Spanish cinema

El año 2015 corona el cine español con el cetro de una madurez imprevista. La industria se queja mientras el arte guiña el ojo. El panorama de las nuevas españoladas sitúa nuestro cine en la butaca del rey de cada sala de proyección. Atrás queda el encasillamiento de registros y temas que siempre escondía otro cine más extremo en complejidad, quizá demasiado literario. Era un cine bipolar que dejaba demasiados asientos vacíos en la misma fila.



El cine español se hace mayor y se siente capaz de atacar por todos los flancos una realidad poliédrica. Se siente capaz de tratar desde la comedia el fenómeno del terrorismo construyendo un entramado de gags simpáticos y algo estereotipados que generan adicción entre el público. Simple pero contundente, incluso atrevido, mezclar a Los del Rio con la kale borroka. Quizá con muchas deficiencias de simplismos y guión de portapeles de otros referentes anteriores igualmente europeos, pero con irreverancia y plastificando los códigos del género.

Ya avisaron los pioneros atrevidos. Almodovar con su estética propia aunque permanentemente subido al mismo tobogán temático. Amenábar con su sólida grandilocuencia impropia de un hispano que no juega a balonmano. Y Santiago Segura con su humor exclusivo pero excluyente incapaz de traspasar ni siquiera las fronteras propias.  Pero ya se veían las huellas de las frenadas por la carretera recién asfaltada. Aunque solamente sea por señalar tres caminos diferentes sin que ninguno conduzca a Roma.
Puede que La Isla Mínima haya representado el trabajo fin de carrera de toda una nueva oleada de cine español. La película sacude de verosimilitud. Un thriller auténticamente español que se acerca para triturar tópicos. El primero, el andaluz gracioso. El segundo, los primeros ochenta postdictadura donde parecía bautizarse todo el mundo de nuevo. El dominio del lenguaje del género es ya casi total en todos los géneros. Los especialistas secundarios de cada faceta de creación son tan profesionales que han entrado en la NBA de este arte que se puso en séptimo lugar.

Antonio Banderas sugiere que la mediocridad se ha convertido en un negocio. Quizá por eso el talento se ha convertido de nuevo en arte. El irreparable daño de la colonización cultural anglosajona del mundo ha encontrado en España pequeños parches para la balsa de una industria que hace aguas. Más historias especiales y menos efectos especiales. La sala de cine se llena con un nuevo humo. A veces el silencio consigue más que el ruido. Menos industria y más artesanía. El cine español es ya la mejor versión original del spanish cinema.

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