¿Cómo se cargaron las cajas de ahorro? Capítulo III: El desembarco de los piratas

A finales de los noventa los bancos ya miraban con mucho recelo a las cajas de ahorro. El recelo llegó a su máximo nivel cuando vio como las cajas les empezaban a robar profesionales. El salto de banca a caja de ahorros fue habitual en todas las entidades. Banesto fue una de las más castigadas tras la crisis bancaria del 93 y el encarcelamiento de Mario Conde. Pero no fue la única ni mucho menos. Centenares de profesionales de banca vieron en el fichaje por una caja una manera de hacer su oficio con dignidad, serenidad y arraigo en su propio pueblo. Alejados de las urgencias de la banca clásica, de sus retribuciones variables y por tanto inseguras, alejados de las malas formas y las amenazas. 

Hubo dos tipos de desembarcos bancarios en las cajas de ahorro. El desembarco de "los exploradores" que acudieron a las cajas para seguir con sus carreras profesionales con algo de desahogo de objetivos y campañas bestiales. Fueron profesionales de banca que pasaban a dirigir nuevas oficinas de cajas de ahorro, recién abiertas, con una vocación de servicio especial, con todo por hacer. Llegaban con una cartera y un prestigio y poco a poco se hacían un hueco en la plaza con su nueva entidad. Eran simples supervivientes, bancarios de toda la vida. 

Junto con ellos llegó otro tipo de especímen de banca: los "piratas". Los piratas entraban directamente por las plantas nobles. Son bancarios de moqueta y despacho en piso alto. No se les conoce otra trayectoria que los puestos directivos. Nunca pisaron una oficina. Era  una especie de genética directiva, una predestinación que les permitía desarrollar su carrera en cualquier empresa: energética, bancaria o de telecomunicaciones. Piratas de la banca con una multivirtud: sobrevivir. Este tipo de profesionales de banca también vieron en las cajas de ahorro un nuevo territorio que conquistar. Simplemente tenían que copiar el discurso social del no reparto de dividendos a los accionistas y envolverlo en papel de regalo. 

Los piratas se constituyeron en las termitas de cada caja de ahorros. Solamente conocían una praxis bancaria, la de la banca frenética, egocéntrica, orientada al resultado a corto plazo, individualizada y de látigo. Fue entonces cuando se empezó a oír aquello de "en las cajas se ha vivido muy bien y eso tiene que ir cambiando". Los piratas impusieron su mentalidad allá donde iban. Por allí no volvía a crecer la hierba. Los "exploradores" no pudieron evitar ver como sus propios jefes "pirata" les perseguían con los mismos látigos a sus nuevas entidades. Los piratas habían llegado para llevarse todos los tesoros. Se llenaban la boca de obra social mientras olvidaban la propia vocación social del ejercicio de la actividad financiera. 

Los piratas fueron llegando y copando puestos directivos con la admiración de un cierto complejo de inferioridad de los directivos de las cajas. De algunos se llegó a decir que siempre quisieron ser banqueros. Como si las cajas fueran una banca de segunda categoría. Una banca de segunda división. El modelo de ejercicio bancario de las cajas cumplía una función social gracias a una cultura bancaria, una mirada, una ffilosofa Y lo mejor de todo es que instaladas en el medio plazo, serenas, seguras, volcadas en los clientes de clase media, dando cobertura a cualquiera: el negocio funcionaba. Y eso los bancos no lo podían soportar. Sus espías ya estaban dentro. Ya tenían dentro a su caballo de Troya. Cuando la crisis se lo permitió acabaron con cualquier vestigio de la idiosincrasia de las cajas de ahorro. Cuando las cajas estuvieron débiles, los piratas remataron a toda velocidad el trabajo que iba haciendo camino. Ya tenían su mapa del tesoro. 

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