¿Cómo se cargaron las Cajas de Ahorro? Capítulo II: La expansión

Las reformas legislativas de la democracia iban convirtiendo a las Cajas de Ahorro en bancos regionales. El salto económico de la España que venía de la autarquía pasando por la tecnocracia y asumiendo el salto económico de la época socialista hacía que a finales de los ochenta España tuviera una cierta apariencia de menor desigualdad con lo que cumplir con el papel de inclusión financiera no requería mucho esfuerzo. La moda liberal favorecía la competencia como un estribillo de cualquier canción. Favorecer la competencia servía para todo. Así que se acometió todo un conjunto de reformas progresivas durante los ochenta y principios de los noventa que favorecieron que las Cajas tuvieran una cierta igualdad de oportunidades de negocio frente a los bancos.
Evidentemente las culturas empresariales y financieras no cambian de un año para otro aunque las regulaciones lo hagan. Las Cajas y sus empleados se seguían dedicando a las clases populares y a la perqueña cesta de productos bancarios familiares, muy circunscritos a dos productos básicos, la hipoteca de toda la vida y el plazo fijo de toda la vida para pequeños ahorradores. Los bancos ya tenían una trayectoría de banca industrial, de gestión de patrimonios, de diversificación de productos y aunque el marco regulatorio de las Cajas lo empezaba a permitir, sus plantillas seguían con rutinas de "zona de confort". Vamos, que hacían lo de siempre.
Había un obstáculo serio en la competencia entre bancos y Cajas: el territorio. Las Cajas estaban ineludiblemente circunscritas a un territorio concreto. A mediados de los noventa los bancos ya notan la amenaza de las Cajas. Las Cajas de Ahorro pueden expandirse lejos de su territorio tradicional. Los subterfugios anteriores con formas jurídicas variadas dejan paso a una expansión potente de red. Las Cajas de Ahorro intentaran inmediatamente hacerse fuerte frente a los bancos en lo que son sus fortalezas. La capiliaridad (estar cerca de la gente), el conocimiento del territorio (fichando directores con arraigo) y la transversalidad de su oferta (un buen servicio sin distinción exagerada de clases)
Las Cajas de Ahorro inician su expansión de oficinas de manera ansiosa. En esta decisión estratégica está escrito el epitafio de la mayoría de ellas. Las que decidieron iniciar antes su expansión o las que nunca la hicieron de manera exagerada mantuvieron un cierto grado de dignidad con la llegada de la crisis. Las que se lanzaron a una expansión desaforada en medio de la borrachera inmobiliaria llegaron tarde y mal a todas partes. 
En todo caso, las Cajas empiezan a abrir oficinas por todas partes. Los costes de esa nueva inversión (comprar locales y fichar empleados) son altos. Una parte los cubre el excedente de la zona tradicional donde se genera beneficios pero hay que buscar más fuentes de ingreso para pagar tanto gasto y tan rápido. El entorno de tipos de interés bajos y bajo endeudamiento tanto público como privado permite hacer negocio rápido: conceder crédito para cualquier cosa. Las Cajas tenían como especialidad las hipotecas así que ese fue su objetivo inmediato. Financiando promociones enteras se ganaba suficiente dinero para poner en beneficio una sucursal en dos años. Es más, si además el bajo servía para poner la sucursal eso todavía era más rápido. Las hipotecas dejaban suculentas comisiones que en el corto plazo eran como glucosa y además también vinculaban al cliente (nómin, tarjetas, recibos) con lo que auguraban un futuro de beneficios recurrentes. Era el negocio perfecto para bancos y cajas. Solo que para las Cajas era una absoluta necesidad. En ello les iba la vida de la expansión porque se había puesto de moda la teoría del tamaño. En banca el tamaño empezó a importar. Y todos querían tenerla muy grande. 

Junto a este obstáculo había una novedad democrática que revoluciona la idiosincrasia de las Cajas de Ahorro. Nacen las Comunidad Autónomas que finalmente serán los grandes enterradores de Cajas. A las Comunidades Autónomas se confiere su regulación que anteriormente era estatal. Y las Comunidades Autónomas comienzan a regular según sus propios intereses y finalidades a esas Cajas de Ahorro. Todavía no han descubierto la gallina de los huevos dorados. Lo harán más tarde. A finales de los noventa.

El gigante bancario levanta ya su puño para golpear la mesa. Antes solamente tenía pequeños competidores territoriales, ahora ya lucha con competidores que ganan tamaño constantemente. Pequeños gigantes en potencia que ofrecen los mismos servicios y obtienen buenos beneficios. Y ¿qué hacen con esos beneficios? Los "tiran en obra social". No es de extrañar que los mayores accionistas de los bancos miraran con recelos a los bancos. Les estaban quitando una parte del pastel para tirarla por un agujero a los pobres. Eso no se podía tolerar. El cerdito de las Cajas se puso en el punto de mira del capital. Pero el capital todavía no tenía el control político que tendría a los pocos años. Y además, las Cajas eran un modelo exitoso. Para derribarlo había que hacerle caer en la tentación de la avaricia. Había que llevarlo frente al árbol y decirle que no comiera de él. Entonces y solo entonces, se podría disparar al cerdito y reventarlo. 

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