardaría casi dos décadas en fructificar hasta hoy en que la mayor parte de la gente identifica Cajas de Ahorro con estafa social. Los piratas lo han conseguido. Y tuvieron un mapa del tesoro muy claro desde el primer día. Sabían cómo acabar con las Cajas. 

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