La retribución emocional variable

Ahora que se acerca el cobro dinerario de la retribución variable bancaria correspondiente al año anterior conviene recordar que existe otra retribución variable: la emocional.

Indudablemente casi nadie trabaja por una palmadita en la espalda, para una obra social o para sentirse parte de un instrumento colectivo útil a la sociedad. Nadie hace eso "conscientemente" sería mejor precisar. Pero es imprescindible que una empresa cuide su "pegamento humano" para mantener de manera eficaz, sostenible y productiva a un colectivo de personas.

Las entidades bancarias de hoy en día usan el miedo como instrumento básico de cohesión. Las negociaciones colectivas son el termómetro para saber cuál es la pulsión dominante. Ahora es el miedo. Se usa el miedo para todo. Miedo para cumplir las campañas, miedo para prolongar jornada, miedo para no ser movido. El miedo no es más que una derivación de la desconfianza. Cuando se desconfía de la plantilla se usa el patrón de conducta del "padre estricto" basado en el binomio control-castigo. Con estas bases queda claro que la retribución variable emocional en estos años está siendo negativa considerada en números generales y paradigma dominante. Siempre hay quien está contento, faltaría más.

Basados en el miedo y la desconfianza, se usa a los empleados sin miedo a manipular sus emociones, sus expectativas, sus ilusiones, sus esperanzas y sus proyectos. Siempre se antepone la gran palabra "la organización ahora necesita tal cosa". Como si la organización fuera un ente casi religioso.
Una persona que trabaja en  una entidad bancaria se mueve en base a emociones. El manejo de sus emociones será determinante para su rendimiento. Una persona implicada, identificada y alineada con los valores de la empresa es una persona más productiva. Sin embargo, ahora los bancos están preocupados por esa identificación y alineación de valores. Pasan del tema porque saben que nadie se va a ir, nadie se va a mover, la crisis obliga a una actitud conservadora. Se permiten tener empleados desdichados que se levantan cada día porque no tienen otro remedio.

La segregación mental de los valores de la empresa, la incomprensión de sus decisiones, sentirte desamparado, sentirte utilizado, sentirte ninguneado, aislado son situaciones que dejan huella emocional. Se produce un aprendizaje emocional de separación respecto a tu desempeño diario. De estar involucrado pasas a estar inmerso. De pensar en plural pasas a pensar en singular. De creer en algo pasas a seguir instrucciones. De proponer pasas a dejarte llevar. Es un proceso inconsciente e individual que cuando no se gestiona bien se convierte en una patología colectiva que puede acabar con una empresa. Lo mejor del oligopolio bancario es que todo el sector es tóxico en ese sentido ahora mismo. Todas las entidades circulan paralelas. Pero no siempre fue así (las Cajas de Ahorros no eran así) y no siempre lo será (el ciclo de crisis cambiará).

Dejar de trabajar la cultura de empresa en patrones positivos de felicidad: serenidad, apego, esfuerzo compartido, transparencia en las decisiones, razonamiento de las campañas hace que una persona se desapegue de esa realidad. Y es justo en ese momento cuando está solamente a un click de irse físicamente. Mentalmente ya se fue. Y ese click es el dinero. Solamente con dinero no se construye ningún banco rentable. 

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