¿Qué le pasa a los sindicatos?

La aparición del 15M rompió el monopolio de las movilizaciones. Hasta entonces solamente partidos políticos y sindicatos controlaban "la calle" y a partir del 15M comienza una lucha paralela por gestionar la indignación. Durante este tiempo de cohabitación el sindicalismo se ha mostrado muy preocupado por su "marca" haciendo frente a las continuas acusaciones y haciendo ostentación de siglas en las diferentes movilizaciones. El 15M sin embargo no se ha preocupado de ninguna de las dos cosas consciente de que era un personaje sin diálogo electoral. Pero las cosas pueden cambiar. 



De pronto los dos superheroes colectivos que pretendían salvar al ciudadano oprimido desde la izquierda o desde abajo como se prefiera se diluyen ante la llegada del efecto balsámico de Podemos que nos confina a una revancha electoral indeterminada e indeterminable. Las movilizaciones descienden, la lucha no continua o continua de forma rutinaria, todos los púgiles vuelven a su esquina y todos parecen noqueados. 


Pero ¿qué le pasa a los sindicatos? ¿Qué ha pasado en estos últimos años para sufrir una especie de apagón? 

  • Crisis de supervivencia. Resulta curioso pensar que en realidad el sindicalismo es un ser dependiente de la propia empresa. Existe el sindicato en tanto existe la empresa y el sindicato deja de existir cuando desaparece la empresa. Es una extraña relación de connivencia y dialéctica. Las pérdidas de empleo son también pérdidas sindicales (quizá especialmente) y la espiral de rebajas salariales siempre intenta proteger a los que todavía quedan dentro de la empresa configurando un foso vacío alrededor de la empresa donde todo el mundo queda atrapado. Con la desaparición de las empresas se ha producido una pérdida de músculo sindical. 
  • Crisis ideológica. La caída del muro de Berlin a finales de los ochenta hizo caer unos cuantos muros ideológicos. Desde entonces la izquierda real busca un mundo alternativo o se limita a parchear el actual. Pero en este caso las reglas son las trampas. La democracia capitalista implica un sistema de pensamiento poco favorecedor para las ideas solidarias y colectivas de la izquierda. Y cuánto más se profundiza en el tardocapitalismo más lejos parecen hallarse las soluciones. 
  • Crisis sociológica. El sindicalismo bebe de una autoconcepción: considerar que formas parte de un colectivo que requiere unirse para defenderse. Ese colectivo se ha diluido en su perímetro. Existe un centro que se entiende parte del tradicionalmente colectivo "obrero" pero existen un enorme grupo de personas que no se consideran inmersos en ningún colectivo. Una de las mayores pruebas son los agentes comerciales con jornadas de todo el día y salarios en función de resultados. Ninguno de ellos cree formar parte de una especie de clase obrera. 
  • Crisis comunicativa. El lenguaje sindical ha quedado desfasado y estigmatizado. La única posibilidad es construir nuevos conceptos. Construir una nueva prosa ideológica que rezume emociones junto a los análisis. Conectar con cada generación en función de sus características implica una renovación constante de los medios y los contenidos que el sindicalismo practica con cierta inseguridad y poca convicción. 
  • Crisis burocrática. Todas las organizaciones mueren al obtener un tamaño que necesita más recursos que los que hay disponibles. La crisis de tamaño ha sido muy importante. Cuando la burbuja sindical se pincha se desmorona un castillo de naipes que hay que volver a construir de nuevo. 
  • La conspiración mediática. Es indudable el interés por desmoronar todos los elementos de protección de la mano de obra por parte del capital. El ataque mediático ha sido furioso y la defensa no siempre ha sido sencilla pero siempre ha requerido muchísima energía. Eso cansa a cualquier persona y colectivo. Dedicar energía a defender su propia esencia y concepto resta energía para cumplir su verdadera misión. En ese sentido el capital ha sido inteligente porque no solamente ha socavado la marca sindical sino que además ha obligado a derivar muchos recursos a la defensa del concepto. 
