La mediocridad como negocio

No soy gran aficionado de las entregas de premios. La Gala de los Goya transcurría entre la placidez de la escasez de crítica política de otros años y la emotividad de algunos de los premiados. Ya casi no le prestaba atención cuando subió Antonio Banderas, sacó unas horribles gafas para presbicia y empezó a leer. Sorprendía que un actor acostumbrado a memorizar textos tan largos leyera un discurso ante un premio que sabía que iba a recibir.
La lectura tenía sentido porque solamente la escritura es capaz de destapar la elocuencia. Solamente las palabras son capaces de mejorar mil imágenes. Empezó a leer como el juez que lee una sentencia que condena a todo un sector, a toda una sociedad, a todo un sistema. Como si nada pudiera ser subrayado porque todo fuera importante. Así pasó por encima de una frase que en mi mente hacía eco una y otra vez: la mediocridad se ha convertido en un negocio.

Lo dijo para su sector del cine, del arte, del artisteo, del guión, del efecto especial.... pero vale ya para casi todo.

Los últimos coletazos de cada sistema histórico siempre son los más oscuros. La cola del dinosaurio se mueve con fiereza. El último golpe del Titanic también fue el más duro. Hemos convertido la mediocridad en un negocio. Los números preceden a los adjetivos. Hemos convertido la verdad en una opinión más. El perfil profesional más buscado para trabajar para una empresa incluye dos D, dócil y disponible. Y eso vale para cualquier sector. Hemos elegido representantes mediocres de ideas mediocres. Secuestradores de ideas que piden rescates de comodidad para liberarlas. La corrupción es una forma de mediocridad. La corrupción es la antitesis del talento porque permite a los más golfos subirse a lomos de los más brillantes. Entrar por la puerta de atrás a llevarse un botín que otro ha esculpido. Hemos convertido todo en una película para todos los públicos y todos los públicos incluyen a los más tontos. Cuanto más abanico más beneficio. Hemos tenido que simplificar tanto la política para mediocres que intentan hacer desaparecer las referencias para que todo el mundo entienda de forma sencilla lo complejo. Bajar los argumentos no hace que suban los entendimientos. Hemos conseguido que todo lo efímero sea permanente y que lo sólido pase a ser líquido. Ya no se trata de gente mediocre haciendo cosas mediocres, se trata de que la mediocridad es la moneda de cambio. Hemos invertido el valor de las cosas de tal manera que pagamos mediocridad a precio de talento. Imbuidos de servidumbres de consumo.

"Lavar a mano" dice la etiqueta del talento. Todo existe por definición a su contrario. La alegría no existe sin la tristeza, la luz no existe sin la oscuridad. Y la masiva presencia de mediocridad hará resurgir el talento. No podemos esperar que el talento sea una elección libre de la mediocridad. El talento surgirá de la rebeldía, del rechazo, de la emancipación, del reciclaje de un concepto de éxito que Uma Thurman ya no puede ver en su propio espejo. Lo auténtico y lo genuino es la rebelión del talento contra la mediocridad. La mediocridad se ha hecho negocio. El talento tendrá que ser algo más. 

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