Apuñaladme con mis cuchillos

El sábado por la noche un grupo de amigos salió de fiesta por Madrid. La cosa se lió un poco y uno de ellos acabó metido en una pelea donde le dieron seis puñaladas. Dos de ellas eran punzantes en el torax. El chico iba tan borracho que decidió no ir a ningún hospital ni curarse las heridas y seguir de fiesta. Pero sus amigos acabaron por llamar a una ambulancia ante la sangre que le brotaba. Mientras iba en la ambulancia todavía le dio tiempo a decirle a las enfermeras algún comentario sobre ellas, sus hijas y la belleza conjunta de todas ellas.

El domingo por la noche había elecciones en Andalucía. A pesar de las acreditadas sospechas de una trama de corrupción institucionalizada y conducida por personas pertenecientes a un partido político y en todo caso conscientes de ciertas golferías y poca vergüenza política de este partido político -cuyas siglas ahora mismo son irrelevantes- consiguió repetir resultado electoral.

Camps, Costa, Cotino, Fabra, Castedo también fueron votados en un caso evidente de prevaricación electoral que debería invalidar unas elecciones.

Recuerdo perfectamente mis vacaciones en México allá por el final del siglo pasado. Recuerdo que me dijeron que tuviera cuidado con los policías porque te detenían y te exigían que les pagarás para dejarte marchar o te llevaban detenido. Recuerdo ver la tele de allí y los periódicos y pensar en la corrupción como un fenómeno de otros países.

Fue Roosvelt quien se refirió por primera vez a Tacho Somoza de aquella manera tan realística de "es un hijo de puta pero es nuestro hijo de puta". Los estudios científicos ya empiezan a demostrar que la ideología afecta al pensamiento de manera que nos lleva a perdonar a los nuestros. Cerramos los ojos y nos tapamos las nariz cuando son los nuestros los que hacen fechorías y se llevan la pasta a casa. Bueno, todos no, pero parece que una mayoría sí.

No puedo ocultar mi decepción ante quienes siguen confiando en estructuras de partido que no son dignas de confianza porque la han malgastado.

Me queda el triste consuelo de que los valencianos fuimos los primeros en inventar el método. Nos pusimos hasta el culo de grandes eventos. Borrachos de ladrillo. Fuimos los primeros en elegir que nos apuñalen con nuestros propios cuchillos.

Volved a hacerlo. No os cortéis. Apuñaladme con mis propios cuchillos. Soy valenciano. No me daré ni cuenta. Simplemente seguiré de fiesta.

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