  • Problemas de financiación. La caída del empleo es una caída de afiliación. La bajada de afiliación se ha unido a las bajadas de fondos provenientes de fuentes públicas. Los sindicatos han tenido que desmontar sus estructuras burocráticas pero en el camino se han generado deudas que hay que pagar. Decrecer en estructura implica también luchas internas de supervivencia que se saldan inevitablemente con bajas y pérdida de energía de proyección exterior. Sin estructuras y sin dinero es más difícil empujar alguna movilización. 
  • Crisis de interpretación de la realidad. Internet ha producido cambios semejantes a los que introdujo la imprenta. Es una nueva manera de relacionarse. La aparición del mundo virtual ha cogido en fuera de juego a los sindicatos que intentan trasladar a la pantalla el papel al que estaban acostumbrados. El tardocapitalismo tampoco forma parte del mensaje sindical que sigue subido a la ola del crecimiento del PIB y el empleo sin entender que esa ola choca contra un acantilado ambiental. Nuevas realidades requieren nuevos análisis pero especialmente requieren nuevos métodos de análisis. La brecha digital en este caso se cobra muchas víctimas. 
  • Revisión de los instrumentos de movilización. Tres huelgas generales después se puede llegar a la conclusión de que hay instrumentos de movilización que han de ser redimensionados. Huelgas cohesionadas y sostenidas de colectivos homongeneos han triunfado. Huelgas generales han sido soslayadas y descontadas con meses de antelación. La pancarta única y consensuada, el mar de banderas homogeneas, las recogidas de firmas, la concentración... son instrumentos insuficientes ante la aparición de los escraches, la desobediencia antideshaucios, las perfomance, la pancarta libre... 
  • Crisis de legitimidad. La crisis de legitimidad está encabezada por los colectivos afectados. El sindicalismo no se subió al tren de las nuevas carreras de cuño tecnológico. Y curiosamente son los espacios de mayor crecimiento cuantitativo pero especialmente cualitativo porque están cambiando incluso las maneras de pensar. Ser asalariado sigue siendo mayoritario pero la rotación de precariado hace que ser asalariado durante toda la vida ya no sea algo mayoritario. Y los autónomos quedan fuera de la interacción sindical. El último colectivo afectado han sido los parados a los que los sindicatos no consiguen hacer llegar sus propuestas por diversos problemas de análisis y comunicación. Tantos colectivos fuera de las murallas hacen dificil la defensa del castillo. 
  • Disgregación de relaciones laborales. La individualización de las relaciones laborales ha hecho cambiar la concepción del "nosotros" afectado por el movimiento sindical. Los trabajadores saben que no pueden estar solos pero la cuestión es decidir de quien se rodean y hasta donde llegan sus "comunes". De ahí surgen los sindicatos corporativos (enfermería, policia, bomberos, bancarios.... ). Estos sindicatos reducen el "nosotros" afectado de manera que disgregan el movimiento sindical en multitud de trozos aparentemente inconexos. La competición electoral por los recursos hace el resto. 
  • Crisis de liderazgos. La fuerza moral del sindicalismo se encuentra en su ejemplaridad. En cada momento el sindicalista debe saber adaptarse a su realidad para resultar un ejemplo a imitar. La distancia que genera la liberación eterna produce una distancia enorme pero sobre todo produce una absoluta falta de ejemplaridad. La ejemplaridad surge de la identificación y la identificación surge de los elementos comunes. La liberación sindical tiene una curva de crecimiento marginal que se acaba por diliuir en carreras largas sin retorno. El liberado es considerado un ser ajeno a la realidad. 

El sindicalismo tendrá que reinventarse necesariamente para sobrevivir en el siglo XXI. Y el problema es que lo tendrá muy rápido porque la velocidad se ha adueñado del ritmo vital. Ya no sobreviven los más fuertes, sobreviven los más rápidos. El 15M es una explosión de nuevos pensamientos hasta ahora periféricos que han irrumpido en el centro del tablero. Y eso, como la lava de un volcán no se para en ninguna parte concreta. El 15M ya tiene traducción política. La traducción sindical no tardará en llegar. 

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