Miedo y sociopatias bancarias

En una empresa de servicios hay tres elementos básicos en la relación: el cliente, la persona que ofrece el servicio y el producto. La mayor parte de los análisis de la crisis financiera se han centrado en el producto y en el cliente. Se ha hablado de productos tóxicos y de clientes vulnerables. Sin embargo el foco de atención se ha parado poco en los profesionales de banca y las condiciones en las que ejercen su oficio.



El miedo es un elemento presente en todas las empresas y en todas las épocas. El temor a ser despedido es el trauma mayor de un profesional porque afecta a su autoestima profesional, a su proyección futura y a su situación económica y social. Pero el miedo no siempre se presenta en las mismas proporciones en todas las empresas y en todas las etapas. Desde Banca Social sostenemos que el elemento de miedo usado como instrumento de cohesión negativa es el factor determinante en la crisis financiera. El sector financiero ha enfermado de puro miedo. Las empresas tienen miedo a desaparecer porque el riesgo es real. De hecho ahora hay la mitad de entidades que había hace cinco años. Los bancos tienen miedo y transmiten ese miedo a sus plantillas a través de sus apóstoles directivos.

Sin embargo, el miedo es una emoción que puede ser invisible. Las empresas y especialmente los directivos lo niegan dado que su zona ciega en este tema es enorme. Nadie va a decirle a un jefe que tiene miedo. Pero quizá existan algunos termómetros posibles de detección de miedo. Quizá haya pistas que como ese calendario del año pasado que se quedó en la pared y nos parece invisible pero está ahí. Cualquier extraño que entré sentirá que algo no va bien. Algunos de esos síntomas se han tratado en Banca Social con más profundidad. Ahora pretendemos hacer una visión panorámica que haga comprensible fenómenos como la venta de productos tóxicos a clientes inadecuados. Esas cosas suceden porque existe un miedo previo que permite que crezcan. Estas son algunas de las sociopatías basadas en el miedo habituales en banca: 

  • No replicar. Hace tiempo que existe un proceso de indefensión aprendida en banca. El que replica es el que lleva la bronca ejemplarizante que los demás observan para aplicarse el cuento. La dialéctica de contraposición haciendo ver a alguien los posibles problemas de un producto o una práctica no suelen considerarse positivas. 
  • No escribir. Muchas decisiones e informaciones se canalizan a nivel oral para no dejar rastro de ellas y no ser descubierto en el futuro. 
  • No destacar. Se fomenta la cultura de la mediocridad. Si destacas por arriba te exigirás más. Si destacas por abajo te castigaran. 
  • Aparentar presencia. El miedo a que te digan que no trabajas lo suficiente conduce a trucos como turnarse para estar por las tardes en la oficina, enviar correos por la tarde para hacer patente que se estaba en la oficina, y por supuesto quedarte en la oficina aunque sea para hacer cosas ajenas al negocio. 
  • Asistir a eventos. La asistencia a eventos como carreras, excursiones, encuentros de fin de semana o cenas de empresa se convierte en una decisión basada en el miedo a no asistir en lugar de la voluntad de hacerlo. 
  • Colocar productos a la familia para cumplir campañas. Los clientes más afectados por las campañas de banca suelen ser las familias de los empleados. Es fácil pensar que si son capaces de colocar cualquier producto a sus seres queridos cuando es necesario también lo harán con personas desconocidas. 
  • No quejarte. Quejarte de una situación está mal visto en banca ya que actualmente domina el optimismo patológico y la resiliencia acrítica. Romper la cohesión del grupo basada en el "todo va bien" y "somos los mejores" te sitúa en una disidencia periférica. 
  • No proyectarte. A la hora de pensar en el futuro y pedir nuevas plazas actúa el miedo a ser interrogado sobre una posible mala situación en tu actual oficina. La interpretación negativa es habitual. 
Evidentemente, alguien podrá decir que estas situaciones son habituales en la mayor parte de empresas grandes. Esto es verdad con matices. El problema es que los profesionales de banca tratamos con un producto peculiar -el dinero- que está en la base del sistema económico capitalista que domina todo el planeta. Es un producto extremadamente sensible desde la financierización de toda la economía y está en manos de gente con miedo. 

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