La izquierda conservadora

Hay un tipo de izquierda que se aleja de la voluntad del cambio social mayoritario para quedarse en una cierta zona de confort de nicho de mercado. Parece que cuando está a punto de remontar la curva del coste marginal ideológico, cuando está a punto de saltar el 15% (barrera de la autoconcepción de izquierda-centro) tiene miedo de perder pureza o de abandonar la vanguardia de pensamiento.
Es indudable que las luchas de egos en el poder condicionan también este proceso de salto. El cainismo de la izquierda es exponencial y crece cuánto mejores son los resultados de una opción. Sin embargo, no es menos cierto que parte de la izquierda crecida sobre los análisis marxistas ha interiorizado el análisis y la pedagogía de superioridad intelectual como la praxis exclusiva de la izquierda. Dicho de otro modo, parece que la izquierda no esté hecha para gobernar sino para opositar desde la visión crítica. El marxismo se ha demostrado históricamente como una gran base de análisis pero como una base poco sólida de soluciones de futuro. Desde un punto de vista teórico la simultaneidad y extensión de un hipotético sistema mundo comunista constituye un obstáculo insalvable y las experiencias reales de dictadura tampoco parecen el camino.
Ante ese fracaso práctico y conceptual la izquierda de base marxista se atrinchera en la protesta como zona de confort. Se dedica a la movilización y la eterna derrota lo que no deja de contribuir a que el capitalismo ofrezca su lado más salvaje.

Las disgregación de siglas de la izquierda es un hilo transversal de su historia. Los últimos coletazos de un sistema mundo como el capitalista son los más feroces pero en ese momento es donde es posible sentar las bases de la próxima etapa. Y no intervenir tomando decisiones, equivocándose, soportando incoherencias pero influyendo puede ser un error muy grave.

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